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27 de mayo del 2012 | 18 °C
Están en Iñapari para buscar trabajo luego del terremoto en su país. Alcalde señala que han empezado a colapsar servicios

VANESSA ROMO ESPINOZA
El Comercio
Fasio Etienne, haitiano de 39 años, se siente viejo. Con una esperanza de vida en su país de 50 años, quiere llegar rápido a Brasil para trabajar mientras tiene fuerzas. La migración fue la única opción que le quedó para mantener a sus padres, a su esposa y a sus tres hijas que tuvo que dejar forzado por la miseria.
Fasio quiere llegar rápido a Brasil, pero no puede. Desde hace nueve días está en la frontera de ese país con el Perú. Cuando quiso cruzarla, los policías federales brasileños se lo impidieron. El Gobierno de ese país decidió frenar desde hace dos semanas esta una ola de migración haitiana, por la cual han ingresado más de seis mil de ellos en el último año.
Fasio no fue el primero al que le cerraron las puertas. Hasta ayer eran 254 haitianos –contados por el alcalde de Iñapari, Celso Curi–, los que han tomado como campamentos el templo del pueblo y unas instalaciones del Gobierno Regional de Madre de Dios. Los alimentos llegan desde el municipio de Assís, en Brasil, y la salud está supervisada por la posta de Iñapari.
EL DRAMA DE LOS HAITIANOS
La mayoría de los que están en Iñapari tomó el mismo camino: Puerto Príncipe-Santo Domingo-Panamá-Lima-Cusco-Iñapari. Lo mismo hizo Fasio, a quien bautizaron como Fabio en Madre de Dios para evitar confusiones. Él es el líder de este grupo de haitianos y todos los días trata de conversar con las autoridades brasileñas para negociar una salida, o una entrada, más bien.
El padre René Salízar, párroco del templo que los acoge, señala que en Haití se desconoce que las fronteras están cerradas y hay agencias que trafican con los deseos de estas personas. “Invertí todo mi dinero para venir, US$3.200. No tengo más. No puedo regresar a la misma miseria en mi país”, dice Fasio.
El alcalde Celso está preocupado. En Iñapari solo habitan 2.500 personas y en una semana su población creció 10%. “Tenemos agua dos horas al día y ahora ya no nos damos abasto”, afirma.
El viernes pasado habló con el ministro de Relaciones Exteriores. “Nos dijo que se había emitido una norma para pedir visa a los haitianos para entrar al país, pero todos los días recibimos de 15 a 20 haitianos que se quedan hacinados aquí”, señala.
Han pasado nueve días y Fasio espera que en este décimo lo dejen pasar. “Solo quiero trabajar, mis amigos son albañiles, quiero que mi familia sobreviva”, dice.