¿Es PPK un Belaunde III?, por Carlos Meléndez

"Fernando Belaunde Terry también había formado un Ejecutivo –en el papel– “de lujo”, con el propio PPK en Energía y Minas".

¿Es PPK un Belaunde III?, por Carlos Meléndez

"Ni Belaunde ni PPK –hasta el momento– proyectaron confianza en plena emergencia". (Foto: Archivo El Comercio)

Carlos Meléndez

Aldo Mariátegui ha ensayado una provocadora analogía entre el actual gobierno de Kuczynski (2016) y el segundo mandato de Fernando Belaunde Terry (1980-1985). El parangón radica en la debilidad política de ambas gestiones, desbordadas por crisis que se potencian. Efectivamente, en el primer lustro de los ochenta Belaunde tuvo al frente un catastrófico fenómeno de El Niño, el inicio del terrorismo de Sendero y el MRTA, la profundización de una tendencia inflacionaria (agudizada por la crisis mexicana) y tensiones militares en el flanco externo (conflicto con Ecuador y participación en la guerra de las Malvinas). La imagen que el arquitecto proyectaba era la de un presidente que vivía en las nubes, con reflejos muy lentos para contener lo que sería la década más caótica de nuestra historia reciente. Actualmente, el impacto de El Niño costero, los escándalos de corrupción por Odebrecht, la conflictividad social y la inseguridad acreditan preguntarse: ¿es PPK un Belaunde III? 

Belaunde también había formado un Ejecutivo –en el papel– “de lujo”. Su primer Gabinete estaba presidido por Manuel Ulloa –cabeza del MEF– y contaba con especialistas sectoriales como Uriel García en Salud, Eduardo Orrego en Transportes y Comunicaciones y el propio PPK en Energía y Minas. Promovió una alianza con el PPC, encargado de ministerios claves como Justicia (por donde pasaron Felipe Osterling, Elías Laroza, Alayza Grundy) e Industrias. Por si fuera poco, el segundo belaundismo tuvo a un operador político sagaz como Grados Bertorini (en Trabajo). Aunque Acción Popular (AP) era una “federación de independientes”, tenía más autonomía política y presencia territorial que Peruanos por el Kambio. Por un lado, Alva Orlandini tomó control del partido en 1982 y fue un constante hostigador a las políticas económicas de Ulloa. Por otro, los diputados provincianos de AP se sumaban permanentemente a las críticas al Ejecutivo. 

A pesar de su experiencia, Belaunde percibía su gestión como políticamente débil (en algún momento le ofreció cuatro ministerios al Apra). La devastación de los departamentos norteños por el fenómeno de El Niño (1982-1983) arrasó también con la aprobación del gobierno. Según estudios históricos de Datum, el respaldo a Belaunde en su primer año fluctuaba alrededor del 56%. Durante 1982, su aprobación se había mantenido cerca del 30%, pero luego de El Niño, los índices cayeron hasta 19%. Una vez superado el fenómeno, las cifras de apoyo retomaron su nivel (26% en julio de 1984), para volver al piso de 19% durante el último año de mandato. 

Si bien los factores de la popularidad presidencial son diversos, en coyunturas de crisis escalonadas suelen imbricarse con la capacidad de liderazgo político para enfrentar la situación. Ante un Estado deficitario, no sorprende la falta de previsión y orden en la atención a las víctimas. No se espera una capacidad proactiva. En cambio, en la capacidad reactiva recae la legitimación del liderazgo. De la reacción pende el índice de popularidad en estos contextos. Ni Belaunde ni PPK –hasta el momento– proyectaron confianza en plena emergencia.


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