La trumpización del fujimorismo, por Fernando Rospigliosi

"Algunos opinan que Keiko debió profundizar el cambio para diluir el antifujimorismo, que fue quien realmente la derrotó".

La trumpización del fujimorismo, por Fernando Rospigliosi

"El resultado es el que estamos viendo, la trumpización del fujimorismo. O, más precisamente, del keikismo, porque no todos los Fujimori están en esa línea". (Foto: AFP y El Comercio)

Fernando Rospigliosi

El nuevo giro conservador que ha impreso a su partido Keiko Fujimori es un viraje radical respecto a lo que ensayó desde fines del 2015, cuando en Harvard, atendiendo a la invitación de un profesor izquierdista –no fue casualidad ni el lugar ni el auspiciador– intentó proyectar una imagen más moderna, tolerante y liberal.

Al parecer, ella y su entorno inmediato han evaluado que la razón de su nueva derrota el 2016 fue ese cambio y han tornado en sentido contrario, lo cual muestra, entre otras cosas, que sus convicciones son, por decir lo menos, endebles.

Quizás una de las primeras en recomendar públicamente el cambio fue Diana Seminario, quien publicó un artículo inmediatamente después del triunfo de Donald Trump, en el que exhortaba directamente a la candidata derrotada a seguir ese camino: “Si Keiko Fujimori pretende tentar por tercera vez la presidencia, y ahora sí tener éxito, debería mirarse en el espejo de Estados Unidos”.

Concluía que la victoria de Trump es “un síntoma del hartazgo del ciudadano de a pie de que se le impongan ideologías ajenas a su naturaleza. [!!!] Parece que están de vuelta en un camino que muchos en el Perú se empeñan en recorrer”. Y resaltaba la eficacia de esa estrategia: “Posiciones claras y contundentes, aunque no sean populares para un sector autoproclamado moderno, rinden resultados” (“El triunfo de los conservadores”, 14.11.16, El Comercio).

El camino fracasado –según Seminario– que muchos se empeñan en recorrer es, sin duda, una alusión a la misma Keiko Fujimori, que no solo pronunció un discurso, sino realizó algunas acciones y gestos. Por ejemplo, desembarcó de la lista parlamentaria al pastor evangélico ultraconservador Julio Rosas y a Martha Chávez. Ahora nuevamente ambos son algo así como los referentes ideológicos del fujimorismo (los dos volvieron al Congreso, Rosas con la camiseta de César Acuña y Chávez como funcionaria).

Otra señal fue incorporar como candidato a la segunda vicepresidencia al ex izquierdista y ex funcionario del gobierno de Ollanta Humala Vladimiro Huaroc. Aunque a decir verdad no aportó mucho electoralmente, menos aun después de que el organismo electoral lo desembarcó de la candidatura a la vicepresidencia y de la lista parlamentaria por violar la ley.

Por supuesto, no es claro que Fujimori perdió por su aggiornamiento. Algunos opinan que fue muy poco y muy tarde, y que debió profundizar el cambio para diluir el antifujimorismo, que fue quien realmente la derrotó. Pero la candidata parece creer otra cosa. Y el resultado es el que estamos viendo, la trumpización del fujimorismo. O, más precisamente, del keikismo, porque no todos los Fujimori están en esa línea.

Kenji Fujimori se ha diferenciado consistentemente de todas y cada una de las iniciativas conservadoras de su hermana, desde el encubrimiento al Sodalicio hasta el ataque al decreto legislativo que protege a las minorías (ver su artículo “Todos somos la minoría”, El Comercio, 6.4.17), pasando por el intento de restringir la libertad de prensa.

También se ha distanciado de la creciente agresividad antigubernamental de la bancada parlamentaria que conduce su hermana. La foto con Nancy Lange, la esposa del presidente Pedro Pablo Kuczynski, grafica el guiño al Ejecutivo.

Los embates contra Kenji desde el keikismo han evitado discutir los temas en disputa, usando argumentos débiles como que está siendo utilizado por los adversarios del fujimorismo. En verdad, como decía Antonio Gramsci, en política todos utilizan a todos, el asunto está en hacer uno su propio juego. Y eso es lo que está haciendo el menor de los Fujimori.

Paradójicamente, algunos conservadores apartados por Keiko y su entorno en su breve período liberal, ahora se ven representados por Kenji en su crítica al entorno keikista.
Los enemigos del fujimorismo dicen que no creen en Kenji, afirman que es solo una pose para ganar adeptos y que al final terminará mutando como su hermana y apoyándola a ella. Puede ser.

Pero el hecho es que hoy por hoy está jugando un papel significativo, socavando la indiscutida autoridad que Keiko pretende imponer en sus filas y desafiando abiertamente su estrategia de trumpización, proponiendo en cambio una alternativa más centrista, moderada y liberal. Si Keiko no logra silenciarlo o apartarlo rápidamente, tendrá problemas para conducir a su partido en los objetivos tácticos que se ha fijado. 


Tags relacionados

Keiko Fujimori

Donald Trump