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Editorial: Memorias de guerra

Las congresistas Salgado y Alcorta harían bien en evitar revivir las rencillas políticas.

Editorial

Salgado Alcorta

Las parlamentarias de Fuerza Popular Luz Salgado y Lourdes Alcorta se refirieron recientemente al diálogo sostenido entre la lideresa de su partido, Keiko Fujimori, y el presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski. (Foto: El Comercio/Congreso de la República)

Las parlamentarias de Fuerza Popular Luz Salgado y Lourdes Alcorta se refirieron recientemente al diálogo sostenido entre Keiko Fujimori, y el presidente, Pedro Pablo Kuczynski. (Foto: El Comercio/Congreso)

Las parlamentarias de Fuerza Popular Luz Salgado y Lourdes Alcorta se refirieron recientemente al diálogo sostenido entre la lideresa de su partido, Keiko Fujimori, y el presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski. (Foto: El Comercio/Congreso de la República)

Las heridas –sean estas físicas o emocionales– que causan los enfrentamientos más encarnizados suelen tomar un buen tiempo en cicatrizar, y las secuelas de la confrontación pueden percibirse incluso varios meses o años después de que esta haya culminado.

Aquello que puede pregonarse de un conflicto bélico o un desencuentro sentimental, también se puede trasladar a la arena política. Y es por eso que, aun durante un período de apaciguamiento, pueden encontrarse algunos rezagos de la conflagración que la precedió.

Este parece ser el caso de las congresistas fujimoristas Luz Salgado y Lourdes Alcorta, quienes recientemente se han referido al diálogo sostenido entre la lideresa de su partido, Keiko Fujimori, y el presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski, en términos no enteramente conciliadores.

El día ayer, las declaraciones de Luz Salgado llamaron la atención por la visión un tanto singular que tuvo sobre la evidente hostilidad que mantuvieron Fuerza Popular (FP) y Peruanos por el Kambio (PPK) durante la mayor parte del último año. “Nunca ha habido guerra. Lo que nosotros hemos tratado de decir desde el Congreso es que estábamos cumpliendo nuestra acción fiscalizadora”, expresó la presidenta del Congreso. Y añadió que lo que hubo fue “crispación por ciertos comentarios no solo de parte del presidente [Kuczynski], sino también de algunos de los nuestros, en respuesta a la provocación”. Un intento por negar lo incontrovertible (la beligerancia entre el oficialismo y la principal fuerza de oposición) a la par de atribuir toda la responsabilidad al Gobierno sin reconocer los excesos en la tienda propia.

Un día antes, la vocera alterna de FP, Lourdes Alcorta, había anticipado el exiguo ejercicio de contrición. “No depende de nosotros, sino del Ejecutivo. PPK tiene que ayudar a pasar la página con hechos. El Congreso va a apoyar como lo ha venido haciendo sin obstruccionismo” y “al Congreso y a la bancada de Fuerza Popular le molesta muchísimo que, de forma constante, el Gobierno lo esté acusando de obstruccionista. Que nos digan una sola cosa que se le haya negado al Ejecutivo” fueron las afirmaciones de la parlamentaria.

Cierto es que el Ejecutivo ha incurrido en no pocas provocaciones perjudiciales para el clima político (la declaración del presidente Kuczynski de “jalarse a algunos” parlamentarios de FP, la arenga en las vísperas de Nochebuena de no dejarse “pisar por una mayoría en el Congreso que ganó la primera vuelta pero no la segunda, que es la que vale”, o el innecesario manoseo al tema del indulto a Alberto Fujimori, por mencionar algunas). Pero también lo es que la bancada fujimorista ha actuado en numerosas ocasiones con prepotencia y desdén hacia los miembros del Gobierno (los insultos a los ministros en sus presentaciones ante comisiones y el pleno, la irresponsable censura al entonces ministro Jaime Saavedra, las derogaciones –sin dar mayor sustento ni escuchar explicaciones– a normas aprobadas por el Ejecutivo como los decretos legislativos 1323 y 1333, sobre crímenes de odio y facilitación del acceso a predios para proyectos de infraestructura, respectivamente, y hasta la calificación de ‘Montesinito’ al primer ministro Zavala, entre varias otras embestidas).

No se trata aquí, sin embargo, de llevar un marcador de quién dirigió más afrentas al bando opuesto ni de quién las provocó. Se trata más bien de que nuestros representantes políticos reconozcan sus propios defectos y excesos, a fin de no incurrir nuevamente en ellos.

Así las cosas, si los integrantes de FP y PPK quieren hacer memoria sobre lo ocurrido durante los últimos 12 meses, lo más conveniente sería que lo hagan de forma introspectiva y con el ánimo de enmendar el camino, en lugar de sucumbir a la tentación de regresar a la dinámica de lanzar pullas gratuitas. No vaya a ser que por mucho recordar, los peruanos tengamos que volver a vivir otro año de una guerra estéril.

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