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26 de mayo del 2012 | 19 °C
La semana pasada, los ecos de la Amazonía peruana llegaron al Jardín Botánico Phipps y al Frick Fine Arts en Pittsburgh, Estados Unidos, con la muestra musical “Aires Asháninka III”

Por Diana Gonzales Obando
El pueblo asháninka ha sido vulnerado violentamente a lo largo de su historia. Los caucheros, terrorismo, narcotráfico, la explotación indiscriminada de sus bosques, las migraciones o las enfermedades, han afectado de distinta manera a esta comunidad pero, a pesar de todo, ha hecho perdurar sus tradiciones; entre ellas, la música. El musicólogo, compositor y director de orquesta Abraham Padilla empezó hace cinco años a investigar y trabajar en la recolección y sistematización de la música de esta etnia situada en la selva central del Perú.
Homenaje al Perú
Su propuesta se llama “Aires Asháninka”. Padilla concentra en un solo espacio a la recientemente creada Orquesta de Cámara de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos —orquesta de cuerdas, cuarteto de metales, cuarteto de saxofones, orquesta experimental y otros músicos—, acompañada por quenas, tambores, semillas y maracas. Además, un coro de treinta personas canta en lengua asháninka seguido por el sonido de piedras, que recrean el rumor de un río y el viento. Todo este espectáculo se construye alrededor de la solista Yéssica Sánchez Comanti, de 18 años, una joven de la comunidad asháninka de Poshonari, Junín. “Es un homenaje a la cultura peruana tenerla como eje central de nuestro trabajo”, dice Padilla sobre esta joven a quien descubrió en su comunidad natal mientras trabajaba en la música de la película “Asháninka” de José María “Chema” Salcedo. Quedó impresionado con su voz y sensibilidad. El espectáculo “Aires Asháninka” surge inspirado en el contacto con la naturaleza, los sonidos y la fuerza del entorno. Ahora va por su quinta versión.
Choque cultural
Una de las grandes dificultades para la escritura y lectura de la música peruana tradicional es la inexistencia de códigos de notación que la puedan plasmar adecuadamente, ya que presenta diferencias importantes con la estructura de la música europea (aprendida en las escuelas de música). Nuestra música es más bien cíclica, tiene pulsos irregulares, posee una afinación diferente y contiene timbres más complejos, entre otras oposiciones. “Sus características son casi imposibles de escribir de la manera usual occidental a riesgo de quitarle, justamente, aquello que la hace ser peruana, de “limpiarla” de su esencia”, cuenta Padilla. Por ejemplo, la música asháninka es comúnmente de carácter improvisado, cada vez que se canta suena de manera distinta, depende incluso del estado de ánimo de las o los intérpretes. Todo esto hace más compleja su integración con el sistema occidental.
Innovación
Sin embargo, para esta versión se ha logrado integrar los sonidos de cada instrumento, inclusive los de las piedras, en partituras para su interpretación: “Hay que inventar una forma de escribir nuestra música —propone Padilla—, sobre la base de la teoría musical contemporánea, pero respetando las diferencias y particularidades de cada lugar, algo de lo que los músicos académicos peruanos aún no son muy conscientes”.
Con “Aires Asháninka” no se pretende imitar la música de esta comunidad, sino crear una nueva forma de hacer música integradora, más cercana a nuestra realidad. “Lo que yo hice fue una obra diferente, como compositor peruano, basándome en nuestras raíces culturales; pero, además, incluyendo a la misma fuente dentro de la obra”, nos dice el director.
Hacia una teoría propia
El proyecto de Abraham Padilla va más allá de la composición e interpretación de música peruana de cámara. Tiene la intención de construir un corpus académico que incluya nuestra cultura en los estudios teóricos ya existentes: “Europa tiene su teoría, nosotros nuestra música, tampoco vamos a inventar la pólvora. Hay que aprovechar el estado del arte actual sin perder nuestra identidad”, agrega. En esta nueva propuesta, la memoria, el dolor y el tiempo amazónico se hacen presentes por medio de sonidos, para legar a nuestra propia cultura y a la occidental una música que guarda un abanico de saberes ancestrales, en la que se esconde el poder vivo de la selva.
Testimonio
Yéssica Sánchez Comanti explica así la música de su comunidad: “Tocamos con instrumentos naturales de la selva, hechos por nosotros mismos, como la quena, la chancha chancha, el bombonaje. La comunidad nativa utiliza la música para las celebraciones, como matrimonios, actividades. Tratamos sobre lo que pasó anteriormente, lo que ha dejado huella, como el terrorismo, pero también sobre cosas alegres dignas de celebrarse. El hombre y la mujer pueden cantar, pero no se juntan, cantan aparte, esa es la costumbre. A la comunidad le gusta la naturaleza, la cuidan, pero ahora ya no la respetan tanto como antes; pues cada vez que entran los madereros convencen a los jefes con unos “caramelitos”. Ellos no valoran lo que es nuestro”.
+ info
“Aires Asháninkas V” se presentará el próximo 8 de julio en la Escuela de Oficiales de la FAP (Av. Jorge Chávez s/n, Surco). Hora: 7:00 p.m. (El concierto en Pittsburgh fue dirigido por el maestro Oswaldo Kuan.)