A mí sí me apoyan los empresarios, por Rolando Arellano

Nunca se dice que somos pobres porque no apoyamos más a nuestras empresas.

A mí sí me apoyan los empresarios, por Rolando Arellano

Cuando Keiko y PPK se “acusan” mutuamente de ser “el candidato de los empresarios”, se unen a una lista de estudiosos y líderes de opinión que olvidan reconocer el aporte empresarial al bienestar general. Veamos.

Muchos analistas señalan que el Perú es pobre porque fuerzas externas, los imperialismos, no le han permitido crecer. Otros dan, hoy en voz baja, una explicación antropológica, que nuestra incapacidad de aprender e innovar como otras “razas” nos condenaría a la pobreza.

Una línea de ideas lo explica a partir de la lucha de clases: el Perú es pobre porque los ricos no lo dejan crecer, dicen. Y hay quienes aseguran que nuestros dirigentes traban el crecimiento, con burocracia, corrupción y leyes que no se adaptan a las necesidades del pueblo. Y también se dan explicaciones económicas, el comercio internacional desigual de manufacturas y materias primas, o nuestra dependencia de la economía mundial. 

Nunca se dice que somos pobres porque no apoyamos el crecimiento de nuestras empresas. Y, por el contrario, se dice que lo somos por causa de nuestras empresas grandes, como se deduce de las declaraciones políticas escuchadas.

Por el otro lado, siempre se señala como los grandes héroes de nuestra historia a los militares que defendieron el territorio, los presidentes que liberaron a los esclavos o las autoridades que construyeron trenes. Nunca se reconoce a quienes construyeron la riqueza que permite que existan políticos, economistas o generales. 

Se habla del incanato, pero no de los millones de agricultores y artesanos cuyos tributos mantenían a sus ejércitos. No se dice que el Virreinato no hubiera funcionado sin que a las seis una lechera, luego la tisanera y el bizcochero le abastecieran de lo que necesitaba. Ni que sin los empresarios, que arriesgan sus ingresos, generan trabajo y pagan impuestos, no tuviéramos las carreteras y hospitales que inauguran los presidentes, ni las universidades donde los académicos buscan explicar el Perú. 

Se olvida que el crecimiento reciente no resulta de un enfrentamiento de clases o solo del buen precio de los minerales, sino del esfuerzo de millones de ciudadanos que, a falta de un Estado eficiente, forjaron su desarrollo con pequeñas empresas. Ciudadanos que se consideran empresarios aunque se insista en darles un nombre distinto; y que si hoy son pequeños, quieren un día ser grandes. 

Ya es tiempo de dar a nuestra sociedad y nuestra historia una interpretación que reconozca la importancia de los empresarios en su vida y crecimiento. Y así quizá en el futuro los políticos pelearán por ser, también, el candidato de los empresarios.