El mundo lo sabe, por Henrique Capriles

“Usurpar las funciones de la Asamblea Nacional es sepultar el pequeño hilo democrático que aún quedaba en Venezuela”.

El mundo lo sabe, por Henrique Capriles

"Nuestra Venezuela está atravesando momentos muy difíciles y el gobierno no ha resuelto nada". (Ilustración: Victor Sanjinez García)

Henrique Capriles

La última sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, la número 156, emitida entre gallos y medianoche, como ya es costumbre de quienes gobiernan al filo de la legalidad, constituye un golpe al Parlamento. Un golpe de Estado, un desconocimiento a la Constitución. El fallo advierte que las competencias de la Asamblea Nacional serán ejercidas por la Sala Constitucional o por el órgano que ella designe, por un supuesto “desacato” del Poder Legislativo. En ninguna parte de nuestra Constitución dice algo parecido y por ende esa posibilidad no existe. 

La función de legislar solo la puede ejercer el Parlamento y en el artículo 187 de nuestra Constitución las competencias están bien claras. Con la sentencia del TSJ se está dando lo que los mismos venezolanos empezaron a llamar el ‘madurazo’. 

Quienes se encuentran en el poder actualmente han mostrado su incapacidad para gobernar, llevando a Venezuela a la peor crisis que hemos vivido en la historia contemporánea, y sus acciones siempre han estado marcadas de autoritarismo, pero en los últimos meses las caretas democráticas se les han caído como nunca antes, mostrándose como un régimen dispuesto a todo por mantener el poder, y con este episodio del TSJ el gobierno terminó de cruzar la última delgada línea roja… En Venezuela se dio un golpe de Estado. 

Pero este no es el único episodio de violaciones a la Constitución y ataques al Parlamento que hemos visto por parte del TSJ en los últimos días. El tribunal ordenó a Nicolás Maduro, dándole superpoderes, retirarse del cumplimiento y observación de la Carta de la OEA para no tener obligación de cumplirla; así como quitó la obligatoriedad a la inmunidad parlamentaria, derecho que establece nuestra Carta Magna, y da a Maduro la potestad de decidir quién “traiciona a la patria” según su criterio, simplemente una acción para amedrentar a los diputados de la asamblea y justificar cualquier acción en su contra. 

Pero, ¿por qué el gobierno quiere aniquilar al Parlamento usando como marioneta al TSJ? Simple, porque la asamblea es la piedra de tranca para que Maduro adelante acuerdos de financiamiento con instancias internacionales, ya que la Carta Magna establece que los créditos que se solicitan al exterior deben ser aprobados por los asambleístas para que tengan validez. 

Lo que se persigue es mantener una chequera en blanco para hacer y deshacer, para continuar celebrando acuerdos viciados, para seguir llenándose los bolsillos, mientras nuestro pueblo fallece víctima del hambre y por la ausencia de medicamentos. 

Por eso, el sentimiento de cambio en la calle es mayoritario, la crisis les ha sobrepasado y Nicolás Maduro no sabe asumir la derrota, pero sí sabe que está vencido en la calle, que es incapaz de ganar una elección y por eso decide apartarse aun más de la Constitución, con el solo fin de mantenerse aferrado al poder. 

Ponerse al margen de la Constitución es sin duda gobernar a la fuerza, y cuando se desconoce la voluntad del pueblo, se da un golpe de muerte a la democracia. La acción de usurpar las funciones de la Asamblea Nacional es sin duda sepultar el pequeño hilo democrático que aún quedaba en Venezuela

No pueden decirnos ahora que un golpe de Estado es un impasse entre poderes. Con supuestas “aclaratorias” no queda resuelto el golpe de Estado que dieron a nuestro Parlamento. 

Aunque Maduro quiera lavarse las manos hablando de un conflicto entre poderes, los venezolanos sabemos que su intervención el día viernes se debe a la presión que los países han hecho por la delicada situación que representa que en Venezuela se pierda la democracia. El gobierno está jugando con el poder y el mundo entero ya lo sabe. 

Todas estas acciones usurpan un poder soberano y legítimo, más cuando la instancia legislativa es la mayor representación democrática en el país, ya que los 112 diputados de la Unidad y 55 del oficialismo fueron electos por más de 14 millones de personas, una votación histórica en nuestro país donde votó más del 65% de los venezolanos, demostrando el firme talante democrático de un pueblo que actualmente tiene secuestrado su derecho a elegir. 

La democracia es un valor bien apreciado en la mayoría de los países del mundo, por eso, cuando se da un golpe a la institucionalidad los gobiernos democráticos deben mostrar solidaridad en defensa del bien de los pueblos. La sola discusión del tema Venezuela en el seno de la OEA, cosa que en otro momento era impensable que sucediera, es una derrota para el gobierno, por mucho que quieran tratar de venderlo de forma contraria. 

Nuestra Venezuela está atravesando momentos muy difíciles y el gobierno no ha resuelto nada. Deben anularse las sentencias, asegurarse el respeto a la Constitución y el pleno funcionamiento de la Asamblea Nacional, electa por la mayoría de los venezolanos, así como también la liberación de los presos políticos y el cese de persecuciones, también debe abrirse un canal humanitario de medicinas y alimentos y convocar a elecciones, aún en Venezuela no hay cronograma electoral. 

El destino de Venezuela es el de América Latina, países en democracia que nos permitan asegurar el bienestar y hermandad de nuestros pueblos. 

¡Sin voto no hay democracia!


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