Alfredo Torres: "Humala busca estar bien con Dios y con el diablo"

El presidente ejecutivo de Ipsos Apoyo Opinión y Mercado afirma que el líder del Partido Nacionalista hace esfuerzos por acercarse al centro.

26 de julio del 2009

Por: Mariella Balbi

La última encuesta de Apoyo indica un alza de 6 puntos en la aprobación presidencial. ¿A qué atribuye ello?
En realidad es una recuperación porque el mes pasado tuvo una caída, pasó de 30% a 21% de aprobación, debido a la crisis de la Amazonía. Ha influido el cambio de Gabinete, que de todas maneras es una oxigenación.

¿Tanto aprecian las mayorías un cambio de Gabinete?
Es una renovación, un volver a empezar ¿no? Además en este mes la inflación ha disminuido, inclusive ha sido negativa y eso genera una mejor sensación en la ciudadanía. Apoyo observa que el índice de confianza del consumidor ha tenido una recuperación importante el último mes. Este es el factor que más pesa en el alza de la aprobación.

¿Es sólida esta alza?
Creo que en los próximos meses vamos a ver al presidente de la República en un sube y baja. Estará alrededor del 30%. Si hay una gran crisis descenderá a 20%, si las cosas mejoran llegará hasta el 35%. No habrá mucha variación porque hay un sector que aprecia lo que se viene haciendo, que la política económica es seria y que hay mejoras. Hacia el final del Gobierno, como ocurrió con Toledo, subirá.

¿Qué le fastidia del presidente García al 70% de la gente?
Su estilo de relación con el pueblo no gusta. Habría que mirar al presidente Lula o a Uribe, sus aprobaciones son altas. Tienen contacto mucho más continuo con la población, la actitud de García es más distante, más monárquica y eso genera frialdad. Además, aún lo afecta la imagen del primer gobierno. Ahora, el problema de fondo —que afectó a otros gobernantes— es la ineficiencia del Estado para solucionar las grandes carencias sociales. Seguimos teniendo 10 departamentos con más del 50% de pobreza. Eso genera malestar, frustración, sensación de abandono. Lula tiene programas sociales eficientes.

La población pide que el Estado funcione.
Así es. Además hay un cambio, se nota una insurgencia de los sectores provincianos que en el pasado no se veía. Están reclamando ser escuchados, respetados.

Se supone que este es el gobierno que más ha descentralizado.
Es verdad que ha transferido muchos recursos a las regiones y municipios. Pero el Estado no termina de funcionar adecuadamente y al ciudadano de provincias no le queda claro a quién tiene que reclamar. Lo habitual es pedirle al presidente, al Gobierno Central.

¿Perciben al presidente García como vertical?
Sí, pero como un vertical ineficiente. También es percibido como un político de derecha. Parte del problema es que fue elegido con un mensaje de centroizquierda. Existe la percepción de que mintió.

¿Entonces Lourdes Flores tiene cierta razón cuando aconseja al presidente acercarse más a la gente?
Siendo eso verdad, creo que es un poco tarde para cambiar. La imagen sobre el presidente ya está formada. Quizá podría reunirse más con los alcaldes, con las autoridades. Este año será difícil en cuanto a protestas y reclamos.

¿La gente quiere un cambio del modelo económico?
Eso es bien interesante. Cuando hacemos esa pregunta solo el 9% quiere que continúe el modelo actual. Ahora, cuando se pregunta qué tipo de cambios quieren, el 50% dice cambios moderados, ajustes. Y un 38% —que no es poco— desea cambios radicales. La prédica del cambio de modelo prende en la opinión pública urbana. Pero al hacer la pregunta específica sobre qué se quiere cambiar surge algo también interesante, el 65% dice mayor apoyo social a los más pobres. Eso no es cambio de modelo sino un Estado más eficiente. El 40% se pronuncia por una mayor protección a los trabajadores. La siguiente respuesta es más apoyo a la pequeña empresa. Y eso es algo que el Gobierno ha dejado trunco, se dio una ley pero quedó ahí.

¿Se pide nacionalizaciones de empresas?
Solo un 7%. No es una exigencia.

¿Cómo se ve la propuesta de una Constituyente, el adelanto de elecciones, etc?
La mayoría está por un período de cinco años, no quiere darles más trabajo a los políticos, por eso rechaza la bicameralidad. Prefieren que la plata se dedique a la gestión pública. Pero sí quisieran una renovación en el Congreso, que los parlamentarios no se queden cinco años.

¿La población no parece muy ofuscada por la pobreza o por la crisis económica?
Son dos temas diferentes, ¿no? La pobreza sí es un malestar muy grande en la población y está detrás de muchas protestas, sobre todo cuando se ve crecimiento y no hay redistribución.

La pobreza alimenta el radicalismo.
Sin duda. Alimenta el radicalismo en el voto y en las protestas. La gente simpatiza con cualquier protesta porque siente que es justo. El radicalismo también se expresa en el rechazo a la construcción de una hidroeléctrica o de una obra de infraestructura. Suele haber una actitud prejuiciosa en contra de lo que venga de Lima porque ellos son pobres y durante años han sido ignorados, marginados, engañados. Esa frustración genera desconfianza y esta lleva a actitudes radicales.

¿Qué tamaño tiene ese radicalismo? Si bien la encuesta es urbana…
Lo más aproximado a una medición como esa es el voto que recibió Humala en la primera vuelta del 2006. O sea, un tercio del país, las encuestas demuestran que esa cifra se mantiene.

¿Pero no hay tanta preocupación frente a la crisis económica?
Es que la población siente que el país está en crisis desde hace décadas. La palabra crisis no les cambia mucho las cosas. La crisis internacional es una noticia remota, no sienten que les afecta sustancialmente la vida cotidiana. En otros países la noticia diaria son los despidos, acá no. Se ha frenado el crecimiento económico, pero ha venido acompañada de una reducción de precios. Para el ama de casa eso compensa la caída en sus ingresos.

En la encuesta se observa que definitivamente el sur no quiere al presidente García.
El sur es la región que más lo desaprueba; además es el núcleo del radicalismo y el bastión de Ollanta Humala. Aunque el último mes ha crecido en el oriente. Más bien está perdiendo puntos en la costa norte y en Lima.

Antonio Brack es el ministro más popular. ¿Por qué?
Curiosamente ha pasado sin mella la crisis de la Amazonía. Es una persona que transmite honestidad y conocimiento de su tema.

El primer ministro Velásquez solo tiene una aprobación del 20%. ¿Qué significa esto?
Es particularmente baja, es el de menor aprobación en el Gabinete. Su gestión en el Congreso fue bastante desaprobada, creo que tiene que ver mucho con su estilo personal, de perfil bajo. Además tiene la imagen de un típico cuadro aprista y la gente espera a un independiente. Ahora, eso no es necesariamente malo porque puede ir de menos a más.

Yehude Simon se fue en olor de multitud, ¿no?
Sí, y la mayor parte del tiempo tuvo mayor aprobación que el presidente. Las últimas semanas, cuando viajó por todo el país dialogando, recuperó su imagen.

¿El diálogo es la fórmula mágica?
El diálogo bien entendido y con todos es un componente vital para la aceptación de los políticos. Pero es en la buena gestión pública donde se juega el partido de fondo. La crisis de Bagua consolidó la imagen de que el Gobierno no consulta a la población. También reforzó la imagen del gobierno “mecedor” y del mal manejo del Estado en la operación policial de Bagua. Hay cierto olvido de los errores, pero la opinión pública mantiene una atención flotante.

¿Cuán corrupto se percibe a este gobierno, normal nomás?
Sí, promedio. La gente tiene la imagen de que todos los gobiernos son corruptos. Casos como el de los “petroaudios” lo confirman, este ya se ha vuelto un símbolo. Pero no afecta tanto la popularidad porque la población considera que así son todos.

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