La gran gente peruana, por Pedro Suárez-Vértiz

En época de crisis se demuestra de qué estamos hechos

La gran gente peruana, por Pedro Suárez-Vértiz

Ilustración: Nadia Santos

Se puede decir que climáticamente el Perú no empezó el 2017 con el pie derecho. Desde enero nos estamos viendo afectados por la ferocidad de los desastres naturales, que trajo el fenómeno del Niño Costero, y que asomaron sutilmente a finales del año pasado. No es novedad que las zonas más afectadas sean las regiones del norte. Con solo prender la tele, escuchar la radio, hablar con los amigos, leer un periódico o revisar redes sociales uno se entera dantescamente de todo. Pareciera un tsunami de lodo.

La cifra de damnificados ya llegó al millón. Las lluvias torrenciales que trae este fenómeno producen huaicos humanamente incontrolables que arrasan con todo en el camino, sin piedad. Los caudales de los ríos aumentan y esto genera inusuales inundaciones en zonas ribereñas aledañas, lamentablemente urbanizadas.

Muchas personas critican la ‘ignorancia’ o ‘necedad’ de quienes construyen sus casas en ríos secos o al lado de corrientes caudalosas. Pareciera gente sin cultura que invade cualquier lugar para vivir, pero no es así. Esta población por lo general fue estafada al comprar terrenos en zonas mortales sin saberlo. Fue vilmente engañada y condenada al desastre.

Cientos de miles lo han perdido todo: familiares, cultivos, talleres, ganado, mascotas y hasta sus casas –o todo lo que tenían en ellas– debido a la invasión de agua en zonas no predeterminadas para vivir. Cada media hora hay una noticia nueva sobre algún pueblo afectado y el fi n de esta cadena es algo que ni el Senamhi se atreve a calcular.

Uno pensaría que estamos entrando a una etapa de caos en la que probablemente muchos se hagan los de la vista gorda para no tomar acciones. Pero debo decir que, contra todo pronóstico, y dejándome gratamente sorprendido, el pueblo peruano se ha solidarizado de una manera asombrosa. Se ha logrado demostrar que como sociedad cada vez estamos adquiriendo inesperadas características solidarias. Esta fase de humanización no va a dejar otra cosa que

Prosperidad a las generaciones futuras. Veo a mis hijos pendientes de ayudar. Me cuentan que no consiguen dónde ir a hacerlo porque cuando se enteran de algún punto de acopio que necesita participantes, llegan y ya no hay vacantes para el voluntariado. Hemos llegado a tal nivel que la misma página web del Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) ha anunciado que por lo pronto se ha llegado al límite de voluntarios, pero que en cualquier momento se iniciará una segunda convocatoria.

Ya ha pasado casi un mes desde la tragedia y no veo que haya disminuido el trabajo y las ganas de seguir ayudando. Las Fuerzas Armadas, Policía, periodistas, ministros, todos están involucrados. Esto sin contar a los diferentes países que están brindando ayuda. Pero esta tampoco es muy eficiente si se arriesga la vida. En algunas partes se están improvisando puentes o balsas que en algún momento pueden provocar más desgracias. Hay que ser precavidos con el tema. Se debe evitar estar cerca de las laderas de los ríos, pues nunca se sabe cuándo una parte puede venirse abajo.

Tampoco hay que dejarse llevar por las mentiras que recorren las redes sobre futuras precipitaciones, huaicos y diversos desastres. Antes de divulgar información que pueda afectar psicológicamente a otros, primero se debe confirmar que es verdadera y que viene de una fuente confiable.

Ayudar es algo que todos tenemos dentro de nuestra composición humana, pero que realmente no surge a menudo. Es por eso que es emocionante sentir el nivel de identificación con el compatriota que muchos peruanos tenemos en este momento. En época de caos no hay lugar para la desesperación. El descontrol se debe dejar de lado para que la participación, el compañerismo y la unión entren en juego, tal cual lo hemos podido lograr en este¡ último mes. Estoy gratamente sorprendido. Gracias Perú. Eres grande.

Esta columna fue publicada el 8 de abril del 2017 en la revista Somos.