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Editorial: Predicándole al coro

Una lideresa política que pretende serlo de dimensión nacional no debería dirigir sus pronunciamientos solo a sus partidarios.

Redacción

Editorial: Predicándole al coro

Editorial: Predicándole al coro

Por la fuerza de los votos, la señora Keiko Fujimori es hoy sin duda la principal lideresa de la oposición. Con una bancada que constituye mayoría absoluta en el Congreso y tras dos elecciones presidenciales en las que pasó a la segunda vuelta y perdió por estrecho margen, ella es la persona de la que el país espera críticas y propuestas que orienten la acción del gobierno actual, en consonancia con su presumible aspiración de volver a tentar el poder en el 2021.

No ha sido ese, sin embargo, el tenor de todas sus apariciones públicas desde el inicio de esta administración. Con frecuencia, la ex candidata de Fuerza Popular ha comparecido ante la ciudadanía, más bien, para declararse la víctima de alguna forma de campaña negativa y aseverar que esas presuntas insidias no mellarán su determinación de perseverar en su empeño de convertirse en una opción de gobierno. Un discurso, se diría, enderezado a reforzar la relación con quienes ya están convencidos de su propuesta, antes que a ganar nuevos adeptos; y que grafica muy bien aquello que en el mundo anglosajón se describe con la expresión ‘predicándole al coro’.

Algo de eso –es decir, de sermón dirigido a los ya persuadidos– tuvo el pronunciamiento que transmitió el último jueves a través de las redes. En él, efectivamente, la señora Fujimori habló nuevamente de una “campaña infame contra Fuerza Popular” y de estrategias para confundir que solo buscarían detenerlos. Y cuando se propuso rebatir los argumentos sobre los que estaría cimentada tal campaña, se limitó a repetir descargos que suponían que el actuar de su partido es virtuoso por el solo hecho de provenir de él.

Así, al referirse a las críticas al fujimorismo por no haber respaldado la formación de una comisión en el Congreso para investigar los abusos y violaciones ocurridas dentro del Sodalicio, señaló que su bancada “responsablemente propuso una ley para declarar la imprescriptibilidad del delito de violación para menores de edad”, así como la creación de una comisión investigadora “que abarca de manera general todos los casos de violación sistemática denunciados a nivel general”. Un proceder que debemos considerar responsable porque ella así lo dice y que no atiende a las objeciones sobre la insuficiencia de la primera medida y lo vasto de la segunda para satisfacer la demanda de las víctimas del Caso Sodalicio.

En lo que concierne, por otro lado, a la iniciativa para controlar los medios de comunicación presentada por las congresistas Letona y Aramayo, sentenció que “es un proyecto de ley que pretende erradicar a los corruptos de la prensa” y que “no significa una ley mordaza, porque la libertad de prensa no está en peligro”. Es decir, repitió el supuesto fin de la iniciativa sin entrar en los mecanismos que propone y que son precisamente los que se han identificado como lesivos a la libertad de prensa. Esta, sin embargo, no estaría en peligro porque ella lo afirma.

Por último, en respuesta a quienes le atribuyen a su partido una conducta que soslaya los derechos de algunas minorías, proclamó: “Quiero ser enfática también en decir que Fuerza Popular condena los crímenes de odio, la violencia y cualquier tipo de discriminación”. Una declaración que habría requerido de algunos ejemplos para demostrar que es algo más que un alarde retórico. Particularmente cuando los contraejemplos abundan.

En suma, pues, una arenga que no podría haber convencido a muchos de los que hasta ahora no tienen una idea formada del fujimorismo –o tienen una negativa–, por la sencilla razón de que las arengas no están destinadas a convencer. Son, en realidad, inflamadas piezas oratorias para infundir valor a los combatientes del propio ejército y conminarlos a cerrar filas frente al enemigo, real o imaginario.

Si la señora Fujimori tiene en su partido un problema de división interna que resolver, probablemente sus palabras hayan tenido algún sentido. Pero si lo que quería era consolidar a través de ellas su imagen de lideresa política nacional, nos tememos que no lo ha conseguido.

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