‘Ayayau, chim pum Callau’, un perfil de la identidad chalaca

La identidad chalaca y su lema, apropiado por el partido de los reos Kouri y Moreno, son remecidos desde sus cimientos

‘Ayayau, chim pum Callau’, un perfil de la identidad chalaca

El Callao, a pesar de estar ‘conurbada’ con Lima, goza, pues, de una autonomía que ha frenado todos los intentos de planificación y gestión conjunta de reformas metropolitanas. (Ilustración: Giovanni Tazza)

Fernando Vivas

Cuando los turistas oyen, minutos antes de aterrizar, la voz del capitán que les dice: “Welcome to the ‘proviiinsia konstitushonall dell kayau’”, no entienden nada. Esperaban estar llegando a Lima, que les importa un pepino porque su destino esencial es Machu Picchu. Pero “¿Cayau, what’s that?”.

No saben que el Jorge Chávez, la principal puerta de entrada al Perú y a Lima, queda en el Callao y que, en el fondo, somos una sola ciudad. El viejo aeropuerto de Limatambo en el límite actual entre San Isidro y San Borja se había quedado chico y acorralado por la expansión metropolitana. En el norte chalaco había una gran planicie junto al mar, sin balnearios, con terrenos agrícolas fácilmente expropiables y allí fue inaugurado el Jorge Chávez a fines de 1965.

Y una vez más, desde que se convirtió en el puerto más importante del Pacífico en América del Sur durante el siglo XVI, poblado casi a la par que Lima, aunque recién reconocido formalmente como ciudad en 1671, el Callao reafirmó su condición esencial de paso obligado y aduana hacia la capital y al resto del Perú.

Por supuesto, estar en el camino de viajeros y mercancías no es motivo de identidad relativa ni menoscabada. Mucha gente echó raíces, se afirmó chalaca y asimiló, primero que Lima y el resto del país, lo que desembarcaba por el muelle: marineros de etnias y apetitos diversos; migrantes que no hacían el camino largo hacia la sierra u otros puntos de la costa, pues les complacía esa población de playas pedregosas y esa estilizada península que se llamó La Punta; costumbres que se validaron allí antes de conquistar la nación.

Me quedo con una sola de estas últimas, porque da pie al grito esencial de la marca Callao y de la identidad chalaca: el fútbol. El deporte lo practicaron los marineros británicos que llegaban a fines del siglo XIX. Es cierto que élites limeñas atentas a lo que sucedía en Londres lo practicaban ya en sus encopetados clubes limeños, pero es en el Callao que el fútbol peruano se hizo de masas. Uno de los primeros equipos nacionales con hinchada, el Atlético Chalaco, se fundó en 1902 y –aunque no hay acuerdo definitivo sobre lo que voy a decir– existen versiones de que en sus partidos y en boca de la hinchada el lema “Chim pum Callao” se hizo popular. Y de hecho se menciona en la canción emblema del club, “Furia chalaco”. ‘Chimpún’ era el peruanismo para zapato de fútbol, derivado de la marca Champion y se coló en esa arenga, que también coreó la hinchada del Sport Boys a partir de su fundación en 1927 (el mismo autor, ‘Panchito’ Quiroz, del “Furia chalaco”, compuso la célebre polca himno del SB: “¡Vamos Boys!/ Quiero ver otro gol/ en tu score/. Y sentir/ el rugir/ del viril chim pum Callao”).

Cuando el partido que fundó Álex Kouri a fines de los 90 (aunque formalmente está inscrito con todas las de la ley recién desde el 2005) se bautizó Chim Pum Callao, fue un llamado de la selva que tocó las fibras de los chalacos de toda condición. José Carlos Rojas, estudioso de la política en el puerto, dice que, con tal nombre, “ganó en los camerinos”. Y desde entonces se entronizó confirmando que en el Callao se hace política, se hace gestión, se cobra (renta de aduana, peajes y también cupos) y se malversa con cierta eficiencia. Bueno, esto último es relativo, pues Kouri está preso, su sucesor Félix Moreno también, así como una colaboradora de ambos, Gioconda Tripi. Los coquitos del chimpún político se empezaron a gastar.

—Nostalgia chalaca—
La consigna de la identidad chalaca, entonces, nace en el fútbol y se pervierte en la política y el crimen organizado. El puerto permitió asimilar muchas cosas buenas, pero también hizo florecer mafias a expensas del comercio legal e ilegal. Los muelles chalacos son la principal puerta de salida de la cocaína. Obreros de construcción se matan tanto como estibadores, en la retaguardia del mal.

¿Es el mal organizado y el crimen arrabalero o de barracón parte de la identidad chalaca? No, eso es insostenible. Afirmarlo sería injuriante para la mayoría chalaca y su institucionalidad. Lo que sí es cierto es que hay una cultura machista, asociada a la salsa que romantiza la marginalidad urbana (y hasta la mistifica cuando se invoca a Sarita Colonia) y a cierto talento para montar ‘reality shows’ en las calles; que se está haciendo pasar en la TV abierta como nueva imagen semioficial del Callao, pues cuenta con el velado patrocinio de sus autoridades. No es casual que Juan Sotomayor, rival de Félix Moreno hasta que prefirió montar su propio partido Vamos Perú, haya sido productor de TV y haya llevado a personajes como Roberto Martínez a trabajar en el puerto. 

Los chalacos hastiados de esta seudofuria chalaca pueden refugiarse en el pasado y cantar la polca himno “Nostalgia chalaca”, de Manuel Raygada: “¡Chim pum Callao!/ Yo te añoro noche y día/y siento que esta lejanía/atormenta mi existir./ Loca mi alma se agita/de nostalgia infinita de volverte pronto a ver”). Y, en blogs y grupos de Facebook que pululan por estos días, se remontan al pasado heroico de chalacos que sobrevivieron a tsunamis, asaltos piratas y al combate del 2 de mayo de 1866 contra España. Evocan una rebelión interna, la de Manuel Ignacio de Vivanco, que al ser develada con ayuda de la milicia y de los civiles del puerto, inspiró que la Convención Nacional (la Asamblea Constituyente de aquel momento) le diera el título de provincia constitucional en 1857, que devino con el tiempo en rango de departamento, luego región, autónoma respecto de Lima.

El Callao, a pesar de estar ‘conurbada’ con Lima, goza, pues, de una autonomía que ha frenado todos los intentos de planificación y gestión conjunta de reformas metropolitanas. Por eso, ahora que la identidad y la furia chalacas están remecidas con las revelaciones de corrupción y las propuestas para congelar las cuentas de la región (salvo para el pago de planillas y programas sociales) e intervenir la región, el debate sobre su futuro asociado a Lima vuelve a estar sobre el tapete.

Ciudad puerto cosmopolita con centro histórico propio –qué pena el remezón destructivo que sufren las inversiones en recuperación urbana y artística que promovió Gil Shavit, confeso cómplice de Félix Moreno–, el Callao es ahora una tierra en trance. Esa infame imagen de ‘reality de barracón’ popularizada en la ‘tele’ de entretenimiento y también en los noticieros tendrá que colisionar con la imagen de la ciudad que afirma su contribución a la república y al combate contra las lacras que la asolan. Y, en el intento, recuperar el lema que le robaron sus autoridades.

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