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Seis líneas, ninguna idea, por José Ugaz

“Se nota claramente que PPK, como dicen los chicos, ‘no la ve’ en materia de corrupción”

José Ugaz Presidente de Transparencia Internacional

Corrupción

¿Qué pasó con este informe? No sabemos, pero podemos presumir que fue encarpetado, exactamente como ocurrió con el informe de la Iniciativa Nacional Anticorrupción" (Ilustración: Giovanni Tazza)

¿Qué pasó con este informe? No sabemos, pero podemos presumir que fue encarpetado, exactamente como ocurrió con el informe de la Iniciativa Nacional Anticorrupción" (Ilustración: Giovanni Tazza)

Luego de revisar el discurso presidencial, no cabe duda de que el problema de la corrupción no es una prioridad para el presidente. Se nota claramente que PPK, como dicen los chicos, “no la ve” en materia de corrupción, no comprende la profundidad y complejidad del fenómeno y, en consecuencia, no le presta la atención que ciertamente se merece.

Luego de abordar la inversión de obras de infraestructura, la seguridad, los tributos, la pequeña y mediana empresa y hasta el tráfico, recién a mitad del mensaje se encuentra un solo párrafo de 6 líneas en el que se menciona la corrupción. Respecto de ella la reflexión del presidente se circunscribe a señalar que “tenemos que trabajar en equipo”. ¿Qué significa eso? ¿A quiénes se refiere cuando dice “tenemos”? ¿Cómo trabajar, en qué áreas, para resolver qué? ¿Hay un plan, prioridades, una estrategia?

El mandatario reconoce el tremendo daño ocasionado por la corrupción (2 puntos del PBI junto con el fenómeno de El Niño) y la responsabiliza de ser una de las principales causas de la falta de crecimiento económico. Siendo así, se esperaba una propuesta integral para enfrentarla y controlarla, más aun cuando, según la última encuesta nacional, la corrupción ha pasado a ser considerada el problema número uno del país.

Hay que recordar que este gobierno –siguiendo la tendencia de los anteriores (Almeyda, ‘petroaudios’, Chehade)– a poco de instalarse en el poder, se estrenó con un escándalo de corrupción protagonizado por Carlos Moreno, asesor presidencial con oficina en Palacio, quien fue grabado negociando con la salud del pueblo para beneficiarse a través de un esquema montado con clínicas privadas.

Sin embargo, no parece haberse aprendido ninguna lección de tan grave circunstancia. En esta materia seguimos tan a la deriva como siempre.

Lo absurdo del tema es que el presidente sí cuenta con un plan de trabajo. Presionado por el ‘affaire’ Moreno, PPK creó la Comisión Presidencial de Integridad (CPI), un grupo conformado por notables personalidades cuyo objetivo fue elaborar un diagnóstico de la situación de la corrupción en el Perú y plantear alternativas concretas al presidente para que impulse una política nacional anticorrupción. Pese al breve término de su mandato, la CPI cumplió con el encargo y le hizo entrega de 100 propuestas.

¿Qué pasó con este informe? No sabemos, pero podemos presumir que fue encarpetado, exactamente como ocurrió con el informe de la Iniciativa Nacional Anticorrupción (INA) que le fue entregado a Toledo al inicio de su mandato.

No de otra forma se explica que pese a que la CPI propuso crear una robusta autoridad autónoma que supervise el acceso a la información pública, el gobierno, argumentando razones presupuestales y burocráticas, optó por aprobar un mecanismo esmirriado y sin dientes, claramente destinado al fracaso.

En igual sentido, pese a que la CPI le recomendó reestructurar con urgencia el Consejo Nacional de la Magistratura con al menos la mitad de sus miembros elegidos por concurso público, este ha optado por una fórmula distinta (dos miembros designados por el Ejecutivo y el Congreso), que ha sido calificada como riesgosa por varios analistas, pues abre la posibilidad de volver a politizar la designación de jueces y fiscales en el Perú.

Si de nombrar asesores se trata, recomendamos uno que sí valga la pena: alguien que se haga responsable de ejecutar y hacer seguimiento a las recomendaciones de la CPI (podría ser uno de los ex integrantes de la misma), y que mantenga el tema anticorrupción en la agenda del presidente.

Así, se evitaría haber hecho tamaño esfuerzo en vano, y de paso, se implementarían ansiadas políticas anticorrupción, como un sistema de inversión y compras públicas que asegure la integridad en el gasto y manejo de los recursos, el incremento de la transparencia en la función pública, campañas de educación en valores, una nueva mentalidad de hacer negocios en igualdad de condiciones en el sector privado, entre otras.

La experiencia enseña que para derrotar a la corrupción se requiere una decidida voluntad política al más alto nivel. Es responsabilidad del presidente, para eso fue elegido. Solo cuando el gobierno tenga claro lo que hay que hacer y defina su estrategia, tendrá sentido la invocación a trabajar en equipo; mientras tanto, será una simple arenga vacía de contenido.

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