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Deróguelo, señora ministra, por Paul Ramos B.

¿Es acertado el protocolo para el aborto terapéutico?

Deróguelo, señora ministra, por Paul Ramos B.

Deróguelo, señora ministra, por Paul Ramos B.

De la lectura de todo el protocolo queda una clara preocupación sobre el efecto que este podría tener en la salud pública. A usted lector, le pedimos que revise el protocolo y ponga atención en los elementos que mencionaremos a continuación, que si bien no son los únicos, son los más relevantes. 

Salvar dos vidas. El protocolo enumera hasta 11 causales para evaluar la práctica del aborto terapéutico, detalla el procedimiento administrativo-asistencial, que además debe cumplirse “bajo responsabilidad”, y desarrolla diversos aspectos médicos. Llama la atención que la parte médica quede restringida a la descripción de cuestiones generales, haciendo grave silencio sobre los aspectos específicos de la enfermedad que conlleva a la supuesta pertinencia del aborto terapéutico, y sobre la necesidad de llevar adelante actos médicos para procurar la supervivencia del niño. 

Los esfuerzos en la atención del embarazo deben encaminarse a proteger la vida y la salud de la madre gestante y de su niño. Actuar de manera distinta desdice no solo valores éticos intrínsecos a toda persona, sino la propia letra del artículo 2 de nuestra Constitución Política, según el cual el concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece. Y este protocolo descuida este aspecto fundamental, los actos médicos posibles por salvaguardar el derecho a la vida del niño. 

La causal 11. La causal 11 establece como justificante para evaluar el aborto terapéutico “cualquier otra patología que la junta médica fundamente que ponga en riesgo la vida de la gestante o genere en su salud un mal grave y permanente”. 

Para muchos, esta redacción puede permitir que se sustente el “aborto terapéutico” para situaciones que no correspondan. Para la OMS, la salud es “el completo bienestar físico, mental y social”. 

Así, se puede argumentar que el embarazo está causando a la mujer grave daño a su salud mental y solicitar el aborto terapéutico. Y es que el protocolo no hace ningún deslinde sobre los alcances del concepto “salud”. Estamos frente a una puerta abierta para el aborto a libre demanda, encubierto como terapéutico. 

Sí hay alternativa. Los médicos buscamos salvar vidas y preservar la salud en cada acto que realizamos, y eso es lo que le da sentido a nuestra vocación y misión. Para salvar vidas y preservar la salud, nos basamos en evidencias científicas, las que transformamos en Guías de Práctica Clínica. Esa es la alternativa. Podemos elaborar una guía, cuyo objetivo sea cómo reducir las muertes maternas indirectas (muerte por un embarazo complicado por una enfermedad grave), que a su vez tenga como finalidad llevar adelante el embarazo, si fuera posible, hasta una fase en la que el niño pueda tener posibilidad de sobrevivir fuera del vientre materno, y así salvar ambas vidas. 

Para la elaboración de dicha guía, se debería convocar a médicos especialistas en Ginecología y Obstetricia, y a los especialistas en las enfermedades en las que haya riesgo de muerte de la madre gestante o de daño grave y permanente en su salud física, así como especialistas en Neonatología. Creemos que somos muchos los médicos especialistas que estamos dispuestos a contribuir con este servicio al país, como muestra de nuestro compromiso con la vida y la salud de nuestros pacientes. 

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