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Maestros turbulentos, por Fernando Rospigliosi

"La huelga podría terminar pronto, pero el daño a los estudiantes por el tiempo perdido ya es irreparable".

maestros

(Foto: Miguel Neyra)

"Como suele ocurrir, los maestros tenían la expectativa de que el nuevo gobierno incrementaría sustancialmente los salarios, como ofrecieron todos los candidatos en la campaña electoral". (Foto: Miguel Neyra)

La huelga magisterial en más de la mitad del país ha causado serios problemas en varias ciudades, sobre todo en el sur, y amenaza con hacer perder el año escolar a cientos de miles de estudiantes. Varios dirigentes de estos sindicatos regionales son acusados, con razón, de pertenecer a grupos extremistas como el Movadef, fachada de la facción de Sendero Luminoso de Abimael Guzmán, y Puka Llacta.
Sin embargo, el problema no es tan sencillo como algunos pretenden, un grupo de radicales que moviliza a miles de profesores tan ideologizados como ellos. Lo cierto es que los salarios en este sector se han deteriorado sistemáticamente desde mediados de la década de 1970.

Según cifras de Hugo Ñopo y Grade, el salario promedio de los maestros en su mejor momento, en el primer gobierno de Fernando Belaunde, era de poco más de 10.000 soles mensuales (38.142 dólares anuales), que con altibajos se mantuvo hasta 1974, a finales del gobierno del general Juan Velasco.

En marzo de este año, el sueldo mínimo de los maestros estatales se aumentó a 1.780 soles. Aunque esta cifra no es comparable con la anterior, en sueldo promedio, es lo que ganan la mayoría de los 238.000 profesores nombrados, según los dirigentes del sindicato.
En suma, en los 60 y 70, los maestros, de acuerdo con sus ingresos, pertenecían a la clase media. Hoy están proletarizados.

Si se compara con otros servidores públicos, la situación también es desfavorable. Un suboficial de la policía, que en la práctica sale de una escuela generalmente después de un año y medio, gana poco menos del doble, tiene estabilidad laboral durante 40 años, una pensión mucho mayor transferible a familiares cuando se retira, un sistema de salud especial y otros beneficios.

Como suele ocurrir, los maestros –al igual que los médicos y otros sectores– tenían la expectativa de que el nuevo gobierno incrementaría sustancialmente los salarios, como ofrecieron todos los candidatos en la campaña electoral. Eso no sucedió y los dirigentes radicales han podido desencadenar una huelga que ha ido creciendo con el paso de los días.

Han contado con la tolerancia o complicidad de autoridades regionales débiles y medrosas que han pagado puntualmente los sueldos, gratificación incluida, a los huelguistas. Sería tonto no plegarse a una paralización con la que eventualmente se puede conseguir algo sin perder ni arriesgar nada.

Los gobernadores regionales han hecho eso por temor a perder votos, pero sobre todo por miedo a los ataques de los bien organizados y persistentes grupos que dirigen los sindicatos regionales. Como suele ocurrir, no hay quién les haga frente, no existen partidos políticos y el Gobierno no lo hace.

Ahora los gobernadores se han comprometido a no pagar a los huelguistas. Habrá que ver.

Otro factor de la huelga es la disputa entre dirigencias radicales. El Sutep (Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú) fue fundado por activistas del maoísta Patria Roja hace 45 años. Nunca han dejado la dirigencia, a pesar de que en varios momentos han sido minoría real. Desde hace tiempo realizan elecciones tipo Nicolás Maduro, manipulando sistemáticamente las votaciones.
Patria Roja jamás va a dejar por las buenas la dirección del Sutep porque vive de eso, política y económicamente. La dirigencia del Sutep maneja la Derrama Magisterial, una institución al parecer gestionada empresarialmente con eficiencia, y que es su fuente de ingresos y de clientelismo.

Los que dirigen ahora las huelgas regionales son del Conare (Comité Nacional de Reorientación y Reconstitución del Sutep) quienes, en los hechos, están demostrando mucha fuerza. Pero ni Patria Roja ni el Gobierno están dispuestos a reconocerlos.

El problema, ciertamente, no ha sido creado por este gobierno. Pero tampoco está haciendo mucho por resolverlo, al igual que los anteriores. Todos los políticos se llenan la boca con la educación, porque eso da votos, pero realmente no les preocupa demasiado. Los resultados de cambios sustantivos se ven en el largo plazo y ellos no los usufructuarían. Y sus hijos no estudian en colegios estatales.

La huelga podría terminar pronto, pero el daño a los estudiantes por el tiempo perdido ya es irreparable (la recuperación de clases es una ficción luego de una paralización tan larga). Los pequeños aumentos comprometidos por el Gobierno tampoco harán atractiva la carrera magisterial. Y así, hasta la próxima huelga.

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