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Sin recursos para la ocasión, por Fernando Rospigliosi

"Las discrepancias se extienden a varios temas, pero el central, el más importante en el momento actual es, sin duda, el rumbo a seguir respecto al gobierno".

Kenji Fujimori

(Foto: USI)

"La liberación del ex presidente es, paradójicamente, otro punto crucial que divide a Fuerza Popular". (Foto: USI)

USI

Presionada por las crecientes demandas para que baje las tensiones con el gobierno, Keiko Fujimori envió una carta el lunes 3 al presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) solicitando una reunión para conversar. En realidad, parece que el factor decisivo que impulsó a la lideresa de Fuerza Popular a actuar de esa manera, en ese momento, fue que su hermano Kenji lo había propuesto tres días antes en una entrevista con Jaime de Althaus en Canal N.

No hay que levantar muros, dijo Kenji en una clara alusión a su hermana, sino tender puentes. Esa fue la culminación de una etapa de constantes y cada vez más visibles críticas del menor de los Fujimori a su hermana mayor.

Las discrepancias se extienden a varios temas, pero el central, el más importante en el momento actual es, sin duda, el rumbo a seguir respecto al gobierno: atacarlo sistemática y persistentemente para desgastarlo, como hace la mayoría opositora dirigida por Keiko, o darle una tregua y llevar la fiesta en paz, como propone Kenji.

Desde hace varios meses, en diversas oportunidades, Kenji se ha manifestado partidario de esa ruta de conciliación. Su foto con la primera dama Nancy Lange sosteniendo el cartel con el lema del gobierno “Una sola fuerza” –imagen tuiteada varias veces por Kenji–, las críticas a su bancada por devorar cual leones en el circo romano a los ministros, su visita, foto incluida, al ministro del Interior, Carlos Basombrío, uno de los más denostados por los voceros de la oposición, son algunas de las notorias expresiones de discrepancia y crítica del menor de los Fujimori a la dirección impresa por Keiko a su partido.

Al principio los seguidores de Keiko trataron despectivamente a Kenji e intentaron ningunearlo. Pero ahora se ha vuelto un problema realmente serio. Ha demostrado ser incontrolable y su crítica afecta al núcleo de la política de la facción keikista que consiste en demoler al gobierno.

Al comenzar la semana Keiko tomó dos decisiones simultáneas para tratar de enfrentar el problema. Al tiempo que enviaba la carta a PPK abría un proceso disciplinario a Kenji. Es decir, pretendía quitarle el argumento de que ella es intransigente e intolerante, y a la vez silenciarlo de una vez por todas.

Con su respuesta Kenji ha demostrado que es un hueso duro de roer. Se ha burlado del proceso que le han abierto con un tuit en el que imita a su padre –“¡Soy inocente!”– recordando además que es el engreído y tiene el apoyo de Alberto, el fundador del movimiento, gracias al cual Keiko ha tenido respaldo popular en sucesivas elecciones. Kenji sabe que no lo pueden expulsar sin provocar una catástrofe en la filas del fujimorismo.

Y ha insinuado claramente, en la mencionada entrevista con Althaus, que hay unos 20 congresistas, del total de 71, que están con él. Si eso fuera cierto y se produjera una escisión, el keikismo quedaría con unos 50 parlamentarios, una fuerza importante pero no la mayoría absoluta actual que les permite hacer prácticamente lo que les da la gana.

El asunto es ¿hasta cuándo Kenji seguirá en ese rumbo? Su objetivo es obtener la liberación de su padre y los plazos no son eternos. En pocos días Alberto cumplirá 79 años. Si el gobierno no le concede el indulto ahora, ¿Kenji se mantendrá en una posición conciliadora con PPK? ¿O desengañado se sumará a la postura belicosa de su hermana?

La liberación del ex presidente es, paradójicamente, otro punto crucial que divide a Fuerza Popular. La congresista Patricia Donayre, hasta hace poco integrante de la bancada mayoritaria, ha dicho lo que muchos sospechaban: “Ese grupo es el de los superasesores Ana Vega y Pier Figari, quienes temen que Fujimori sea indultado, ya que perderían el poder dentro del partido” (El Comercio, 6.7.17).

Así las cosas, el gobierno tendría que hilar fino en una situación en la que se le ofrece una posibilidad de salir del arrinconamiento al que lo tiene sometido la mayoría del Congreso. No obstante, para eso requeriría una estrategia definida y operadores que la lleven a la práctica. Hoy por hoy, no tiene ni la una ni los otros y está supeditado al desempeño de las otras fuerzas políticas y al devenir de los acontecimientos.

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