25 de abril del 2014 20 °C

Tambopata: el camino a Infierno te llevará al paraíso

Ver un atardecer a 40 metros de altura, cruzar el río en kayak, pescar pirañas, dormir acurrucado por todos los sonidos de la selva. Eso y más ofrece esta experiencia, ¿te animas?

Tambopata, una buena opción para todos aquellos que quieren un contacto sin intermediarios con la naturaleza (Fotos y video: Herbert Holguín)

HERBERT HOLGUÍN @hrbrthlgn
Redacción online

El vuelo saldrá de Lima. Previa escala en Cusco, llegará a Puerto Maldonado, capital de la región Madre de Dios, a pocas horas de la frontera con Brasil y Bolivia. Ya en tierra, el bochorno y la humedad son una suerte de susurros tímidos de lo que se viene. Aventura pura y calma en la selva amazónica. Aventura y calma, a la vez o alternadas.

Desde el aeropuerto, para llegar a nuestro destino, un lodge en el corazón de la jungla peruana, hay que tomar una vía que alguna vez fue asentada y plana, pero que las lluvias y el abandono humano han hecho digna de un rally exigente. A los lados de la trocha, cultivos de papayas, algo de ganado vacuno, invasiones y puentes a medio hacer. “Promesas incumplidas que hemos ido acumulando”, nos cuenta nuestro guía. La carretera nos lleva a Infierno, pueblo de inusual nombre al pie del río Tambopata, donde tomaremos una lancha con destino a la reserva natural del mismo nombre. Dejamos Infierno, vamos al esperado paraíso.

Mientras vamos sobre el río Tambopata, y los árboles son una suerte de telón de lo que veremos luego a ambas orillas, nuestro guía nos dice lo que haremos en los tres días que estaremos en su compañía.

DÍAS INTENSOS
El proyecto de ecoturismo Posada Amazonas consiste en un acuerdo entre los pobladores de Infierno y un grupo de empresarios limeños. Estos los capacitarán y les darán empleo en el hotel y en los servicios turísticos que brinda. Luego de 20 años, periodo que acabará en 2016, serán los propios pobladores los encargados de administrar y dirigir el proyecto.

Es en la Posada Amazonas donde nos quedamos, una amigable construcción en madera, el centro de operaciones para comenzar a conocer la naturaleza. ¿Qué mejor que verla desde las alturas? Es así que luego de una caminata llegamos a una torre que se eleva a 47 metros para ver el atardecer sobre la selva, mientras se ven pasar dos guacamayos, se escucha el grito de los monos aulladores y otros animales desconocidos para los citadinos. Es fácil imaginarse el grito de un otorongo mientras que el sol se oculta y convierte el cielo en todos los matices que pueden existir entre el rojo y el azul. De a pocos, mientras todos guardan silencio, las primeras estrellas aparecen. “Bajemos e iremos al hotel, vayan a dormir, mañana será un día duro”, nos advierte el guía. Empezaremos a las 5 de la mañana.

Es probable que al inicio cueste un poco dormir. Es que pocas veces se concilia el sueño con todos los sonidos de la selva imaginables. No obstante, el cansancio gana.

LA GENTE
Ningún viaje que se precie de ser recordado como exquisito se remite solo a cumplir una lista premeditada o espontánea de actividades. Las personas que se conocen en el camino enriquecen la experiencia. Es así que de la boca de nuestros guías nos enteramos que la comunidad nativa de los ese eja es la que domina este territorio. Que las familias Mishaja y Pesha protagonizan desde tiempos inmemoriales una versión selvática de los Capuleto y Montesco, aunque siempre ha predominado la armonía. Que Infierno es llamado así porque eso era el lugar para los primeros extranjeros que llegaron con la explotación del caucho, europeos y japoneses que jamás pensaron estar en una de las junglas más salvajes del planeta. Que los ese eja se redujeron a su mínima expresión durante esa sangrienta época de esclavitud. Que el turismo ha salvado a muchos, que la minería es una amenaza, que la deforestación parece casi un castigo injusto.

Cipriano, el sabio guía, nos dice que su padre es boliviano, uno de los que vino para explotar el caucho. Se casó con una descendiente de ese ejas. Que le da pena no hablar el idioma de sus ancestros maternos. “Es que en mi época no había escuelas bilingües”, dice, pero que pese a ello conoce algunas historias. Que quiere especializarse en guías de ‘birdwatching’, la observación de aves y la búsqueda de nuevas especies aladas. En el camino se le escucha hablar inglés con una sorprendente familiaridad. Ello, nos cuenta, es parte de la capacitación por la que todos los que brindan servicios pasaron.

El proyecto turístico ha ganado varios premios a la autosostenibilidad, por respetar el medio ambiente y por ser un ejemplo de cómo la inversión (hotelera) puede respetar el entorno y crecer con la gente del lugar. Juntos.

LA AVENTURA
La laguna Tres Chimbadas se creó de forma natural, cuando el río Tambopata cambió de curso. Hoy, esta parte, alejada del cauce actual del río, luce unas seductoras aguas oscuras y sus orillas son el hogar de nutrias y caimanes que, con un poco de suerte, se dejarán ver. Es aquí donde venimos con los primeros minutos de luz natural a pescar pirañas. Toda una aventura para ver de cerca a estos animales, uno de los favoritos para los directores de películas de terror. Nos cuenta Jesús, otro de los guías, que hasta hoy muchos se bañan en estas aguas sin problemas y que nunca ha habido un accidente con pirañas. Situación poco imaginable para un citadino cuando ve que varios ejemplares se disputan la carnada con una voracidad digna de un león hambriento.

Mientras pescamos sobre un catamarán nos cuentan que en esta laguna o cocha hay al menos 17 especies de peces y que el shansho es el ave que domina esta parte de la reserva. Se trata de un ser de plumas escarlatas que emite sonidos graves.

Es probable que a estas alturas ya se le haya pasado por la cabeza dejar todo y quedarse en el paraíso. Lo que viene no hará más que reforzar esta idea. Podrá caminar por la selva en busca de nuevas especies, por ejemplo. Toparse con ranas multicolores, monos aulladores, complejas colonias de hormigas y aves jamás observadas será una experiencia enriquecedora. Por la noche, si las condiciones son óptimas, salir en una lancha a ver caimanes, nos recordará que la selva es de ellos.

Al día siguiente, hacer canotaje en las tranquilas aguas del Tambopata permitirá ordenar ideas que estaban inconexas en la ciudad. Mientras que los pulmones se llenan de aire puro, una bandada de guacamayos cruza el cielo y pequeñas lanchas aparecen de vez en cuando. Luego, ya en tierra, podrá ir a esperar la llegada de decenas de guacamayos a una collpa, un banco de barro al que suelen llegar para alimentarse de la tierra, una fuente de minerales irreemplazable en su dieta. Hay un espacio cercano a la collpa acondicionado para que los visitantes puedan apreciar a las aves sin que ellas vean a los intrusos y se intimiden con su presencia. Aquí la paciencia es la clave: pueden pasar varias horas para ser testigo del espectáculo de colores.

Entre actividad y actividad, o al caer la noche, el lodge es un lugar acogedor para esperar la siguiente aventura. Siempre con el verde de los árboles alrededor, la comodidad del lobby y el bar, más la hospitalidad del personal, son otros puntos a destacar. En alguna de las mesas podrá acceder a un libro con mitos ese eja, textos acompañados de dibujos hechos por los niños del lugar, en cuyas páginas podrá conocer la cosmovisión de este pueblo que, al fin y al cabo, fue uno de los primeros que dominó estos parajes en armonía con el resto de seres vivos. Un buen recuerdo que puede llevarse del paraíso cuando haya que dejarlo.

DATOS
Pasajes Lima-Puerto Maldonado-Lima: 90 dólares en promedio.

Estadía de 3 días y 2 noches en Posada Amazonas: US$ 375 dólares (incluye actividades y buffet en desayuno, almuerzo y cena).

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