Editorial: Costumbres montesinistas

Acusar de ‘montesinista’ al Ejecutivo, sin evidencias, se ha convertido en un irresponsable hábito del congresista Galarreta.

Editorial: Costumbres montesinistas

El congresista y vocero de Fuerza Popular Luis Galarreta insistió esta semana en que la PCM contrata "trolls" para atacar a la oposición en las redes. (Foto: Rolly Reyna/ Archivo El Comercio)

“Nada hay más fuerte que el hábito”, recitaba el poeta romano Ovidio. La reiteración en el comportamiento de nuestros más célebres personajes políticos serviría como testimonio incontrovertible de aquella expresión devenida proverbio en nuestros tiempos.

En época de elecciones, por ejemplo, es moneda común que los políticos que se posicionan en los primeros lugares de las preferencias en las encuestas de opinión den credibilidad a las cifras y atribuyan los resultados a sus buenas propuestas y performances; y que cuando los sondeos no los favorecen, más bien pongan en entredicho su validez. Es decir, las perspectivas positivas se explican por los méritos propios y las negativas por las deficiencias ajenas.

La fuerza del hábito parece haber provocado que actitudes semejantes se prolonguen incluso bastante después de la contienda electoral, como lo atestiguan el congresista Luis Galarreta y sus contorsionadas lecturas de las más recientes encuestas.

Para el vocero de Fuerza Popular (FP), por ejemplo, el incremento de aproximadamente 10 puntos porcentuales en la popularidad del Gobierno no se debe a una adecuada reacción frente a las emergencias de El Niño costero sino a la inversión oficialista en publicidad. En cambio, cuando en una entrevista con el diario “Gestión” se le preguntó por el 48% de personas interrogadas que creía que Keiko Fujimori se había aprovechado políticamente de la crisis por los desastres naturales, respondió: “Felizmente hay un 52% que no ha sido contaminado con la información basura que maneja el sicariato de redes desde la PCM”, una forma de derivar la culpa a un costado y, simultáneamente, lanzar una grave imputación sobre la que volveremos más adelante.

Aunque el ejercicio recurrente más llamativo del congresista Galarreta es quizá el de evocar a Vladimiro Montesinos cada vez que tiene oportunidad, para endilgar al gobierno de Pedro Pablo Kuczynski o a uno de sus representantes el calificativo de ‘montesinista’. Un emprendimiento temerario toda vez que el encarcelado ex asesor presidencial fue una pieza clave en los numerosos delitos cometidos por el gobierno del padre de la lideresa del partido que hoy Galarreta representa.

Hace unos meses, no obstante, el parlamentario de FP recurrió al personaje de Vladimiro Montesinos para compararlo con el defenestrado ex asesor presidencial en temas de salud Carlos Moreno (famoso por promover ‘negociazos’ con los pacientes del SIS) y sugerir, asombrosamente, que este último pudo tener más poder durante sus dos meses en funciones que el ex jefe del SIN en los 10 años de gobierno de Alberto Fujimori. Luego, con ocasión de la censura al entonces titular de Educación Jaime Saavedra, volvió al mismo expediente para aseverar insólitamente que las críticas que un sector de la prensa había deparado a la decisión de interpelar y proponer la censura del ahora ex ministro reflejaba una reacción “que no se veía desde la época [en] que Montesinos manejaba los medios de comunicación”.

El último ejercicio de remembranza se dio el lunes en la entrevista ya comentada. Al ahondar en la hipótesis del “sicariato de redes desde la PCM”, Galarreta afirmó que el jefe del Gabinete, Fernando Zavala, “resultó ser una especie de ‘Montesinito’, porque paga gente, con plata de los peruanos, para mover las redes”. “Me lo ha dicho gente de adentro, porque, para su mala suerte, desde el gobierno de Humala al de Kuczynski, nosotros tenemos gente adentro que nos informa todo”, añadió para estupor de muchos.

Pese a que el primer ministro ha rechazado sus expresiones, Galarreta y su colega de bancada Héctor Becerril han insistido en la tesis de que la Presidencia del Consejo de Ministros paga a ‘trolls’ para atacar a sus adversarios políticos en redes sociales, sin presentar ninguna prueba al respecto. Por el contrario, la noción de que un partido político tenga “gente de adentro” infiltrada en un gobierno y que les “informa todo”, sí asemeja las tácticas de espionaje que se practicaron en la década de los 90 y que bien podrían recibir el mote de ‘montesinista’.

Decía el novelista francés Gustave Flaubert que “al llegar a viejos las costumbres se vuelven tiranías”. Algo que debería recordar el congresista Galarreta antes de reincidir en acusaciones sin evidencias.