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Yo confío, yo tampoco, por Enzo Defilippi

"Lo más probable es que si la inversión crece no sea por lo que se haga desde el Estado".

Enzo Defilippi Profesor de posgrado de la Universidad del Pacífico

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"¿Cuál es el factor que mejor explica la caída de la inversión desde el 2014? Pues el fin del ‘boom’ de las materias primas". (Ilustración: Víctor Aguilar)

El comercio

Mucha gente recurre a los economistas cuando quiere saber algo sobre el futuro: a cuánto estará el dólar, cuanto crecerá el PBI, o si la inflación terminará devorando sus ahorros. Lamentablemente, la economía no es una ciencia exacta. A lo más, los economistas podemos hablar de escenarios probables y de regularidades observadas, pero no tenemos ninguna certeza de que se cumplirá lo que proyectamos.

Sobre la inversión privada, por ejemplo, sabemos que aumenta cuando la gente confía en que vendrán tiempos mejores. Pero es la psicología, no la economía, la que mejor explica por qué en determinadas circunstancias la gente confía y en otras no.

¿Qué puede explicar, por ejemplo, que la inversión privada haya crecido vertiginosamente durante el segundo gobierno de Alan García, cuando había sido él quien más había contribuido al colapso total de la economía peruana en los ochenta? Dos cosas: el ‘boom’ de los precios de las materias primas que exporta el Perú y un programa económico creíble. La combinación de ambos factores generó confianza en que la economía iba a seguir creciendo. Algo similar ocurrió cuando Ollanta Humala desechó La Gran Transformación, en un contexto en que los precios de los minerales seguían en el cielo. La inversión privada aumentó 10,8% y 15,5% en el 2011 y el 2012, los años de mayor incertidumbre sobre su orientación política.

¿Cuál es el factor que mejor explica la caída de la inversión desde el 2014? Pues el fin del ‘boom’ de las materias primas, que significó para el Perú la caída de precios de exportación más severa y persistente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Como lo que jalaba la inversión eran las expectativas de crecimiento generadas por los altos precios de las materias primas, tanto estas como la inversión se redujeron cuando las cotizaciones regresaron a su nivel usual. La incertidumbre generada por las elecciones que se avecinaban hizo el resto.

Lo curioso es que hoy la inversión sigue cayendo a pesar de que los precios de las materias primas se han venido recuperando (el cobre ha subido más de 30% en los últimos 12 meses) y de la visible cercanía del presidente Kuczynski con el empresariado. Desde mi punto de vista, esto revela que los inversionistas no confían en su habilidad para guiarnos por tiempos mejores.

¿Puede el Gobierno generar la confianza que requiere? En principio, sí, pero es muy complicado. Las expectativas son como un barco en el que la inercia hace que sea difícil cambiar de curso, y estas han venido cayendo desde que empezó la nueva administración. Lo más probable es que si la inversión crece no sea por lo que se haga desde el Estado.

Para nuestra suerte, los humanos tenemos la característica de adaptarnos rápidamente a las nuevas situaciones. Por ello, es probable que crecer 3% o 3,5% en el 2018 sea percibido como un tremendo progreso. Ello, sumado a que la inversión pública ha caído tanto que el efecto estadístico de cualquier normalización arrojará altas tasas de crecimiento, hace que no sea descabellado esperar una mejora en las expectativas.

¿Una suficientemente grande como para que la inversión privada despegue? No lo sé. Es que soy economista, no gitano.

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