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Editorial: Teletranspórtese, ministro

La citación de ayer del Congreso al ministro Thorne con carácter inmediato fue un innecesario acto de prepotencia política.

Editorial

Alfredo Thorne en el Congreso

El día de hoy el ministro de Economía y Finanzas, Alfredo Thorne, se presentará en el Congreso para responder por la conversación que tuvo con el contralor Edgar Alarcón y cuyo contenido íntegro fue publicado este domingo.

El día de hoy el ministro de Economía y Finanzas, Alfredo Thorne, se presentará en el Congreso para responder por la conversación que tuvo con el contralor Edgar Alarcón y cuyo contenido íntegro fue publicado este domingo. (Foto: Congreso de la República).

Foto: Congreso de la República.

Ayer, poco después de iniciada la sesión plenaria en el Congreso, el portavoz de Fuerza Popular (FP) Luis Galarreta solicitó la presencia inmediata del jefe de la cartera de Economía, Alfredo Thorne, para que responda por la conversación que sostuvo el 17 de mayo con el contralor Edgar Alarcón, difundida recientemente por un programa periodístico. “Es necesario que el ministro de Economía venga inmediatamente [...]. No vamos a continuar [la sesión del pleno] si el ministro no viene inmediatamente”, manifestó el congresista.

Fue así que, poco después de las 11 a.m. y sin debate previo (por decisión de la Junta de Portavoces), se aprobó con 78 votos a favor la moción de Galarreta –respaldada con las firmas del aprista Mauricio Mulder y del acciopopulista Víctor Andrés García Belaunde–. Más tarde, el parlamentario de FP justificó la intempestiva citación afirmando que su bancada “[había] tratado de darle tiempo al Gobierno para que se dé cuenta de que está en un grave error y que ellos mismos deberían renunciarlo al ministro (sic)”.

Lo que no explicó Galarreta fue cómo, recién 11 días después de la divulgación parcial del audio de la conversación y 4 días luego de la difusión completa, y pese a que la fecha de retorno del ministro de una visita oficial a Europa era previsible desde hacía varios días, repentinamente adquirió consciencia de que la presencia de Thorne en el hemiciclo era urgente y perentoria ayer. Más aun, cuando solo un día después, el titular de Economía debía asistir a una cita ya pactada con el mismo propósito en la Comisión de Fiscalización.

Ello no obstante, cuando Thorne se excusó de acudir ayer al Parlamento en razón de sus labores, pero reafirmando que asistiría a la cita de hoy, el titular de la Comisión de Fiscalización, Héctor Becerril, anunció que esa invitación había sido dejada sin efecto y adelantó que no acudir al Congreso ante cualquier llamado era “causal de una censura”.

Que el Congreso cite al ministro Thorne resulta comprensible, a raíz de la publicidad que tuvo el contenido de la conversación entre él y Alarcón. Como habíamos señalado ayer, el audio traslucía caros errores políticos. En particular, la oportunidad escogida para abordar en una sola sesión el tema presupuestario y el informe que el órgano de control estaba elaborando sobre la adenda al contrato para la construcción del aeropuerto de Chinchero, y el exceso de verborrea, incluidos los comentarios sobre las decisiones del presidente Pedro Pablo Kuczynski con respecto a la aprobación de las “contribuciones” para la contraloría.

Pero aun cuando el control político del Parlamento en este caso estuviera justificado e incluso se llegue a cuestionar la conveniencia política de la permanencia de Thorne en el Gabinete, ello no condona la guisa con la que se condujeron los congresistas de FP, Acción Popular, el Apra y el Frente Amplio el día de ayer al tratar a un ministro de Estado como si fuera un requisitoriado por la justicia al cual se le pudiera forzar a dejar sus tareas y teletransportarse inmediatamente al hemiciclo. La ausencia de formas mínimas de cortesía llegó a un punto tal que la parlamentaria fujimorista Patricia Donayre votó en contra por la manera en que se pretendía realizar la convocatoria al ministro, y que otro congresista de FP como Kenji Fujimori aprovechó la oportunidad para mandar otro mensaje subliminal a través de su cuenta de Twitter en el que evocaba los evidentes ánimos combativos de sus compañeros de bancada.

Si toda la información estaba disponible desde hace cuando menos cuatro días, ¿no hubiera sido oportuno que se hiciera el llamado a Thorne con mayor antelación? ¿Acaso no era razonable aguardar a la citación ya acordada en la Comisión de Fiscalización? O en todo caso, ¿no se podía coordinar con el ministro para que su exposición se llevara a cabo el día de hoy, ya no ante una comisión, sino ante el pleno, como finalmente dispuso el Parlamento?

Exhibiciones de fuerza como la de ayer distraen del tema de fondo: las necesarias explicaciones que debe dar el ministro Thorne a la representación nacional.

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