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Editorial: "Transparentemente"

Keiko Fujimori apañó a su candidato a vicepresidente en el escándalo del audio adulterado.

Editorial: Transparentemente

Editorial: Transparentemente

En nuestro editorial de ayer (“Así son las cosas”), explicamos la impactante cadena de revelaciones que ha tenido lugar en las últimas dos semanas respecto de los más altos dirigentes del partido de la señora Keiko Fujimori. Como dijimos entonces y repetimos ahora, esas revelaciones dejan claras dos cosas. La primera: que Joaquín Ramírez, el secretario general (SG) que Fuerza Popular (FP) tenía hasta hace dos semanas, está involucrado en una investigación de la DEA (la agencia de los Estados Unidos para la lucha contra el narcotráfico). La segunda: que José Chlimper, el nuevo SG con que Keiko Fujimori reemplazó al primero, está involucrado con el surgimiento de una “prueba” que fue fabricada para defender al primero. 

Ante ello, como también señalamos, solo cabe sacar una de estas dos conclusiones: o Keiko Fujimori no se entera de nada sobre quiénes son y qué hacen sus más cercanos colaboradores, o es cómplice de ellos.

Luego de escuchar la forma como Fujimori “explicó” en el transcurso del debate de ayer lo sucedido con Chlimper, la primera de estas dos posibles conclusiones se hace aun más improbable de lo que ya era. La candidata no solo no mostró ninguna indignación frente al hecho de que su candidato a la vicepresidencia esté metido en una historia de manipulación de audios para engañar a la opinión pública, sino que faltó a la verdad para defenderlo, sosteniendo que José Chlimper “de manera transparente entregó toda la información que le llegó, un audio…” a “un medio de comunicación” (Canal 5, que lo difundió).

Tan “transparente” fue la entrega de la información por Chlimper, que solo salió a la luz que era él quien había entregado el audio en cuestión cinco días después de que este se difundiese y únicamente luego de que Mayra Albán, la periodista que renunció al canal al enterarse de la manipulación del audio y la participación de Chlimper, denunciase los hechos. Tan “transparente”, que, luego de que este Diario mostrase los e-mails que reforzaban la denuncia de Albán, tuvo que renunciar Pedro Arbulú, el presidente del directorio del canal, a quien el señor Chlimper “transparentemente” había entregado el audio y quien institucional y personalmente había negado toda participación en el tema hasta ese momento.

No hace falta fijarse en lo anterior, sin embargo, para sospechar con buenas bases que Chlimper estuvo involucrado en la aparición  de la prueba adulterada y que Fujimori está protegiendo ese acto.

Como se sabe, el audio que hace más de una semana difundió Panamericana parecía mostrar que Jesús Vásquez se retractaba del testimonio que había dado sobre Joaquín Ramírez, el entonces SG de FP, involucrándolo en una investigación de la DEA (agencia que habría pedido a Vásquez hacer de topo de Ramírez en los viajes que este último hacía a Miami en busca de avionetas). Como también se sabe, con la denuncia de Albán salió a la luz la versión completa del audio, en la que se oía que, en lugar de retractarse, Vásquez se reafirmaba en lo que había dicho. Esta versión completa, según lo probó la misma Albán con los respectivos e-mails, había sido enviada desde Miami al correo de José Chlimper.

Entonces, cuando Keiko Fujimori se une a la cínica explicación con la que su vicepresidente “dio la cara” solo luego de que las pruebas y los testimonios que lo señalaban fueron haciéndose contundentes, nos está pidiendo que creamos que Chlimper entregó a Arbulú un audio (el audio completo) que solo servía para probar que Vásquez había dicho la verdad. Y nos está pidiendo también que creamos que cuando se difundió la versión manipulada del audio, que fue rebotado copiosamente por todos los medios durante días sin que Chlimper dijera nada, su vicepresidente nunca se enteró, y permaneció desinformado sobre el tema durante días, hasta que salió el primer testimonio que lo involucraba en el asunto. En otras palabras, que al candidato a vicepresidente de Fujimori no solo nunca le interesó saber si el audio que había obtenido de Miami había sido difundido o no; sino que ni lee, oye o ve noticias (aunque sean tan importantes y sobre su propio partido), ni tiene asesores que se las cuenten. 

Keiko Fujimori ha trabajado muy duro en esta campaña para intentar demostrar que su proyecto político es diferente al que terminó liderando su padre: que ella no estaría dispuesta a usar esos métodos ni a cultivar esas alianzas. 

Los hechos que han aflorado en estos 15 días apuntan a que este ha sido un esfuerzo mucho más disciplinado que sincero. Muestran que ella está dispuesta a hacerse de la vista gorda, en el mejor de los casos, mientras cosecha de alianzas y métodos que recuerdan poderosamente al gobierno de su padre. Que el proyecto político fujimorista sí tiene algo así como un ADN inescrupuloso que trasciende los tiempos y los cambios. Que al fujimorismo le calza particularmente bien aquella expresión de Martín Fierro: “Si la vergüenza se pierde, jamás se vuelve a encontrar”. Y que, en fin, lo único que se ha vuelto transparente en toda esta triste historia es que el argumento de que la candidata es ella y no su padre ya no puede servir para ofrecerle tranquilidad a nadie. 

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