Los asháninkas de Cheni: un ejemplo de convivencia

26 de febrero del 2009
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En la comunidad asháninka de Cheni, ubicada en el distrito de Río Negro, de la provincia de Satipo, el mayor tesoro es su armoniosa convivencia. El día empieza con un prolijo aseo y, tras el desayuno, cada uno se dedica a sus labores.

Aunque esto pareciese no tener mucho de extraordinario, es el reglamento de convivencia el que marca la diferencia con otros poblados. Hay una labor para cada familia, para cada persona. Es imposible olvidar su función —señalan los pobladores— porque hay una copia del reglamento en cada vivienda de la comunidad.

El jefe de la zona, Mauricio Pérez (42), cuenta que la vida en Cheni no siempre fue así. Hasta el 2004 imperaban el desorden y las peleas familiares que traían como consecuencia las separaciones. La presencia de jóvenes descarriados y el gran consumo de masato eran comunes, además de la acumulación de basura y las enfermedades que afectaban a la mayoría de los 200 pobladores de las 34 familias del lugar.

“Un día nos reunimos, decidimos cambiar y lo logramos. Hoy vivimos en armonía y con buena salud. Tenemos un reglamento que todos cumplimos y ello se refleja en la limpieza y la convivencia, no tenemos borrachos ni nativos irrespetuosos, todos se ayudan entre sí”, señala Pérez.

En efecto, el orden y la limpieza resaltan en la zona. En toda la comunidad se puede apreciar tachos de basura bien pintados y destinados tanto para residuos orgánicos como para los no orgánicos. La conciencia ambiental también llega a cada casa, pues cada familia tiene un relleno sanitario protegido con techos para evitar los rayos del sol y los malos olores.

El horario de las actividades cotidianas, desde que amanece hasta las 9 p.m. (la hora de dormir), está escrito en el reglamento. Hay un tiempo para llegar a casa, para estudiar, e incluso para divertirse y descansar.

Y como toda regla, incluye una sanción para el que la incumple. Ante una falta, se llama la atención del infractor hasta en tres oportunidades, pero si reincide se lo somete a un castigo, que involucra servicio a la comunidad: debe barrer, reparar áreas comunes o trabajar en la chacra de alguien que se encuentre enfermo. En Cheni no existe maltrato físico ni verbal.

La familia nativa ha cambiado sus costumbres en tan solo cinco años. Ahora ya no habita en chozas de un solo ambiente, sino que tiene un dormitorio y una cocina que mantiene limpios y ordenados. Sus condiciones de vida han mejorado.

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