Europa unida e indivisible, por Francisco Miró Quesada Rada

“La Unión Europea es amenazada por nacionalismos y populismos que no unen sino que separan”.

Europa unida e indivisible, por Francisco Miró Quesada Rada

La Unión Europea está pasando por una crisis y es amenazada por nacionalismos y populismos, que no unen sino que separan, porque están imponiendo una visión del mundo basada en el odio al prójimo. (Ilustración: Giovanni Tazza)

Francisco Miró Quesada Rada

Un continente unido e indivisible es el deseo de los 27 países que forman la Unión Europea (con la inminente salida del Reino Unido) y que en marzo ha cumplido 60 años. Ellos emitieron una declaración en donde se comprometen a actuar de manera concertada y, si fuera necesario, con un ritmo e intensidad diferentes pero todos avanzando en la misma dirección. 

Sin duda estas palabras son consecuencia del ‘brexit’. Y son principalmente promovidas por Francia y Alemania, dos naciones que sufrieron el terrible shock que significó la Segunda Guerra Mundial y que dieron los primeros pasos de lo que sería la Unión Europea. Desde luego no fueron las únicas. Otros miembros de la actual Unión Europea (como Polonia, República Checa, Eslovaquia y Austria) fueron ocupados y prácticamente destrozados.

Precisamente, Francia y Alemania entendieron este magno proyecto continental como una respuesta a esa guerra devastadora, a los nacionalismos y populismos que surgieron en su forma política dictatorial de tipo nazi-fascista en Alemania e Italia, pero que anclaron también en España, Portugal, Austria, Hungría y Polonia (ahora todos socios de la Unión Europea).

Por aquella época, dada la tendencia unificadora, en 1957 se firmó el Tratado de Roma en donde se creó la Unión Aduanera, el mercado interior del Acta Única que originaría lo que se conoció como la Unión Económica Europea, la creación del euro (que a pesar la crisis financiera que se inició en el 2008 se mantiene sólido), hasta definitivamente lograr la institucionalidad política con la creación de la Unión Europea de acuerdo con el Tratado de Lisboa firmado en el 2007.

Pero como afirmó el pensador y jurista italiano Giambattista Vico: “Corsi e ricorsi”. Es decir, en la historia hay avances y retrocesos de los que, como se sabe, no ha escapado la Unión Europea, esta especie de Estado continental todavía en construcción. Aún falta para su consolidación definitiva en este proceso de globalización o mundialización, como dicen los franceses. 

Sin embargo, al menos para mí, este es el proyecto político, social, económico y cultural más extraordinario de la historia moderna que apunta seguramente a desplazar gradualmente a otro, formado hace poco más de 500 años, como el Estado nación. El otro gran proyecto grandioso es la Declaración Universal de los Derechos Humanos. 

Como se sabe, la Unión Europea está pasando por una crisis y es amenazada por nacionalismos y populismos (que en este caso son de derecha o, mejor dicho, de ultraderecha), que no unen sino que separan, porque están imponiendo una visión del mundo basada en el odio al prójimo. Esto se ha desarrollado en Inglaterra, Francia, Italia, Hungría, Polonia y en los Países Bajos. Claro que hay respuestas a esta tendencia, como en las recientes elecciones holandesas, donde acaba de fracasar el ultraderechista Geert Wilders.

En Francia, una encuesta de la Fundación Robert Schuman (que fue uno de los gestores de la Unión Europea) arroja resultados a favor del euro (72%). Asimismo, el 80% de encuestados consideró que los países fundadores (que además de Francia y Alemania son Italia, Luxemburgo, Holanda y Bélgica) deben hacer esfuerzos para relanzar una Unión Europea más integrada. Esto indicaría que, si esta es la tendencia y se expresa en la voluntad popular, el discurso perverso, narcisista, xenófobo y racista de Marine Le Pen no tendría éxito en las próximas elecciones francesas, por el momento encabezadas por el ‘outsider’ y candidato centrista Emmanuel Macron.

Se fueron los ingleses pero volverán. La Unión Europea como proyecto es más que el exclusivismo de la ‘rubia Albión’, cuestionado incluso por los escoceses, en donde la mayoría desea permanecer en la Unión. 

Quedan 27 países que desean reinventarse. Sobre este asunto, cuatro expertos españoles (Emilio Loma de Espinoza, Nicolás Sartorius, Emilio Cassinello y Jorge Bacaria) proponen un relanzamiento que se iniciaría con la culminación de la unión económica y la armonización fiscal, iniciativas para mejorar la Europa social que genere la necesaria cohesión, respuestas justas al reto de las migraciones y los refugiados, decisiones en el terreno de la seguridad y de la defensa frente a las amenazas terroristas y una visión de unión política futura que permitirá fecundar una nueva ilusión y confianza en el proyecto común (“El País”, 23 de marzo del 2017).

Europa fue una bella ninfa raptada por Zeus que necesita de la reinvención y de la imaginación para alcanzar la meta de la unión definitiva.


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