Popurrí de encuestas y marketeros, por Rolando Arellano

"Cuando te reclamen, te enjuicien o te metan preso no te quejes, porque tú fuiste cómplice".

Popurrí de encuestas y marketeros, por Rolando Arellano

"Los antiguos vendedores de remedios que prometían curar todos los males desaparecieron cuando la gente se dio cuenta de sus engaños. Pero unos pocos subsisten".(Ilustración: Giovanni Tazza)

Rolando Arellano C.

La palabra francesa ‘pot pourri’ significa ‘olla podrida’, un potaje en el que se mezclan productos que solos no alcanzan para un buen plato. Hoy haré un popurrí con dos temas no necesariamente muy frescos ni de buen aroma: el autogolpe del 5 de abril de hace 25 años, y los supuestos marketeros políticos que conocemos.

1. Las encuestas del autogolpe. Uno de los argumentos de quienes defienden el cierre del Congreso del 5 de abril de 1992 es que, según las encuestas de la época, la abrumadora mayoría de peruanos lo aprobaba. Olvidan que muchas veces la buena interpretación de los datos de una encuesta dice algo muy distinto de lo que muestran los números.

¿Qué nos diría una encuesta sobre si es correcto o no apropiarse de lo ajeno, tomada a gente que está participando en un saqueo? Sin duda todos dirían que es correcto, aunque un tiempo después, cuando vean que la turba se metió también a sus casas y quiso saquear sus pequeños negocios, se darán cuenta del error que cometieron. Como quizás pasó hace 25 años, cuando las encuestas mostraban un apoyo a algo que hoy la mayoría de peruanos considera que no fue una buena decisión, incluidos por cierto muchos de los que participaron en el autogolpe. Porque las encuestas son solo el termómetro que mide la fiebre, pero no sirven de nada sin un buen médico que interprete la causa de la calentura.

2. Los ‘marketeros’ políticos. Los antiguos vendedores de remedios que prometían curar todos los males desaparecieron cuando la gente se dio cuenta de sus engaños. Pero unos pocos subsisten, entre ellos algunos de los que se presentan, falsamente, como ‘marketeros’ políticos.

Ellos son esos milagrosos asesores que, como el medicamento que cura toda enfermedad, se dedican a supuestamente hacer triunfar a cualquier candidato; a cualquiera. No importa si es un militar sin preparación para gobernar un país o una señora sin experiencia para dirigir una ciudad, su técnica para ganar (y para vender pociones) es mentir bien. “Ofrece gas a 12 soles”, “Haz que marquen el NO, haciéndoles creer que votan contra la violencia doméstica” y verás que te eligen, dice a sus asesorados. ¿Pero no se darán cuenta del engaño, le dirán sus clientes? Quizás, pero cuando te reclamen, te enjuicien o te metan preso no te quejes, porque tú fuiste cómplice, contestará el fantástico asesor (y cuando eso suceda, yo estaré vendiendo sebo de culebra, u otro candidato, en un pueblo distinto, pensará).  

Por cierto, así como nadie llama médico al mercachifle de remedios, es un error llamar “marketero”, es decir, especialista en satisfacer a los clientes para lograr una buena relación de largo plazo, a alguien que hace exactamente lo contrario. Popurrí. 


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