Te grabo, luego existes, por Patricia del Río

“¿Somos ya unos mirones impasibles como los degenerados de la discoteca?”.

Te grabo, luego existes, por Patricia del Río

"Sabemos que el Perú es el país con el mayor índice de violaciones sexuales de la región y el tercero en el mundo. Escuchamos todos los días denuncias de madres, jóvenes, estudiantes, trabajadoras a las que violan inmisericordemente". (Captura de video)

Patricia del Río

La escena se repite a cada momento. Los adolescentes se filman patinando, los skaters se sacan fotos haciendo piruetas, los hipsters fotografían a su perro, los tragones su plato de comida, las mamás a sus hijos. Las redes están plagadas de ‘selfies’ sobre nuestra vida personal. Nos hemos acostumbrado a vivir como eternos vouyeristas que espían a la vecina, que a su vez se desviste frente a su ventana porque le gusta que la miren. Somos una compleja combinación de exhibicionistas y stalkers; y en este nuevo mundo los hechos solo cobran relevancia si alguien los grabó. Solo impresionan si nos llegan en imágenes capturadas por el celular de algún mirón. 

Eso fue lo que pasó con el terrible y perturbador video con el que todos nos convertimos en testigos de cómo un degenerado violaba a una chica completamente inconsciente en una discoteca en algún lugar de Lima. El video es del 2015 o del 2016. La discoteca ya no está donde estaba. Nadie ha identificado a los responsables. La víctima ha quedado como una imagen borrosa y desenfocada del abuso. Pero, si de algo no nos queda duda alguna es de que la violación existió. O lo que es aun peor: la violación empezó a existir en el momento en que esas imágenes terroríficas, pixeleadas, monstruosas se viralizaron, se despersonalizaron y se convirtieron en una sucesión de cuadros de tan solo 10 segundos reproducidos hasta el cansancio en computadoras, tablets, laptops y cualquier otro dispositivo electrónico.

Sabemos que el Perú es el país con el mayor índice de violaciones sexuales de la región y el tercero en el mundo. Escuchamos todos los días denuncias de madres, jóvenes, estudiantes, trabajadoras a las que violan inmisericordemente. Somos consumidores impasibles de hechos monstruosos que se acumulan con nombres y apellidos en las páginas policiales de los diarios. Ayer, por ejemplo, la policía capturó en Cajamarca a Segundo Romero Romero, acusado de haber violado y dejado embarazada a una menor de edad con problemas mentales. La violación ocurrió en el 2008 y a nadie le importó mucho el caso. Nadie se espantó demasiado. Probablemente ustedes se estén enterando hoy de esta noticia, yo me enteré recién ayer. Y desde entonces no puedo evitar preguntarme: ¿Estamos realmente conmovidos por la violación sexual ocurrida en la discoteca o simplemente espantados por la crudeza de las imágenes? ¿Nos estamos convirtiendo en un grupo de seres humanos capaces de reaccionar con más ira frente a la pantalla que frente a los actos que día a día ocurren en nuestras narices? ¿Nos estamos convirtiendo en unos simplistas activistas del like? ¿Somos ya unos mirones impasibles como los degenerados de la discoteca? No lo sé, pero no puedo dejar de preguntármelo.


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