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La ideología fantasma, por Ana María Romero-Lozada

“La consecuencia más grave de la desigualdad de género es la violencia contra la mujer”.

La ideología fantasma, por Ana María Romero-Lozada

La ideología fantasma, por Ana María Romero-Lozada

Aparecieron primero en las redes sociales, luego en los puentes de la Vía Expresa y la semana pasada se hicieron sentir en la avenida Javier Prado. Son manifestaciones de una campaña que busca sembrar en la opinión pública la idea de que en las políticas del gobierno existe una “ideología de género”.

La supuesta “ideología de género” escondería la pretendida intención del Estado para modificar la sexualidad de las niñas y niños desde la educación.

Nada más lejos de la verdad. Desde el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) hemos afirmado rotundamente que la “ideología de género” no existe en las políticas públicas.

Las leyes y políticas públicas vigentes se refieren a la “igualdad de género”. Es decir, a la igualdad de derechos, deberes y oportunidades entre mujeres y hombres para garantizar que las mujeres desde niñas se desarrollen en igualdad de condiciones que los varones, accedan al mismo tipo de educación, servicio de salud, posición laboral, nivel de sueldo y representación política, sin sufrir discriminación ni violencia alguna.

La desigualdad de género es una realidad. La tasa de analfabetismo en las mujeres es 9%, mientras es solo de 3% en los hombres; las mujeres representan apenas el 1,5% del total de puestos electos, y la diferencia salarial entre hombres y mujeres para puestos y funciones similares llega a 15% en el sector público, y a 32% en el sector privado.

Como dijo Christine Lagarde, directora gerenta del Fondo Monetario Internacional en la última Cumbre de Líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) que se realizó en nuestro país: “Cerrar las brechas de género en educación amplía la reserva de capital humano, que es fundamental para la adopción e innovación tecnológicas. Cerrar las brechas de participación laboral incrementa también la capacidad de un país de crear y ejecutar ideas, algo esencial para la diversificación”.

La consecuencia más grave de la desigualdad de género es la violencia contra la mujer. En el Perú, el 70,4% de mujeres ha sufrido violencia física, psicológica o sexual por parte de sus parejas. El feminicidio y las tentativas de feminicidio han pasado de 293 casos a 382 entre el 2015 y 2016. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el Perú ocupa el tercer lugar en el mundo entre los países con mayor número de violaciones, solo superado por Bangladesh y Etiopía. El embarazo adolescente, que en el Perú llega al 14% de las jóvenes, crece por la carencia de una educación sexual adecuada que la prevenga. La violencia también se expresa respecto de niñas, niños y adolescentes, personas adultas mayores, personas con discapacidad y otros grupos sociales por su orientación sexual. 

Porque la violencia se basa en estereotipos de superioridad machista hacia las mujeres y en la vigencia de creencias, imaginarios y roles tradicionales que la subordinan es tan importante la educación de la infancia y la adolescencia en igualdad, en valores y en no discriminación de cualquier índole. 

Debemos erradicar todo tipo de violencia y discriminación hacia la mujer y la población en general, sembrar valores de paz, entendimiento e igualdad en nuestra sociedad y en todas las generaciones. Solo así podremos arribar al bicentenario de nuestra independencia como un país democrático, moderno y respetuoso de los derechos humanos. 

De eso se trata la igualdad y la no discriminación. 

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