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Un lustro del TLC con EE.UU., por Jurgen Schuldt

¿Qué beneficios ha traído al Perú el TLC con Estados Unidos?

Un lustro del TLC con EE.UU., por Jurgen Schuldt

Un lustro del TLC con EE.UU., por Jurgen Schuldt

Acaba de cumplirse el quinto aniversario desde que se inició efectivamente –en febrero del 2009– nuestro TLC con Estados Unidos, por lo que vale la pena evaluar los beneficios que ha contraído para el Perú en materia de comercio exterior. Las cifras del Departamento de Comercio estadounidense nos deberían alegrar, porque el valor nominal de nuestras exportaciones de bienes a Estados Unidos aumentó en 40%, de US$5.812 millones en el 2008 a US$8.122 millones en el 2013. Sin embargo, los resultados netos ya no son tan halagüeños si observamos que nuestras importaciones aumentaron bastante más (en 63%), de US$6.183 millones en el 2008 a US$10.056 millones en el 2013.

Las consecuencias de esa asimetría para nuestra balanza comercial deberían ser motivo de preocupación, como se desprende de las tediosas pero inevitables cifras que apuntaremos a continuación. Ya el primer año del TLC generó un déficit comercial de US$696 millones (2009) con Estados Unidos, el que siguió subiendo abruptamente, dando lugar a un promedio anual negativo de US$2.020 millones en el cuatrienio 2010-2013. Con lo que les hemos ayudado a reducir –aunque solo sea en una pizca– sus déficits comerciales con el resto del mundo y a aumentar su producción industrial, especialmente la de automóviles.

Muy distinto lucía el panorama de nuestro comercio exterior de bienes con Estados Unidos del 2002 al 2008, antes de la apurada firma del TLC. Durante ese septenio regía la Ley de Preferencias Arancelarias y Erradicación de la Droga (Atpdea), a lo largo del cual –con excepción del último año– gozábamos de sustanciales superávits, que ascendían a un promedio anual de US$1.600 millones del 2002 al 2007.

Nótese que no estamos afirmando que todo déficit comercial sea dañino, como lo querría la Escuela Mercantilista de antaño. Pero sí resulta preocupante cuando ampliamos la mira y contemplamos nuestra balanza comercial con todas las economías del mundo. Nos permitirá recordar que, durante todos los 11 años anteriores (2002-2012), gozamos de superávits, los que –en términos promedio anuales– llegaron a sustanciales US$5.150 millones promedio anuales.

Esa tendencia ha cambiado drásticamente para mal, considerando el déficit comercial del año pasado de US$308 millones, aún diminuto pero revelador. Y el primer bimestre de este año ya lo hemos empezado mal, con un déficit acumulado de US$620 millones. Más grave, sin embargo, es la situación de la balanza de servicios, cuyos déficits crecientes están llevando al despeñadero nuestra balanza exterior en cuenta corriente. Ella muestra un déficit de US$10.169 millones en el 2013, equivalente a un 4,9% del PBI.

A la larga, su impacto puede ser preocupante para el necesario equilibro del conjunto de la balanza de pagos, la que –gracias al ingreso de capitales– permitió acabar el año pasado con un superávit de US$2.907 millones, pero que significó una caída estrepitosa del 80% frente al resultado del año 2012, en que se alcanzó un récord histórico nacional de US$14.827 millones. El deterioro acelerado reciente continuará, pero no parece preocupar mayormente a nuestras autoridades económicas, probablemente por su exageradamente optimista expectativa en el ingreso masivo de inversión extranjera directa. Todos sabemos, sin embargo, que siempre ha sido desde el frente externo –tal como se expresa en los aburridos números de nuestra balanza de pagos– que se han gatillado las interesantes crisis económicas en el Perú.

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