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¿Se aproxima el indulto?, por Fernando Rospigliosi

"El fujimorismo está empeñado en desgastar y debilitar al gobierno, y lo está logrando".

PPK-Alberto Fujimori

(Archivo: El Comercio)

"Si finalmente PPK se decide indultar a Fujimori, podría alcanzar un período de tranquilidad que le permita superar el bache del enfriamiento de la economía y el descontento popular". (Foto: Archivo El Comercio)

(Archivo: El Comercio)

Fue positivo que el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) y Keiko Fujimori conversaran cara a cara, pero ese encuentro no va a cambiar la situación de tensión que se vive desde hace un año como creen algunos.

Muchos han saludado el diálogo como si realmente fuera el comienzo de una transformación sustancial de las malas relaciones que han enturbiado el primer año de gobierno de PPK. Seguramente algunas personas de buena fe creen eso sinceramente y otros lo dicen porque es lo políticamente correcto que hay que proclamar para no parecer un aguafiestas que se opone al progreso del país. No obstante, nada indica que se haya modificado algo importante.

Los resultados de la reunión, según Fernando Zavala, se van a plasmar en proyectos de ley que presentará el gobierno sobre temas como la reconstrucción o los servicios de saneamiento y que el fujimorismo presuntamente aprobará en el Congreso. Estaría muy bien que eso ocurriera. El asunto es que, como es obvio, los problemas entre el Ejecutivo y la mayoría opositora no derivan de discrepancias sobre ese tipo de propuestas.

El punto es que el fujimorismo está empeñado en desgastar y debilitar al gobierno, y lo está logrando. Por supuesto, si ha podido hacerlo es, sobre todo, por los errores del equipo de PPK.

Y no solo son resbalones políticos, como las conversaciones grabadas por el ex contralor, sino la falta de resultados de gestión que se reflejen en una mejora de la vida de la población. La pobre calificación de 10,8 que los ciudadanos conceden al gobierno en su primer año, reflejada en la encuesta de Datum, es una muestra de ello (“Perú 21” y “Gestión”, 7/7/17).

Así las cosas, no existen incentivos para que la mayoría opositora deje de acosar al gobierno. Al contrario, si el gobierno sigue desacreditándose y mostrándose incapaz de resolver los problemas básicos de la gente, es rentable políticamente atacarlo y es arriesgado mostrar una postura conciliadora, aunque ese sea el reclamo de las élites empresariales y mediáticas.

No obstante, Kenji Fujimori ha contribuido decisivamente a que su hermana se vea obligada a buscar una cita con PPK y sostiene abiertamente que hay que tender puentes con el gobierno, aunque en realidad pretende más que eso: respaldarlo y ayudarlo, no solo dejarlo de hostigar.

Su motivación es explícita y no la oculta, conseguir la libertad de su padre, el primero de sus propósitos. Y evidentemente está convencido de que la va a obtener del gobierno. Este jueves lo dijo con todas sus letras en esta página: “Hoy tengo razones para albergar la firme esperanza de que mi padre saldrá en libertad”.

Y a continuación criticó explícitamente la conducción que ha impreso su hermana a su grupo parlamentario, señalando que “mañana, cuando salga de prisión”, se dirá que “en un año de ejercicio la bancada de Fuerza Popular no pudo encontrar el camino de una acción eficaz para obtener la libertad de Alberto Fujimori”.

En suma, Kenji sostiene que la confrontación no ha logrado que liberen a su padre y que la conciliación que él propugna sí lo conseguirá. Para afirmar eso con la rotundidad que lo hace, sin duda tiene la promesa de algún alto cargo del gobierno de que el indulto es inminente.

Las declaraciones de la ministra de Justicia, Marisol Pérez Tello, la única que se opone firme y públicamente al indulto, parecen corroborar eso. Ella ha dicho que “para otorgar el indulto debe haber arrepentimiento”, condición que no está establecida en las normas y que, por cierto, no cumple Fujimori.

Los crecientes rumores de que ella sería apartada del Gabinete antes del 28 confirmarían esa versión.

Si eso sucede, si finalmente PPK se decide indultar a Fujimori, podría alcanzar un período de tranquilidad que le permita superar el bache del enfriamiento de la economía y el descontento popular. Pero para eso requeriría, además, una dinámica y fina operación política para enfrentar a los críticos del indulto y, a la vez, para lograr apaciguar a los keikistas que, como lo insinúa el propio Kenji, no son entusiastas de la liberación.

Pero en este punto PPK y su entorno parece que son irreductibles y se niegan tozudamente a incorporar operadores políticos, por lo que la maniobra se vuelve más riesgosa aun.

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