Editorial: La condición de Castañeda

En medio de la emergencia, el alcalde de Lima parece sentirse políticamente vulnerable y reacciona mal a las críticas.

Editorial: La condición de Castañeda

El martes, durante una entrevista radial, Luis Castañeda Lossio, alcalde de Lima, señaló –en referencia al presidente Kuczynski– que "el ladrón cree que todos son de su misma condición". (Foto: Juan Ponce/El Comercio).

En su intento de llegar a la presidencia en el 2011, Luis Castañeda Lossio tuvo una mala performance, pero en el terreno municipal ha lucido siempre imbatible. No solo ha ganado las tres elecciones para la Alcaldía de Lima a las que se ha presentado, sino que mientras se ha desempeñado como burgomaestre capitalino, sus niveles de respaldo en las encuestas han sido sorprendentemente altos. Aun en la actual gestión, después del desaguisado del peaje de Puente Piedra, la encuesta de El Comercio-Ipsos registró que su aprobación –aunque descendiendo– llegaba al 45%. Y dos meses después, en marzo, ya se había empinado de nuevo hasta el 52%.

Por eso, quizás, la mella que verosímilmente podrían causarle a su popularidad los estragos del Niño costero en Lima lo están llevando a reaccionar bastante mal frente a las críticas por la falta de prevención y los defectos mostrados por ciertas obras de infraestructura construidas durante alguna de sus administraciones edilicias, y a sentirse aludido hasta por las observaciones negativas que no están dirigidas a él.

Eso fue exactamente lo que sucedió esta semana, cuando el presidente Kuczynski, refiriéndose a la caída de un puente del río Virú (en Trujillo) comentó que “los puentes que se construyeron en el siglo XVIII todavía están de pie y los que se construyeron en los últimos años se caen”; y Castañeda, persuadido de que era una pulla enderezada hacia él por lo ocurrido días antes con el puente Solidaridad, declaró: “Ahí hay una insinuación un poco baja, ¿no? Y entonces hay un dicho que dice ‘el ladrón cree a todos de su misma condición’”.

Y no contento con eso, agregó: “Hay otro también que dice ‘no te salgas de la caja porque tienes rabo de paja’”.

Sus declaraciones tuvieron por supuesto eco, pero no por ingeniosas como él pensó (el jefe de Estado “lo ha dicho bromeando, yo también le respondo con bromas”, apuntó en la misma entrevista), sino por inmotivadas y ofensivas. Pues si de insinuaciones bajas hablamos, es evidente que, a través de su antología dicharachera, le había dicho ‘ladrón’ al presidente, sin aportar pruebas al respecto y a raíz de una observación en la que no se había metido con él.

Probablemente lo que desató el brusco reflejo del alcalde fue una asociación entre los comentarios del mandatario citados arriba (que eran del 21 de este mes) y otros que había ofrecido un día antes, cuando explicó su resistencia a declarar el país en emergencia en los siguientes términos: “Lamentablemente, con la calidad de gobiernos municipales que tenemos, que dejan mucho que desear, vamos a abrir la puerta a la corrupción”.

Una sentencia dura, pero lo suficientemente general como para que quien no tuviera ese rabo de paja que Castañeda menciona en su refranero no se considerase incluido en ella.

¿Por qué hizo él la asociación entre los dos señalamientos presidenciales y qué lo llevó a sentirse aludido por ellos? Eso tendrá que responderlo el burgomaestre cuando la prensa se lo pregunte directamente. Pero en aparente previsión de esa circunstancia, y como quien busca convertirse en el campeón de una causa popular, ayer ya se apresuró a decir: “No creo que sea un buen mensaje de un presidente decirles a los alcaldes que son coimeros”.

No es esta ciertamente la primera vez que Castañeda reacciona con cajas destempladas ante las críticas. Recordemos, por ejemplo, su alusión a “los pitucos metidos a zurdosos” cuando el alcalde de San Isidro, Manuel Velarde, objetó su idea de construir pasos a desnivel en distintas avenidas de Lima. Pero en medio de la dramática situación actual, su sensación de vulnerabilidad política parece haberse extremado llevándolo a perder los papeles.

Una condición que en realidad no le conocíamos todavía y que obliga a repensar el título con el que los comunicados de su partido político suelen promocionarlo. ‘El mejor alcalde de todos los tiempos’ reza ese eslogan. Pero la verdad es que, en los tiempos de emergencia, no parece serlo tanto.