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De damnificados a reconstructores, por Carlos Meléndez

"Este gobierno, ensimismado en la evolución del PBI, olvida la responsabilidad de la vida comunitaria de la sociedad".

De damnificados a reconstructores, por Carlos Meléndez

De damnificados a reconstructores, por Carlos Meléndez

Empieza el momento de recuperación de las zonas afectadas por El Niño costero. El primer paso consiste en dilucidar cómo conceptualizar la reconstrucción. Un enfoque limitado pone énfasis en la inversión eficiente en ladrillo y cemento, y en la reubicación ordenada. Un enfoque más integral, por su parte, debe concebir la reconstrucción como un proceso social, dotando a los damnificados de herramientas para convertirlos en protagonistas y agentes de su propia recuperación material y comunitaria. De otro modo, la desafección respecto al Estado se agudizará más, como sucedió en Ica luego del terremoto del 2007.

En este sentido, es central la articulación y potenciación del capital social con que cuentan las poblaciones afectadas. Es decir, identificar los lazos asociativos fundantes del trabajo colaborativo organizado. Las políticas públicas –especialmente aquellas destinadas a situaciones de emergencia– requieren de un sustento social. En situaciones similares, pasados gobiernos apelaron a la sociedad civil popular como socio activo. Cooperación Popular (en el gobierno de Belaunde) y las organizaciones femeninas de base (en el gobierno de Fujimori) constituyeron pilares sociales claves. No hay reconstrucción sostenible sin una sociedad civil popular organizada.

Tengo la impresión de que el capital social en el Perú se ha devaluado en las últimas décadas por una combinación de exacerbación del individualismo, desconfianza del activismo público y desprestigio de la política. En el mundo popular, las organizaciones sociales languidecen, las juntas barriales son parte del pasado, las rondas campesinas han tenido mejores momentos de articulación y las asociaciones de regantes pierden vigencia. Hay poco organizado en la sociedad peruana más allá de iglesias (católicas y evangélicas) y frentes de defensa armados al gusto de la protesta de turno. ¿Por cuál entramado social fluirá el esfuerzo comunitario que la reconstrucción requiere?

No se trata de que el gobierno de Kuczynski decrete un mágico incremento del capital social, sino de que identifique la gravedad de su déficit. Por ejemplo, podría buscar acercamientos con partidos políticos con algo de enraizamiento social en el norte (Alianza para el Progreso, el Apra). Lamentablemente este gobierno está demostrando su mirada angosta para comprender la realidad nacional, sus bien intencionadas obsesiones sesgan el sentido de gobierno. Ensimismados en la evolución del PBI, olvidan la responsabilidad de organizar la vida comunitaria de la sociedad. Se emocionan con el capital financiero y se nublan ante el capital social. Su ‘sensibilidad social’ se concentra en las redes sociales virtuales, perdiendo de vista las reales. La presencia del Estado no se concreta en hashtags sino al cultivar la confianza ciudadana. 

Si no se da la transición de damnificados a reconstructores, el gobierno habrá desaprovechado su tan anhelada oportunidad de conectar con el país. Lo que es peor, habrá agudizado la desafección y se habrá convertido en la confirmación del estereotipo provinciano y popular sobre las élites limeñas: desmerecedoras de dirigir un país que no conocen. 

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