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Pobladores de Lobitos sufren los estragos del petróleo en sus aguas

Se busca formar un comité de fiscalización para zanjar el asunto

RALPH ZAPATA

Recostado sobre un antiguo Volkswagen, Darío Carreño Zapata conversa con unos amigos afuera de su casa. El muchacho tiene 16 años, es moreno y siempre ha vivido en Lobitos, en la provincia piurana de Talara, donde ha aprendido a correr olas. Pero su máximo anhelo es convertirse en el Gastón Acurio de su pueblo, famoso porque todo el año recibe a turistas extranjeros que llegan cautivados por la belleza del mar y de sus olas. Para Darío, sin embargo, es inevitable no hablar de su tierra natal sin asociarla al petróleo, ese negocio que llegó hace unos años para transformarlo todo.

“¿Unos cuantos pozos? No, bueno fuera, hay un montón, mira nomás a tu alrededor –dice Darío mientras señala con su dedo en dirección a la playa, al pueblo y hacia el sector de Nuevo Lobitos–. Y cuando empiezan a perforar no dejan ni dormir. Hacen una bullaza. Mi viejo, que es pescador, prende el televisor mejor y ve películas, mientras espera la madrugada para salir al mar”.

Lobitos, la paradisíaca playa que por muchos años ha sido escenario de una fecha del Mundial de Tabla, ha cambiado. Lo reconoce, con honda pena, Shain Romero Medina, un talareño amante del surf, que todos los días a las seis de la mañana se mete al mar a correr olas. “El olor a petróleo llega hasta el mar y se siente. A veces mi tabla sale aceitosa, igual que mi pelo. El viento lleva partículas de petróleo que se pegan en la ropa. Estamos en medio de un campo petrolero, con una hermosa playa al frente. ¿Dónde se ha visto eso?”, se pregunta Shain.

ORO NEGRO A LA VISTA
Desde noviembre del 2009, la empresa petrolera de capitales chinos South American Petroleum Exploration Tech (Sapet) Development Perú Inc. empezó a excavar en los alrededores del pueblo en busca de petróleo. A la fecha ya tiene más de 500 pozos en los lotes VI y VII (que en total cubren 15.557,10 hectáreas), que les fueron concesionados desde 1993.

Lo grave del caso es que los pozos están por todos lados. No solo en los alrededores del pueblo, sino también al costado de un hotel, frente a la playa o cerca de las casas. Los balnearios aledaños tampoco se han escapado: Baterías, Punta Yapato y El Hueco forman parte de este raro paisaje, donde los turistas se asombran al ver tanta belleza rodeada por máquinas extractoras que parecen caballos de metal, y pozos.

Sin embargo, para Luis Wong, gerente de seguridad de la petrolera Sapet, que los pozos estén cerca de las casas u hoteles no es raro. “Nosotros tenemos un área de concesión y cada vez que vamos a perforar pedimos autorización al Ministerio de Energía y Minas. Además, esos hoteles tienen juicios con la Marina de Guerra y no tienen ni licencia de funcionamiento”, argumenta el funcionario.

En un recorrido por la zona, El Comercio comprobó que aún hay algunas ‘piscinas’ al aire libre. En estas se deposita el material de desecho de los trabajos exploratorios. Sin embargo, Wong indica que en esos recipientes, que están recubiertos por un plástico, “no hay material contaminante. Esto mismo se hace en la selva, al lado de los ríos que es más peligroso. Esas pozas tienen geomembrana abajo, y lo que contienen es agua y lodo. No hay químicos ni nada tóxico”.

Los derrames de petróleo cerca de los pozos son frecuentes, advierten los pobladores. Los días que estuvimos allí pudimos comprobarlo. Pero Wong responsabiliza a los mismos pobladores, “porque son ellos los que rompen las tuberías y se roban el crudo de petróleo, que luego refinan de manera artesanal”.

SENTARSE A CONVERSAR
Para el especialista en derecho ambiental Carlos Soria, pese a que la Ley del Procedimiento Administrativo garantiza el derecho de los terceros, el sector minero no respeta esa norma. “En ese contexto, si la comunidad no les exige nada a las compañías que operan en sus zonas, entonces no habrá cambios. Una empresa se puede portar bien si quiere, pero también puede jugar sucio y economizar”, comenta.

El especialista coincide con el gerente municipal de Lobitos, Jorge Vilela, quien anunció que la municipalidad tomará la iniciativa de formar un comité de fiscalización. “La idea es sentarnos a conversar y escuchar los reclamos tanto de la población, como los descargos de la empresa petrolera y llegar entre todos a buenos acuerdos”, indicó el funcionario. Esa es una excelente idea que debe ocupar la mente de todos los actores involucrados en el futuro de Lobitos.

EN PUNTOS
En julio del 2010 Osinergmin cerró 65 pozos a Sapet por incumplimiento a las normas vigentes, pero Luis Wong, gerente de seguridad, sostuvo que fue porque no tenían el material suficiente para mantenerlos.

La municipalidad distrital de Lobitos aprobó por unanimidad, hace dos años, declarar zonas intangibles sus puntas, dunas y playas, e identificarlas como áreas de conservación ambiental. La Ordenanza 002-072009-GL/MDL refleja la opinión de los pobladores de Lobitos, pues participaron todos.

Sapet ha prometido dar trabajo a veinte pobladores para que se desempeñen como miembros de seguridad de la compañía. Los vecinos esperan que esta vez cumplan porque la empresa solo ha pintado el colegio, ha realizado una chocolatada y ha regalado buzos a los alumnos de la institución educativa.

LAS CIFRAS
26 pozos más planea perforar este año la empresa Sapet, confirmaron voceros de la compañía.

800 personas viven actualmente en Lobitos. La mayoría de ellas se dedica a la pesca y al turismo. Nadie trabaja en la petrolera.

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