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Fue Teté, por Enzo Defilippi

"El problema más grande que hereda el ministro Giuffra es el del aeropuerto de Chinchero. Y ese lo originó este gobierno al intentar destrabar el proyecto al caballazo".

Enzo Defilippi Profesor de la Universidad del Pacífico

Bruno Giuffra

(Foto: El Comercio)

(Foto: El Comercio)

El Comercio

En una entrevista publicada anteayer, el ministro Bruno Giuffra dice que la incapacidad del gobierno para destrabar ocurre porque son “herederos de una pésima gestión”. La excusa “yo no fui, fue Teté” es vieja. La novedad es creer que alguien se la vaya a comprar a estas alturas.

Veamos. Todos los gobiernos heredan problemas del anterior y este no será la excepción. Pero los realmente importantes (los que generan otros problemas) no son esos, son los estructurales. ¿Qué gobierno, por ejemplo, es el culpable de que no haya una carrera pública que permita contar con mejores recursos humanos? ¿Cuál es el causante de la corrupción, del “terror a firmar”, de que ejecutar cualquier cosa demore tanto en el Estado? Difícil que logre mucho un ministro que no lo entienda.

Por otro lado, el problema más grande que hereda el ministro Giuffra es el del aeropuerto de Chinchero. Y ese lo originó este gobierno al intentar destrabar el proyecto al caballazo en vez de exigirle al concesionario cumplir con lo que firmó.

Tampoco se ha firmado la adenda que permita construir la segunda pista del aeropuerto Jorge Chávez (que la nueva administración recibió en estado avanzado de negociación), y no hay siquiera una propuesta seria para reducir el número de muertes en las pistas (el problema más grave del sector). Y vamos a ver qué cosa puede destrabar él ahora que los funcionarios saben que las decisiones de este gobierno les pueden generar denuncias penales. Gracias, Martín. Fuiste un “excelente” ministro, dice él.

¿Qué hay de su propio legado en el Produce? Lo más resaltante que hizo fue desmantelar el Plan de Diversificación Productiva (PDP), pero sin reemplazarlo por algún otro que señale cómo elevar la productividad de la economía. La razón que dio fue que él no es amigo del “dirigismo estatal”. Y, sin embargo, unas semanas después dijo que iba a pedir un tratamiento tributario especial para cierto sector. O sea, no entendió el PDP o no sabía qué significa “dirigismo estatal”.

Asimismo, las mesas ejecutivas, el mecanismo de coordinación público-privada elogiado por expertos como Dani Rodrik, Chuck Sabel y Ricardo Hausmann, además del BID y el Banco Mundial, ha sido abandonado porque, según el ministro, se reunían mucho y la “mesa más ejecutiva” del ministerio era su escritorio. Es decir, nunca se enteró cómo se construye institucionalidad, se solucionan problemas en el sector público, o se generan los cambios que hacen avanzar al país.

Igualmente, Dime Tu Traba es una mesa de partes de quejas, pero sin ningún mecanismo horizontal que permita solucionar los problemas que las generan. ¿Y la acuicultura, una de las actividades con mayor potencial en el Produce? No avanzó nada. Pregúntenle a los empresarios del sector.

Como vemos, su sucesor también podría decir que es “heredero de una pésima gestión”. Pero ello seguiría siendo una pobre excusa para las malas decisiones propias y la falta de logros (o al menos, de una visión sobre cómo alcanzarlos).

David Brooks, columnista de “The New York Times”, dijo hace poco que Donald Trump sufría del efecto Dunning-Kruger, un fenómeno en el que una persona es demasiado incompetente para entender su propia incompetencia, lo que la lleva a creer que su desempeño es superior al que realmente es. Para mí, que se trata de una enfermedad contagiosa.

* El autor fue viceministro de Economía durante el gobierno anterior.

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