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Cambios radicales y candidatos, por Arturo Maldonado

Las expectativas de cambios radicales y de intervención del Estado han aumentado.

Cambios radicales y candidatos, por Arturo Maldonado

Cambios radicales y candidatos, por Arturo Maldonado

En el análisis de la opinión pública las encuestas son vitales, pero existen algunas diferencias entre aquellas encuestas que se usan para seguir la coyuntura y otras que tratan de medir tendencias estructurales en la sociedad. 

Las primeras sirven para captar el humor ciudadano respecto a temas de actualidad y a ciertos indicadores típicos, como la aprobación del gobernante de turno. Sin embargo, por su naturaleza coyuntural, este tipo de herramientas cuantitativas tiene limitaciones para un análisis social más profundo.

Las encuestas que tratan de medir tendencias sociales son más útiles para la investigación social. Aquí tenemos preguntas que profundizan en la superficialidad de otras mediciones e interrogantes que son medidas periódicamente, con lo que se gana en comparabilidad. 

Para el caso peruano, tenemos esfuerzos internacionales como el Latinobarómetro o el Barómetro de las Américas, pero también tenemos instituciones nacionales que realizan este esfuerzo académico de entender la evolución de la opinión pública. Un ejemplo reciente es la encuesta del Instituto de Opinión Pública de la Universidad Católica (IOP).

Esta encuesta permite comparar los cambios del 2011 al 2016, ambas mediciones previas a las elecciones, en algunas preguntas claves. Aquí resalto algunos resultados significativos. Por ejemplo, la proporción de personas que prefieren realizar cambios radicales en la orientación de la política económica ha aumentado de 33% a 39,6% en los últimos cinco años. Asimismo, ha crecido el porcentaje de personas que opinan que la sociedad debe mejorarse a través de cambios radicales de 35,9% en el 2011 a 43,7% en el 2016.

El motor de estos cambios radicales se ubica en el propio Estado. En los últimos cinco años, la idea de que promover una mayor intervención del Estado en la economía es la única forma en la que el Perú puede desarrollarse ha pasado de 42% a 51,6%. 

Un Estado retraído y que no regule el desempeño del mercado en aspectos claves es quizá una razón de por qué los ciudadanos se sientan nada satisfechos con el funcionamiento de la democracia, la que ha pasado de 10,6% en el 2011 a 21,4% en el 2016.

En las elecciones del 2011, estas tendencias se expresaron en el voto por Ollanta Humala. Pese a su moderación y alineación con la hoja de ruta, Humala como candidato expresó un deseo de cambio en el modelo económico y de una mayor intervención del Estado. Las cifras recogidas por el IOP indican que estas expectativas de cambios radicales y de intervención del Estado han aumentado, por lo que podría pensarse que ese espacio pudo haberlo ocupado un candidato más radical que Ollanta Humala, quizá un Antauro Humala, pero no ha sido así.

Pese a exigir estos cambios y evaluar pobremente a la democracia, los ciudadanos aún confían en algunos mecanismos del sistema, por ejemplo, en el valor del voto. La mitad de los peruanos consultados en esta encuesta expresaron que el voto sí tiene un gran efecto en lo que sucede en el país. 

Este resultado es sorprendente dadas las continuas desilusiones de candidatos que ofrecieron cambios y luego gobernaron con piloto automático (como Humala) o que viraron hacia otra dirección (como García). Este resultado puede ser una expresión de que lo que se busca no es un candidato antisistema, es decir, uno que se tumbe el actual modelo para refundar otro, sino uno que –como decía un viejo profesor– haga al Estado por fin funcionar. 

Sea quien sea el ganador en estas elecciones, la tarea que tiene delante es inmensa, antes de que efectivamente los ciudadanos busquen estos cambios radicales en alguien que quiera rehacer todo de cero. 

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