Keiko, Madre Superiora del Perú, por Marco Sifuentes

“Keiko se está arrinconando en su agenda antiderechos humanos y antilibertad de expresión”.

Keiko, Madre Superiora del Perú, por Marco Sifuentes

“Keiko Fujimori ha decidido que, si no puede ser Presidenta del Perú, por lo menos será su Madre Superiora, la jefa de un convento en el que los curas y pastores pueden hacer lo que les da la gana”. (Foto: Rolly Reyna/El Comercio).

Marco Sifuentes

El gobierno de PPK andaba tan a la deriva que solo un fenómeno de El Niño logró encauzarlo. Por ahora. Pero no olvidemos que se trata de un inofensivo pero muy torpe monstruo de Frankenstein al que se le notan las costuras desde lejos. Hay mucho que reclamarle: desde su pavorosa ineficiencia en seguridad ciudadana hasta su torpe permisividad frente a sospechas de corruptela (Carlos Moreno, Chinchero, Odebrecht) sin mencionar esos aires, tan propios del mismo PPK, de alegre distracción frente a la división entre lo público y lo privado.

Ahora bien, lo normal en cualquier democracia es que las críticas suelan apuntar a la figura presidencial y no tanto a los líderes de oposición. Después de todo, el barco depende del piloto. Pero está pasando que, en lo que va de este gobierno, la mayoría de situaciones de polarización –o de abiertas torpezas– que llaman la atención de la opinión pública están viniendo desde el Congreso. Específicamente, desde la mayoría fujimorista.

Esta semana, un grupo de fujimoristas recomendó la derogación del Decreto Legislativo 1323, emitido por este gobierno, que protegía a la población LGTBI de crímenes de odio. Una ley que no hacía absolutamente ningún daño a nadie, salvo, por ejemplo, a los que tomen en serio al pastor cubano Rodolfo Gonzáles, del culto Bethel. ¿Lo recuerdan? Hace poco le ordenó a sus fieles que “si encuentran a dos mujeres teniendo sexo, maten a las dos”. Unos meses antes, Gonzáles había bendecido a Keiko Fujimori en su cabina radial, mientras le pedía a su audiencia que rezara por su victoria.

Por supuesto, todo esto no extraña viniendo de la misma gente que, para defenestrar al actual jefe de Educación del Banco Mundial, Jaime Saavedra, alegó que quería “homosexualizar” a los niños. Además, el núcleo más duro de sus congresistas respaldó una marcha en la que uno de sus voceros mediáticos desafiaba a gritos a que los hijos de PPK y de la actual ministra de Educación se enfrasquen en “orgías trans”.

Todo esto es absolutamente coherente con su férrea defensa de los sodálites pederastas, bloqueando su investigación en el Congreso. Y también con su proyecto de Ley Mordaza. Porque Keiko Fujimori ha decidido que, si no puede ser Presidenta del Perú, por lo menos será su Madre Superiora, la jefa de un convento en el que los curas y pastores pueden hacer lo que les da la gana, pero el resto no puede decir nada porque sino se les acusa de homosexuales o corruptos.

Algo parecido, por cierto, hizo su padre luego del 5 de abril (recordemos que expulsó a 117 diplomáticos con la excusa de “prácticas sexuales dudosas” y que denigraba sexualmente a sus opositores en los diarios chicha).

Keiko podría enfocar todo su notable poder legislativo, como prometió, en implementar desde el Congreso parte de su plan de gobierno. Medidas concretas. Algo que sientan los ciudadanos de a pie. En cambio, ha decidido inmolarse como un bonzo atrayendo las críticas de los sectores liberales y progresistas. Se está arrinconando en su agenda antiderechos humanos y antilibertad de expresión. Pareciera que el fujimorismo no sabe hacer nada más. PPK no es el único a la deriva.


Tags relacionados

Keiko Fujimori

PPK