¡Bienvenidos la ignorancia y el robo!, por Carmen McEvoy

"No cabe la menor duda de que la descentralización es un fracaso y el municipalismo sin espíritu cívico también".

¡Bienvenidos la ignorancia y el robo!, por Carmen McEvoy

"La política peruana se degrada no solo por declaraciones absurdas sino por un comportamiento que se sintetiza en el quehacer de una cleptocracia instalada en los gobiernos subnacionales". (Ilustración: Victor Aguilar)

Carmen McEvoy

“Tengamos en cuenta que el cerebro del ser humano, a medida que transcurre el tiempo, envejece. Ya a los 40 años no pensamos o no estudiamos como estudiábamos a los 20 años y a los 60 años. Existe una enfermedad que se llama síndrome de Alzheimer, que se da entre aquellas personas que estudiaron mucho y que leyeron mucho, y uno de ellos son los profesores”. Esta frase, que atenta contra la inteligencia, la ciencia y la razón, fue pronunciada nada menos que por Bienvenido Ramírez, congresista de Fuerza Popular. Su peregrina declaración coincidió con la del fundador de su partido. En efecto, Alberto Fujimori declaró, desde la cárcel, que “el arquitecto de la democracia moderna” era él y nadie más que él. Así, el ingeniero de la yuca y el tractor, el mismo que petardeó las instituciones y corrompió la primera magistratura de la nación decidió celebrar las bodas de plata de su criatura erigiéndose en el fundador de la república. 

En el país donde la ignorancia, el crimen y la política de pacotilla han sentado sus reales, ¿a quién le importa la Primera Constituyente que marcó un antes y un después en la historia republicana del Perú, la Convención Liberal de 1855 que abolió la esclavitud y el tributo indígena, el ideario civilista de los siglos XIX y XX que rompió con la hegemonía militar y nos dotó de una legislación laboral o las luchas contemporáneas que transformaron la dinámica social del Perú? Nada de ello existe o resulta trascendente para los que, como don Bienvenido y su jefe, piensan que con solo afirmar una estupidez ella trocará en dogma de fe.

La política peruana se degrada no solo por declaraciones absurdas sino por un comportamiento que, en lugar de ser noble y bueno, se sintetiza en el quehacer de una cleptocracia instalada en los gobiernos subnacionales. Un hecho que sirve para iluminar la nueva dimensión de la agenda política nacional. Que, con honrosas excepciones, apunta al encausamiento de autoridades locales o regionales, quienes presumen de residencias lujosas, canchas de fútbol privadas e incluso cajas de zapatos repletas de dinero contante y sonante, en medio de las carencias de sus electores. El caso de Richard Ramos Alva, alcalde de Chilca y detenido esta semana, simboliza la orfandad política que nos domina. El golpe de la justicia y la ley que permitió la caída del burgomaestre y 55 personas de su entorno tuvo como objetivo desbaratar la organización criminal Los Rucos. Parece ser que Ramos fue captado por este conglomerado delictivo dedicado presuntamente al tráfico de terrenos, usurpación agravada y a delitos como extorsión y sicariato en agravio de empresarios del sur de la capital. 

Desde hace varios años el sur de Lima se ha convertido en una tierra de nadie, donde los problemas se resuelven a balazo limpio. Una situación similar a la vivida por el Callao, provincia cuyo “negocio” del narcotráfico a gran escala y paredes pintarrajeadas (el alcalde Juan Sotomayor se lleva el premio a la egolatría) dan testimonio de la rapacidad y el culto a la personalidad que domina al primer puerto de la república. Con una rica historia, sostenida en su temprana defensa de la Constitución y las leyes, el Callao merece un destino mejor a ese de decadencia impuesto –desde hace más de dos décadas– por los despilfarradores de su canon aduanero.

Los casos de Chilca, el Callao o el mismo San Juan de Lurigancho (con un ex alcalde sentenciado por el delito de enriquecimiento ilícito y lavado de activos) muestran esa suerte de purgatorio dantesco a la peruana, donde la tragedia se repite una y otra vez. Pienso, por ejemplo, en Áncash o en Chiclayo, cuyo alcalde además de robar millones de soles de la municipalidad desguarneció a su ciudad que se vio afectada hace poco por la crecida del rió La Leche. Para quien conoce la historia del Perú cuesta y hasta duele constatar que la municipalidad –“piedra angular de la república”– haya sido tomada, en diferentes puntos, por bandas delincuenciales. Porque fueron, justamente, las “municipalidades patrióticas” las que se levantaron contra el yugo español y fue un puñado de alcaldes dignos y valientes que le dio la cara a Sendero Luminoso en los años de su macabra “guerra milenaria”. La mayoría de los verdaderos baluartes de la democracia, como fue el caso de Víctor Raúl Yangali, alcalde de Huanta, o Fermín Azparrent, alcalde de Huamanga, murieron en frente de sus familias y de la comunidad que los eligió. 

A estas alturas no cabe la menor duda de que la descentralización es un fracaso y el municipalismo sin espíritu cívico también. La pregunta que cabe hacerse es: ¿Cómo revitalizar las “células madres” de una república que, en teoría, nació descentralista y municipalista? A diferencia de lo que opina don Bienvenido respecto al Alzheimer, yo sugiero que leer muchísimo, educarse esmeradamente y afinar el espíritu crítico es fundamental a la hora de votar. Solo de esa manera seremos los verdaderos arquitectos de ese hogar común que todos los peruanos tenemos la obligación de construir con inteligencia y honestidad.


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