La etnia consiguió que su territorio sea declarado área de conservación. Los últimos 500 estarán protegidos de la depredación de su hábitat
RODRIGO RODRICH PORTUGAL
El Comercio
El último maijuna que llevó discos en los lóbulos de las orejas murió en 1982, y con él toda una tradición. El adorno era símbolo de dignidad, pero ser maijuna entonces no era un honor.
Desde 1682, cuando sus ancestros fueron contactados por los jesuitas, los maijunas sufrieron la presión de las misiones, la esclavitud de la época del caucho, las imposiciones del sistema educativo y la intolerancia de la sociedad. Decidieron que para sobrevivir, debían occidentalizarse.
Por eso dejaron sus ropas tradicionales, cambiaron las cerbatanas por escopetas y no volvieron a construir malocas. También olvidaron su idioma y dejaron de colocarse discos en las orejas, su característico distintivo.
Sin embargo, cuando en la década pasada varias ONG y el Estado empezaron a valorar las culturas ancestrales, ellos comprendieron la dimensión de su fortuna. “Descubrimos que éramos ricos por nuestra cultura, por nuestra naturaleza”, asegura Romero Ríos Ushiñahua, presidente de la Federación de Comunidades Nativas Maijunas.
TERRITORIOS DEPREDADOS
Hoy solo existen 487 maijunas repartidos en cuatro comunidades de la región baja del río Napo. El más antiguo de sus nuevos pueblos se estableció en 1968. Desde entonces vivieron desprotegidos, a merced de taladores, cazadores y pescadores industriales.
Mauro Mera, maijuna de 48 años, cuenta lo que fue vivir así. “Los taladores se llevaron nuestros cedros, los cazadores las sachavacas, y los pescadores en sus botes todo el tucunaré”.
La depredación acaba con los recursos, y sin recursos una población migra, se desintegra y la cultura se diluye.
NUEVO REFUGIO
En el 2006, ya federados y con la asesoría del etnobotánico Michael Gilmore, iniciaron la gestión para declarar su territorio como área de conservación.
“Solo así ellos podrían fortalecerse para tomar control de sus recursos naturales y recuperar su biodiversidad y cultura”, explica José Álvarez, biólogo del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP).
Ahora, tras seis años de esfuerzos, el sábado 4 de febrero de este año los maijunas lograron que las autoridades del gobierno regional reconocieran 390.000 hectáreas loretanas como el área de conservación maijuna. Gracias también al apoyo del Programa de Conservación, Gestión y Uso Sostenible de la Diversidad Biológica del Gobierno Regional de Loreto, la ONG Naturaleza y Cultura Internacional y el IIAP.
La oportunidad que ahora tienen es aquella que otorga la protección. Ya no están indefensos a merced de los explotadores. Viven en un área protegida.
“¿Viviremos mejor?”, pregunta Hermelinda Mosoline, de 38 años y con 12 hijos, mientras se deja retratar sentada en un árbol. Ella quiere proteger a su estirpe. Los maijunas, nunca es tarde, tienen una oportunidad para proteger a su estirpe.