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Enrique Polanco: "Estar fuera de moda empieza a ser vanguardia"

Tras 25 años alejado del circuito galerístico, Polanco presenta la exposición más importante de su carrera

Enrique Polanco: Estar fuera de moda empieza a ser vanguardia

Enrique Polanco: Estar fuera de moda empieza a ser vanguardia

Una Lima eterna poblada por barras bravas, sicarios esperando en sus motocicletas y perros que olfatean cerros de basura, de donde asoma una devaluada banda presidencial. En ese escenario, Enrique Polanco pone a caminar al cronista Guamán Poma (1534-1615), quien descubre que los abusos contra los indígenas, que le tocó ver en los tiempos coloniales, no han cambiado gran cosa en la actual urbe. "Esta muestra revela que estamos tocando fondo", dice el pintor expresionista, quien tras 25 años alejado de las galerías presenta en Yvonne Sanguineti "Camina el autor", la que considera su muestra más importante. 

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— En tu muestra has convertido al cronista Guamán Poma en tu álter ego. ¿Cómo se da esta identificación?
Guamán Poma fue el primer cronista indígena de la Colonia. Cuando empiezo a investigar sobre él, me enteré de que murió en Lima, algo que jamás imaginé. En el fondo, Poma, que está caminando en todos estos cuadros, soy yo. Así de simple.  

— Guamán Poma luchó por recobrar los derechos que la corona le había negado. ¿Hay derechos que tú quieras recuperar?
Ninguno. Este es un homenaje a Poma, trayéndolo a nuestra realidad. Posiblemente hoy sea poca la gente que lo conoce. Tiempo atrás había utilizado a Poma en algunos de mis cuadros, prestándome sus imágenes. Pero esta vez fui más allá.  

— Solemos ver a Guamán Poma en dibujos monócromos. ¿Qué color tiene él para ti?
Tiene el color de los Andes, es decir, todos los colores. 

— Lima es el escenario del cronista, tan colorida como deteriorada. ¿Cómo te acercas a la ciudad?
Mi acercamiento a la ciudad viene desde hace mucho tiempo, cuando ingreso a Bellas Artes, en 1975. Yo era entonces un patita miraflorino que descubre Barrios Altos y el Rímac. Allí me movía en esos cinco años, recorriendo todas sus cantinas. 

— En Bellas Artes conoces a Víctor Humareda.
A Humareda lo conocí de una forma muy extraña. Éramos un grupo de muchachos pintando en un taller. De pronto, se abre la puerta e irrumpe Víctor. Tuve la suerte de conocer al Humareda humano, no al personaje de las fotos. Conversábamos en su hotel tomando manzanilla, me hablaba de su vida, de sus conceptos del arte. Él me inyectó en las venas la pintura, el amor por el color y las imágenes triviales. "No hay que hacerse problemas por el tema", me decía. Y es cierto: ves un bodegón de Van Gogh y te hace volar a otras dimensiones.   

— Es allí cuando la ciudad se convierte en tu tema. 
Así es. Recuerdo la primera vez que aparecí en La Parada. Humareda vivía al final de la avenida 28 de Julio, en el hotel Lima. Allí vi otros colores. Lima ya era una ciudad abandonada, aunque ahora está peor. Lo que estaba mal entonces ahora ya no existe, se cayó. Dentro de ese abandono, vi una estética. Y decidí hacer de Lima la escenografía de todo lo que yo quiero decir.

—¿En qué se ha convertido esa Lima achorada que pintabas entonces?
A mediados de los 70, salíamos a pintar a la calle, mandando al diablo el currículo de la escuela. Nos íbamos a las 9 de la mañana y regresábamos a las 4 de la tarde. Pero te diré que en esa época Lima no era achorada. ¿Sabes cuándo se achora? Cuando aparece la pasta básica. Allí cambia totalmente, a fines de los 70. Entonces un delincuente fumado y en angustias era capaz de cualquier cosa. 

—Parece que nos hemos acostumbrado que la crítica en el arte se plantee de forma muy sutil. Tú pones a las autoridades corruptas en un hueco en la pista... 
¡Las nuevas generaciones de pintores quieren ser famosos al año de salir de la escuela! Yo tengo casi 40 años pintando, y recién empiezo a ver una luz al fondo. Siento que la pintura que yo hago, que nace del lugar donde radico, está fuera de moda, fuera de todo. Y por eso empieza a ser vanguardia. ¿Qué más contemporáneo que pintar lo que hay a nuestro alrededor? Acá somos los pintores a los que se nos censura. ¿Cuándo vas a ver que prohíban una obra de un arte conceptual? No hay nada que pueda contra la pintura.

—¿Cómo te defines?
Soy un pintor expresionista figurativo. Me sitúo bastante fuera del sistema comercial de las artes. Me las veo solo. ¡A veces soy mil oficios para parar la olla!

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Lugar: Yvonne Sanguineti Galería de Arte. Av. Grau 810, Barranco. Inauguración: miércoles 26 de abril, 7:30 p.m. Temporada: hasta el 20 de mayo.

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