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¿Por qué miente la prensa?, por Carlos Meléndez

“Tales prácticas avergüenzan y menoscaban la razón de ser del periodismo y la comunicación social”.

Carlos Meléndez Politólogo

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"¿Cuál era la necesidad de este medio de manipular la noticia? ¿Por qué se hace frecuente este manejo caprichoso de la información? ¿Por qué la prensa miente?". (Ilustración: Víctor Aguilar)

"¿Cuál era la necesidad de este medio de manipular la noticia? ¿Por qué se hace frecuente este manejo caprichoso de la información? ¿Por qué la prensa miente?". (Ilustración: Víctor Aguilar)

Esta semana el diario “Exitosa” publicó en su portada una denuncia contra la ministra de Educación, Marilú Martens: su hijo postuló a una beca que otorga el Estado Peruano a estudiantes de “escasos recursos”, asegurando que “pidió 130 mil dólares… teniendo un ingreso familiar de 62.500 soles”. La noticia es inexacta y omite detalles importantes que relativizan considerablemente una presunta falta ética. La postulación se realizó cuando Martens no dirigía la cartera, el postulante no clasificó al beneficio, no se trataba de Beca 18, y más. Existía una clara manipulación de evidencia fáctica, presentada tendenciosamente para desprestigiar a la mencionada ministra.

¿Cuál era la necesidad de este medio de manipular la noticia? ¿Por qué se hace frecuente este manejo caprichoso de la información? ¿Por qué la prensa miente?

Hace poco fui objeto de una difamación de parte de “La República”. En su sección de trascendidos políticos del 21 de julio, afirmó mi presencia en la reunión de emergencia de la Comisión Política de Fuerza Popular realizada dos días antes. A pesar de que la misma nota registra fuentes fujimoristas que niegan mi participación, dicho diario pasó por alto esta contradicción y me endilgó afiliación “naranja”. ¿Cuál era el propósito? Presentarme a toda costa como sesgado políticamente hacia Fuerza Popular, con el objetivo de desvirtuar mi opinión independiente.

Estas malas prácticas periodísticas son frecuentes –antifujimorismo incluido– porque vienen acompañadas de impunidad. Mi carta de protesta fue publicada en la sección Cartas, pero no hubo retractación ni disculpas en la página correspondiente, como guardan las formas y los antecedentes. (Por ejemplo, una difamación similar a Milagros Campos fue motivo de disculpas porque personalidades progresistas actuaron informalmente como presión). Moraleja: sin contactos cercanos al consejo editorial, se zurran en los reclamos a este diario.

En busca de reivindicación intenté comunicarme con el Consejo de la Prensa Peruana (específicamente con su directora ejecutiva Kela León), mediante correos electrónicos y redes sociales, sin tener hasta la fecha respuesta alguna. ¿Por qué la indiferencia? ¿Será acaso porque el propio director de “La República”, Gustavo Mohme Seminario, preside el Consejo de Honor de dicho gremio? ¿O porque su hermana, María Eugenia Mohme Seminario, es la vicepresidenta? ¿Jueces y parte? Esta “concentración” parece apañar incluso a sectores que se autodefinen como autoridades morales en el ejercicio periodístico, cometiendo los mismos abusos que sus rivales políticos e ideológicos.

Tales prácticas avergüenzan y menoscaban la razón de ser del periodismo y la comunicación social. La indignación selectiva y el silencio conveniente son cómplices de su degradación. Forman parte, además, de los mecanismos de creación de “posverdad” que han convertido a nuestro debate público en un intercambio de memes. Ultraconservadores y antifujimoristas radicales –desde sus instrumentos mediáticos– han transformado la esfera pública en un lodazal para el enfrentamiento de dogmas, donde la tolerancia y la opinión independiente no caben. La prensa que miente porque cede ante intereses particulares traiciona su deber primordial de llevar información veraz al ciudadano. Se convierte, simplemente, en una máquina expendedora de mentiras.

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