Veinticinco años después, por Alberto Quintanilla

"No existe justificación alguna para el autogolpe del 5 de abril".

Veinticinco años después, por Alberto Quintanilla

Tras la orden de cierre del Congreso dada por Alberto Fujimori, los militares tomaron la sede del Palacio Legislativo. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

Alberto Quintanilla

Hoy se cumplen 25 años del autogolpe de Alberto Fujimori, quien disolvió el Congreso de la República, el Tribunal Constitucional y otras instituciones constitucionales para dar paso a una dictadura, respaldada por los altos mandos de las Fuerzas Armadas, en alianza con Vladimiro Montesinos.

En esa coyuntura, las mesas directivas de las cámaras de diputados y senadores estaban dirigidas por una alianza política multipartidaria de nueve agrupaciones, que en elecciones democráticas y transparentes llevaron a Roberto Ramírez del Villar y a Felipe Osterling Parodi a presidirlas.

Me correspondió acompañar como segundo secretario a Ramírez del Villar en la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados. Recuerdo sus advertencias sobre los riesgos a los que un enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo nos podían llevar: un golpe de Estado o la disolución del Congreso. Experiencia y olfato político eran algunas de sus virtudes.

El año anterior, las dos cámaras del Congreso estuvieron dirigidas por una alianza entre el fujimorismo y el Apra, implementando una gestión sumamente cuestionada y poco transparente cuando el país estaba jaqueado por el accionar del grupo mesiánico terrorista autodenominado Sendero Luminoso.

Como país necesitábamos derrotar a esta fuerza política terrorista, superando la crisis que atravesábamos en lo económico, político y social. La disyuntiva era hacerlo en democracia, o vernos obligados a recurrir a una dictadura. Alberto Fujimori recurrió a esta última opción, dejando de lado haber sido elegido presidente en democracia.

El congresista Kenji Fujimori ha escrito en estas páginas: “A comienzos de los 90, el país se encontraba en una situación terminal y necesitaba ser puesto en una unidad de cuidados intensivos. Hacían falta reformas profundas en el ordenamiento constitucional y legal para luchar contra el terrorismo y reconstruir una economía en ruinas, y era indispensable llevarlas a cabo rápida y eficazmente. Así lo hizo el gobierno, lo que la ciudadanía reconoce, y el unicameralismo fue el instrumento” (“Luz para la bicameralidad”, 17 de enero del 2017).

Si bien, como señaló el parlamentario Fujimori, el autogolpe del 5 de abril buscó enfrentar con eficacia una situación de emergencia creada por el accionar terrorista de Sendero Luminoso, significó un retroceso para nuestra democracia. Además, se debilitaron los mecanismos de control, y el gobierno terminó siendo una dictadura tomada por la corrupción, al punto que Alberto Fujimori abandona el país y renuncia a la presidencia mediante un fax.

El Estado, como sociedad organizada, es un ente vivo en permanente construcción, buscando perfeccionar las herramientas que le permitan ser eficiente en la construcción de una sociedad mejor, capaz de satisfacer las necesidades de sus integrantes e impulsando iguales oportunidades para todos, en democracia. En el ejercicio del poder y la autoridad, siempre acechan grandes males como la corrupción y el abuso del poder, los que deben ser enfrentados empleando los mecanismos institucionales de la democracia.

El combate a Sendero Luminoso, en el plano militar, político y social debió hacerse respetando los espacios democráticos. No existe justificación alguna para el autogolpe del 5 de abril. El autoritarismo resultante devino en concentración de poderes, populismo y corrupción, manejando el patrimonio del Estado como si fuera personal. El asistencialismo erosionó las bases de la organización social, impulsando el deterioro de la actividad política hacia el aprovechamiento personal. 

A lo largo de diversas coyunturas políticas, la práctica democrática ha sido dejada de lado y reemplazada por mecanismos que rompen el proceso de construcción institucional del Estado. El autogolpe del 5 de abril tuvo efectos nefastos en el largo plazo. Por ello, aún tratamos de reconstruir las bases institucionales del país y devolverle a la política su razón: pensar en los problemas de la nación y buscar darles solución en beneficio del Perú. 


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