Después de El Niño, por Aníbal Velásquez

"¿Estamos preparados para enfrentar las epidemias?"

Después de El Niño, por Aníbal Velásquez

De acuerdo con el director regional de Salud de Piura, César Morón, diariamente se reportan unos 300 casos probables de dengue en esa región. (Foto: Alonso Chero / El Comercio).

Aníbal Velásquez

El Niño tiene un impacto directo sobre la salud de las poblaciones afectadas. En nuestro país, El Niño de 1997-1998 desató epidemias de cólera, peste bubónica, malaria, dengue, conjuntivitis, infecciones respiratorias y de la piel. Recientemente, además, se ha probado que causa la epidemia de gripe estacional. Y ahora, al empezar a bajar las aguas, ya se vislumbra un escenario preocupante.

El Ministerio de Salud (Minsa) reportó hasta mediados de marzo que las neumonías aumentaron en un 18% respecto al mismo período del año anterior, mientras la diarrea se incrementó en Tumbes y Piura en un 9% y 6%, respectivamente. Así también, tenemos 11% más de dengue (9.104 casos y 7 muertes), tres veces más de chikunguña (411 casos), 94% más de leptospirosis (1.352 casos), casi cinco veces más de tos ferina (194 casos), 1.050 casos de zika y 10 de ántrax (dos enfermedades que no se registraron durante el mismo período del año pasado).

A estas alturas ya hay lecciones aprendidas. La principal es que la prevención y la respuesta deben trascender los cambios de gobiernos y ser una política de Estado. Esto quiere decir que los presupuestos designados al fenómeno deben ser intangibles, que el personal técnico y operativo no puede ser removido, y que se debe continuar con el equipamiento y mantenimiento. Quiere decir también que debe actualizarse el marco regulatorio que facilite la prevención y la respuesta rápida, y hacer seguimiento riguroso –sin obstaculizar– al uso de los recursos.

Asimismo, debemos evitar movilizarnos y asignar recursos solo cuando tenemos la emergencia o la epidemia (es decir, aplicar una política apagaincendios). O asignar fondos para ayuda humanitaria mientras dura la emergencia, dejando de lado una real política de protección social.

Debemos cambiar esa percepción negativa que considera un gasto innecesario la asignación de recursos para prevenir. Recuerdo que algunos criticaban que asignáramos recursos para el zika y el chikunguña porque no teníamos ningún caso cuando, justamente, ese es el objetivo. Acciones preventivas multisectoriales para El Niño, sumadas a medidas innovadoras como el uso de ovitrampas, nos permitieron retardar la llegada de estas epidemias y no dejar que se extendieran. 

El sector Salud debería tener un fondo de prevención de riesgos y atención de emergencias, con disponibilidad inmediata y con acción centralizada del Minsa. Para eso se creó el Centro de Control de Enfermedades. Antes, el Minsa no podía intervenir directamente porque la Ley de Descentralización no lo permitía. Ahora es posible gracias a la Ley 30423 promulgada en abril del 2016.

¿Estamos preparados para enfrentar las epidemias? La respuesta no puede provenir de percepciones, sino de evaluaciones externas con estándares internacionales. La Agenda Global de Seguridad Sanitaria nos evaluó en el 2015 y fuimos calificados con puntajes altos en capacidad de vigilancia, inmunizaciones, laboratorios, recursos humanos, centro de operación de emergencias y acción multisectorial. No obstante, obtuvimos puntajes bajos en vigilancia de zoonosis y bioseguridad. A partir de esta evaluación se definieron brechas y se estableció una hoja de ruta que debe seguir implementándose. 

Los desastres naturales y las epidemias provocan hambre, enfermedades mentales, lesiones y otros daños en los damnificados, así como una mayor demanda de atención en salud. En consecuencia, tal como ha sostenido la ex ministra de Desarrollo e Inclusión Social Mónica Rubio en un artículo publicado en este Diario, la reconstrucción tiene que ir acompañada por una política de protección social. 

Nos parece fundamental el incremento de las transferencias de Juntos y Pensión 65 a los afiliados afectados, pues ayudaría notablemente a resolver la inseguridad alimentaria, entre otras necesidades. La protección social debe incluir al Seguro Integral de Salud (SIS) para garantizar la atención gratuita de todos los afectados que no tengan seguro alguno. Esto significa, lógicamente, asignar mayores recursos para el SIS, invertir más en el primer nivel de atención, instalar módulos de atención inmediata y realizar inversión en hospitales. 

El país necesita una política de Estado para enfrentar los embates de El Niño porque por encima de todo siempre estarán la vida y la salud de los peruanos.


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