Editorial: No culpen a la lluvia

Castañeda no puede desentenderse de su responsabilidad arguyendo que la ingeniería “es siempre superada por la naturaleza”.

Editorial: No culpen a la lluvia

Ni el alcalde de Lima, Luis Castañeda, ni el gerente de infraestructura vial de Emape, José Luis Justiniano, han dado alguna explicación coherente sobre el colapso del puente Solidaridad ocurrido el último jueves. (Fotos: Captura de video).

La devastación provocada por El Niño costero en el país ha desnudado varios problemas gestados tiempo atrás. Fundamentalmente, la falta de previsión y la existencia de obras defectuosas. La responsabilidad de ambas cosas alcanza al Estado en todas sus instancias: el Gobierno Central, los gobiernos regionales y los gobiernos locales (es decir, los municipios). Y aunque esta es la hora de la ayuda y no la de la distribución de culpas, es inevitable que, ante una falla muy dramática de la infraestructura que supuestamente estaba ahí para proteger a los ciudadanos o servirlos aun en situaciones límite, estos se vuelvan hacia sus autoridades a preguntarles qué pasó.

Lo que se espera de tales autoridades, por supuesto, es por lo menos una explicación razonable del problema –ya sea que lo hubieran generado ellas o sus antecesoras en el cargo– porque, de no ser así, lo que sufre es el tejido de confianza entre el representado y su representante, esencial en medio de la emergencia que vivimos.

En ese sentido, llaman poderosamente la atención determinadas respuestas del alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, y algunos otros miembros de su administración municipal ante demandas de la gente o la prensa por estructuras que han hecho crisis en la presente circunstancia. Cabe anotar, para poder ponderar adecuadamente tales declaraciones, que de los 71 millones de soles del presupuesto municipal del 2016 para la reducción de vulnerabilidades y atención de emergencias por desastres, 61,7 millones se gastaron en el mejoramiento del malecón de la Costa Verde, una obra que, más allá de sus propios cuestionamientos, resulta poco útil en la dramática coyuntura actual. Y en lo que concierne al presupuesto de este año para este mismo fin, las cosas no lucen mucho mejor, pues lo ejecutado hasta el momento es marginal.

Júzguese, entonces, en ese contexto los siguientes pronunciamientos.

El miércoles 15 de marzo, luego de que el río Rímac ingresara al Parque de la Muralla, el burgomaestre aseveró en tono despreocupado: “El río […] aquí un poco se estrecha, por eso se produce, digamos, esta suerte de turbina. […] Pero no es que el río en sí se haya salido por la corriente, sino por esta doblez que tiene allí”. Y también: “Si quieren, hay un ensuciamiento, por lo menos hasta este momento, de toda la muralla, pero no va a perturbar su funcionamiento ni cosas por el estilo”.

Pero al día siguiente, tras la caída del puente Solidaridad, también conocido como Talavera, que une (o unía, más bien) San Juan de Lurigancho con El Agustino por una nueva crecida del río, su actitud fue distinta. “Todo sucede casi rápidamente”, observó. “Un día hasta el Senamhi creo que dijo que iba a ser un año de sequía y no lo ha sido”.
Lo que no cambió, sin embargo, fue su resistencia a asumir responsabilidad alguna en la falta de previsión frente a lo sucedido. “La ingeniería tiene un límite que es superado siempre por la naturaleza”, sentenció esta vez con tono fatalista.

Similar reacción tuvo días después el gerente de infraestructura vial de Emape, José Luis Justiniano, quien sostuvo en una entrevista que el ya aludido puente no se ha caído, sino que “solamente se ha desplomado su apoyo extremo”. Y ante la sorpresa del reportero por la negación de lo que estaba a la vista de todos, remató: “Yo le estoy hablando técnicamente; usted no me va a entender quizá nunca porque es periodista”.

Lo cierto, no obstante, es que a él y sobre todo al alcalde de Lima se los entiende clarísimo. Las prioridades establecidas por la actual gestión municipal provincial fueron por un lado muy distinto al de la prevención de riesgos, por razones acerca de las que, por el momento, solo cabe especular. Y ahora tratan de desentenderse de esa responsabilidad, culpando poco menos que a la lluvia. Que lo logren, sin embargo, es algo que está todavía por verse.