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Se viene otro huaico, por Andrés Calderón

“Si no se preparan, el huaico político y antitecnocrático terminará por llevarse a lo mejor de la administración ppkausa”.

Andrés Calderón Abogado. Profesor de la Universidad del Pacífico.

Se viene otro huaico, por Andrés Calderón

Se viene otro huaico, por Andrés Calderón

Se le viene un huaico político al presidente Kuczynski, y su equipo lo sabe (o debería saberlo).

Cuando pase el momento más duro de los desastres naturales, el lodo le lloverá al Gobierno, antes siquiera de que termine de levantar todo el que hoy afecta miles de calles y viviendas.

Aun cuando el Gobierno Central no haya tenido la responsabilidad principal en las medidas de prevención, lo culparán por los estragos de El Niño costero. Aun cuando trabaje duro en la recuperación de las zonas dañadas, lo acusarán de no estar presente. Aun cuando lo haga bien, le achacarán que todo está mal.

Cualquier cosa que tenga apariencia de discutible, será criticada de ‘equivocada’, o ‘corrupta’ si hay la mínima excusa para apretar ese gatillo. Pregúntenle al nuevo director de educación del Banco Mundial, Jaime Saavedra, si no. O a Martín Vizcarra, ad portas de una interpelación por escoger probablemente la menos mala de entre dos nada atractivas opciones para sacar adelante el aeropuerto de Chinchero.

La confianza ciudadana en el gobierno se sigue diluyendo (32% de aprobación presidencial según la encuesta de ayer de El Comercio-Ipsos), y eso impacta en la confianza empresarial, altamente correlacionada con la inversión privada. Si ese motor no prende, el país no avanza.

¿Saben qué otro aspecto se ve afectado? El capital humano. Animaba en julio pasado ver cuántas personas, con exitosa trayectoria en los sectores público y privado, se ponían la camiseta para trabajar en el ingrato Estado. Hoy, salvo honrosas excepciones, desalienta ver la lista de postulantes aptos para presidir los organismos reguladores. Episodios bochornosos como el de Chinchero y una saliente presidenta del consejo directivo lanzando torpedos al Estado (ella cree que al gobierno), por supuesto, también desaniman a los buenos cuadros.

Encima, están los enemigos de la “tecnocracia” (más parece que temieran a la economía de mercado). Responsabilizan a los tecnócratas –sin fundamento pero con metralleta– de la corrupción de Odebrecht, como si las coimas fueran inherentes a la independencia política y al rigor técnico. Hacen muecas de asco a quienes provienen del sector privado por las temibles ‘puertas giratorias’, como si haber trabajado en una empresa privada fuera un pecado (para ellos, Estado y empresa privada deben ser enemigos, supongo), y como si la inexistente carrera pública y los “atractivos sueldos” del Estado fueran suficientes para proporcionarnos una multitud de dónde escoger.

Criticar –qué duda cabe– es legítimo, y en el caso de los cuestionamientos a las reacciones políticas del Gobierno y a la destemplanza verbal del presidente, además, es acertado. Pero, ojo, también vale defenderse.

Haría mucho bien al Gabinete Zavala participar más activamente en las explicaciones de sus proyectos y decisiones, y confrontar directamente a quienes los objetan. Los ministros y sus equipos aventajan largamente en ‘expertise’ temático a la mayoría de parlamentarios de oposición –a juzgar por las excéntricas intervenciones de estos últimos en sus respectivas comisiones y en entrevistas mediáticas–. Si conoces más de un tema que quien te critica, ¿por qué no debatir con él? Si los decretos legislativos aprobados son positivos, ¿por qué no defenderlos más activamente y evidenciar públicamente la ausencia de fundamentos de quienes pretenden derogarlos?

Si no se preparan para lo que viene, el huaico político y antitecnocrático terminará por llevarse a lo mejor de la administración ppkausa. Y los ciudadanos nos quedaremos con puentes construidos no por ingenieros sino por políticos. Y ya sabemos cuál es el resultado. 

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