Pa Pa Panamericano, por Marco Sifuentes

“¿Por qué no pateamos lo de los dichosos Juegos hasta mayo?”.

Pa Pa Panamericano, por Marco Sifuentes

"Si cancelamos los Panamericanos no será “una tragedia” como dijo PPK, en el colmo de la desubicación". (Foto: Difusión)

Marco Sifuentes

El agua tenía que llegar literalmente hasta Palacio de Gobierno para que Lima se diera cuenta de lo que estaba pasando. Tan solo unas horas antes, la élite política que vive allí se había enfrascado en un falso dilema: o se enfrenta el desastre o se organizan los Panamericanos.

Lo que ahora llamamos el Niño costero inició su embate hacia mediados de enero, como puede atestiguar cualquier piurano. En las seis semanas que pasaron desde entonces, a nadie se le ocurrió que la emergencia requería que el Gobierno Central coja dinero ya comprometido en otros asuntos. Menos aún, dinero de los Panamericanos, capricho de Alan García, que postuló a Lima como sede en el 2009; bandera del alcalde Luis Castañeda, que viajó hasta Toronto para recibir el estandarte de los juegos en el 2015, y obsesión de la bancada fujimorista, que utilizó su retraso como excusa –¿ya todo el mundo se olvidó?– para censurar a Jaime Saavedra el año pasado.

Es como si toda esa gente recién hubiera descubierto, gracias a Roque Benavides, que ocurrían desastres naturales en el Perú. 

Pues bien, ahora que en Lima ya se asustaron, hay dos rumbos de acción muy claros para las siguientes semanas. 

El primero, las autoridades deben hacer su trabajo. Es escandaloso que los gobernadores de las regiones afectadas –salvo Tumbes– hayan ejecutado menos del 6% de su presupuesto destinado a prevención. Esto incluye al “mejor alcalde de la historia de Lima” que solo ha invertido el 2,9% de lo que le corresponde, sobre todo cuando ha tenido más de un mes para ver cómo el desastre se acercaba, y ha declarado que los desbordes en la capital solo son “ensuciamientos”. Además, el Gobierno Central debe asegurarse de que los afectados no sientan que eso de que “hay plata” es otra muestra del humor inglés del presidente. Que la ayuda llegue de verdad. Efectivamente. Que no sea otro Pisco.

Segundo, los demás debemos poner el hombro. La oposición ha hecho bien en patear la interpelación al ministro Martín Vizcarra para después. Hubiera sido un espectáculo penoso. Tan ridículo como las propuestas de que los congresistas donen su sueldo o como este sainete de los Panamericanos. Concentrémonos en la ayuda eficaz. Basta de ruido. ¿Por qué no pateamos lo de los dichosos Juegos hasta mayo, cuando las aguas se calmen? El país no va a vaciar sus arcas en dos meses, y si, para entonces, los que quieren que se anule el evento deportivo pueden demostrar, con argumentos y números, que su propuesta no es politiquería y demagogia, entonces, adelante, que se desmonte todo. Mientras tanto, a callar y a ayudar. 

Si cancelamos los Panamericanos no será “una tragedia” como dijo PPK, en el colmo de la desubicación. Pero lo que sí resulta francamente enervante es que, en medio de la verdadera tragedia, los operadores políticos estén pensando en sus jugadas y no en este país al que parecen no sentir como suyo ni siquiera cuando se derrumba.