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El escandaloso silencio del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre Venezuela, por Andrés Oppenheimer

“Hay que presionar al Consejo de Derechos Humanos para que se pronuncie sobre Venezuela”.

Op Venezuela

"Hay una razón para esa inacción, claro. Casi la mitad de los 47 países miembros del consejo son dictaduras que se defienden mutuamente de las acusaciones de violaciones de derechos humanos". (Ilustración: Raúl Rodriguez)

"Hay una razón para esa inacción, claro. Casi la mitad de los 47 países miembros del consejo son dictaduras que se defienden mutuamente de las acusaciones de violaciones de derechos humanos". (Ilustración: Raúl Rodriguez)

"Hay una razón para esa inacción, claro. Casi la mitad de los 47 países miembros del consejo son dictaduras que se defienden mutuamente de las acusaciones de violaciones de derechos humanos". (Ilustración: Raúl Rodriguez)

¡Qué escandaloso! A pesar de la sangrienta represión del presidente Nicolás Maduro, que ha dejado más de 100 muertos, miles de heridos y cientos de presos políticos en los últimos tres meses en Venezuela, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDHNU) todavía no ha dicho una sola palabra sobre la crisis venezolana.

El CDHNU, con sede en Ginebra, y cuya misión es promover “los más altos estándares” de derechos humanos en todo el mundo, no ha emitido ni una sola resolución sobre Venezuela, ni ha convocado una sesión urgente para discutir la crisis venezolana, ni ha pedido siquiera una investigación sobre las muertes de los jóvenes manifestantes venezolanos por guardias nacionales y turbas armadas respaldadas por el gobierno.

Hay una razón para esa inacción, claro. Casi la mitad de los 47 países miembros del consejo son dictaduras –incluidos Cuba, China y Arabia Saudí– que se defienden mutuamente de las acusaciones de violaciones de derechos humanos. De hecho, el consejo es una sociedad de protección mutua de las peores dictaduras del mundo.

“El consejo puede convocar una sesión de emergencia sobre Venezuela en cualquier momento, y dado lo que está sucediendo en las calles allí, debería haberlo hecho”, dice Hillel Neuer, director de UN Watch, un grupo no gubernamental con base en Ginebra que monitorea las acciones de la ONU. “Pero nunca lo ha hecho”.

Lo que es igualmente alarmante, Venezuela fue recientemente reelegida como miembro del consejo, agregó.

Ni Estados Unidos ni otras democracias con bancas en el consejo presentaron mociones para condenar los recientes abusos de los derechos humanos en Venezuela. El gobierno de Trump, aparte de algunas fotos en las que el presidente posó con figuras de la oposición venezolana y sanciones contra funcionarios venezolanos que ya habían empezado en la época de Obama, ha sido en gran parte invisible en la crisis venezolana.

Trump aún no ha nombrado a un embajador estadounidense ante la ONU en Ginebra, que es una de las razones por las cuales no hubo presión estadounidense de alto nivel para debatir el caso venezolano, dicen los críticos. Nikki Haley, la embajadora estadounidense ante las Naciones Unidas en Nueva York, hizo una breve visita a Ginebra durante las sesiones del consejo en junio, pero solo hizo un evento paralelo, fuera de las sesiones, sobre Venezuela.

La inexperiencia e ineptitud diplomáticas del gobierno de Trump fueron también evidentes en la reunión especial de cancilleres de la OEA sobre Venezuela en junio. La ausencia del secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, en esa reunión ayudó a que un puñado de pequeñas islas del Caribe pudieran derrotar una condena al régimen de Maduro respaldada por 20 democracias de la región.

El gobierno de Trump dice que está considerando retirarse del consejo a menos que este sea reformado. Bajo las reglas actuales, en lugar de ser elegidos en una votación general, los miembros del consejo son nombrados por sus bloques regionales. Eso permite que los países que desean desesperadamente estar ahí –como Cuba y Venezuela– le hagan favores a sus vecinos a cambio de que los nombren para el consejo.

Pero casi todas las organizaciones independientes de derechos humanos coinciden en que sería una mala idea que Estados Unidos se retire del consejo. Cuando le pregunté si Estados Unidos debería renunciar al consejo, Neuer me dijo: “Eso es un dilema, pero cuando George W. Bush decidió retirarse, el consejo no mejoró. Al contrario, empeoró. Lo que Estados Unidos debería hacer es nombrar a un campeón de los derechos humanos como embajador en la ONU en Ginebra”.

Mi opinión: estoy de acuerdo, aunque dudo que el gobierno de Trump pueda tener mucha credibilidad en temas de derechos humanos. Trump ha elogiado públicamente a los dictadores de Rusia, China, Arabia Saudí y Egipto, entre otros, rompiendo con la tradición bipartidista de los presidentes de Estados Unidos de criticar los abusos de los derechos humanos en todas partes.

Hay que presionar al Consejo de Derechos Humanos para que se pronuncie sobre Venezuela, pero la mejor manera de hacerlo es que todas las democracias del mundo lo denuncien como lo que es, una farsa monumental.

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