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La representación contenciosa, por Aldo Panfichi

¿Los partidos ausentes en las regiones y necesitados de votos reclutarán a líderes contenciosos como candidatos?

La representación contenciosa, por Aldo Panfichi

La representación contenciosa, por Aldo Panfichi

En una democracia de partidos políticos débiles como la peruana, los conflictos sociales ofrecen el espacio para la construcción de nuevos liderazgos y formas de representación política. En la actualidad, por ejemplo, ganados por los vaivenes de la coyuntura de enfrentamientos en torno a diversos proyectos mineros, no prestamos atención a la emergencia del fenómeno que denominamos representación contenciosa, el cual, probablemente, estará presente en el proceso electoral del 2016. 

Los conflictos sociales, más allá de las demandas que los motivan, deben ser entendidos como la expresión contenciosa de un conjunto de reivindicaciones locales largamente postergadas, de pueblos y comunidades que, además, tienen poca confianza en el Estado y las autoridades nacionales. Una desconfianza que se ha sedimentado por décadas de olvido, atraso e incumplimiento de promesas electorales de toda índole. En estas condiciones, en muchas localidades del Perú, sobre todo en las más pobres y alejadas, se ha optado por la estrategia que mejor funciona para plantear y obligar al Estado a negociar: el uso consciente y controlado del conflicto social. Precisamente, es allí donde ha sentado sus reales la representación contenciosa.

Pero ¿a qué llamamos representación contenciosa? Básicamente a una forma de representación sociológica distinta de la representación política surgida de la autorización democrática. En efecto, según pensadores como el economista Joseph Schumpeter, la representación democrática se caracteriza por la existencia de un método competitivo de selección o autorización del líder para que este tome decisiones en el nombre y por el bien de todos. En otras palabras, se basa en el acto de elegir mediante el voto libre, y sin coerción de ningún tipo, al candidato que represente a toda la comunidad. Así, la legitimidad política del representante nace de la voluntad electoral del ciudadano. 

En la representación contenciosa, por el contrario, predomina la noción de “representatividad” de Giovanni Sartori. Una persona es considerada representativa por un grupo en la medida en que comparte con este características socioculturales básicas y plantea las demandas grupales más sentidas. En este tipo de representación no es necesaria la autorización electoral, sino una relación de confianza que surge de la identificación mutua basada en experiencias de vida compartidas. El líder, a veces sin que nadie lo elija, reclama para sí la representación de su pueblo en medio del conflicto con actores externos, sean empresas o representantes del Estado. La aclamación en la plaza pública es la forma privilegiada de participación ciudadana. 

Pero no debemos confundir las cosas. La representación contenciosa no propone una revolución, sino canaliza en forma confrontacional demandas reales, mayores beneficios, respeto a derechos previamente obtenidos, compensaciones y, sobre todo, más y mejor Estado. No obstante, también está presente el temor a la contaminación, la perdida de recursos hídricos y la incertidumbre de enfrentar nuevos estilos de vida. También anida expectativas electorales de grupos políticos movilizados. Se puede decir, entonces, que los conflictos sociales tienen bases objetivas, no son acciones reactivas de masas desbocadas, pero sí sirven como espacios de construcción de liderazgos políticos contenciosos. 

No hay que olvidar que varios de estos liderazgos ya han participado de los últimos procesos electorales regionales y locales, buscando relegitimarse esta vez democráticamente. Es el caso de Gregorio Santos, hoy detenido y enfrentando una seria acusación penal. Ninguna candidatura alternativa ni acusación judicial le hizo mella, los cajamarquinos cerraron filas y lo reeligieron como presidente regional. Pero no todos han podido pasar de la representación contenciosa a la representación electoral. Walter Aduviri (Puno) y Alberto Pizango (Loreto), entre otros, intentaron hacerlo sin éxito. No tuvieron un partido de apoyo. Y aquí está la clave. ¿Los partidos ausentes en las regiones y necesitados de votos reclutarán a líderes contenciosos como candidatos?

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