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Una comedia delegativa: Kenji Fujimori provoca debate académico

El congresista dice que su padre ejerció una democracia delegativa. La viuda de G. O’Donnell, autor del concepto, lo corrige

Una comedia delegativa: Kenji Fujimori provoca debate académico

Una comedia delegativa: Kenji Fujimori provoca debate académico

El benjamín de los Fujimori Higuchi recibe a mi colega Gerardo Caballero para una entrevista en El Comercio. Kenji quiere demostrar que acompaña a su hermana Keiko en el aggiornamiento del fujimorismo, en su urgencia por vender un proyecto de mano firme con credenciales democráticas. Tiene un ojo morado, ganado en su afición por las artes marciales, y un asesor pendiente de sus frases y entonaciones. Gerardo lo pica diciéndole que su coetánea, la congresista Verónika Mendoza, ha comparado el régimen de su padre con el de Hugo Chávez. Kenji replica: 

“Yo considero que en el gobierno de mi padre hubo una democracia delegativa: cuando un país atraviesa un período de crisis, inestabilidad, incertidumbre, la población está dispuesta a ceder parte de sus derechos a cambio de que el gobierno le restituya el orden y la seguridad. En otras palabras, poner mano firme. Y eso fue lo que ocurrió en los 90” (13/9/2015).

Buena la que se armó. Varios columnistas, sorprendidos por esa visión benévola del fujimorismo duro, quisieron dejar a Kenji con el otro ojo morado y recordarle el flaco favor que hacía a su hermana. Kenji replicó con un par de cartas, a los portales Político.pe y El Montonero. En ambas, aclara que el concepto de DD lo extrajo de Jaime de Althaus y del politólogo argentino Guillermo O’Donnell. Cita a “La promesa de la democracia”(De Althaus, Planeta, 2011), donde Jaime, en efecto, dice que “la democracia delegativa caracterizó su régimen [de Fujimori]” (pág. 128).

Pero los golpes más fuertes no los recibió Kenji de los periodistas, sino de politólogos indignados.

Don’t play with GOD
Sucede que Guillermo O’Donnell, como su abreviatura, es Dios en la politología latina. No solo ha teorizado sobre nuestros trances, sino que ha bautizado a nuestras perversiones políticas. Justamente, hacia 1990, cuando trataba de teorizar sobre los gobiernos de Menem en Argentina, Collor en Brasil y el primer período de Alan García, acuñó el concepto. Lo usó en distintos escritos desde entonces, pero recién en 1997 lo define con más precisión e incluyendo advertencias críticas: “Las democracias delegativas se basan en la premisa de que la persona que gana la elección presidencial está autorizada a gobernar como él o ella creen conveniente, solo restringida por la cruda realidad de las relaciones de poder existentes y por la limitación constitucional del término de su mandato. [...] Puesto que se supone que esta figura paternal ha de tomar a su cuidado el conjunto de la nación, su base política debe ser un movimiento, la superación vibrante del faccionalismo y los conflictos asociados a los partidos. Típicamente en las DD, los candidatos presidenciales victoriosos se ven a sí mismos como figuras por encima de los partidos políticos y de los intereses organizados. [...] Desde esta perspectiva, otras instituciones –los tribunales y las legislaturas, entre otras– son solo estorbos”. (“Contrapuntos”, Paidós, pág. 293).

En el 2010, trabajó en la obra colectiva “Democracia delegativa” (Prometeo, Buenos Aires, 2011), publicada el año de su muerte. Por esa época publicó un artículo que resume su preocupación por el retorcimiento de las DD: “Respaldados en sus éxitos, los líderes delegativos avanzan entonces en su propósito de suprimir, doblegar o neutralizar las instituciones que pueden controlarlos. [...] Les tienta amputar o acotar seriamente las libertades cuya vigencia los mantiene en la categoría de democráticos. Que este riesgo no es baladí se muestra en el desemboque autoritario de Fujimori en el Perú y de Putin en Rusia, y en el similar desemboque hacia el que hoy Chávez empuja a Venezuela” (“La Nación”, 28/5/2009).

¡El propio O’Donnell liga a Alberto Fujimori con Hugo Chávez! ¿Por qué Kenji se puso una soga liberal al cuello? Probablemente porque él o su asesor no leyeron a O’Donnell y porque leyeron mal a De Althaus. Jaime recoge el concepto de DD para describir ciertos aspectos del régimen de Fujimori; no lo hace para justificar o atenuar su desenlace autoritario y corrupto, aludido críticamente en otras partes de su libro.

O sea, Kenji creyó encontrar un salvavidas teórico; e invocó –sin querer– toda una corriente crítica del fujimorismo. Charles D. Kenney, peruanista norteamericano, tras leer a Kenji, posteó en su FB el 20/9/15: “Antes de 1992, el Perú tenía un régimen democrático y O’Donnell nos dice que era un tipo específico de democracia, la delegativa. Después del autogolpe de Fujimori, el régimen no cumplía con los requisitos”. Ajá, el 5 de abril del 92 es la cuestión.

La voz de Gabriela
Guillermo murió en el 2011 a los 75 años. Dejó muchos discípulos y entre ellos a Gabriela Ippolito-O’Donnell, su esposa, también doctora en Ciencias Políticas. Ha estado varias veces en Lima y acompañó a su esposo en el 2009 cuando este recibió el doctorado honoris causa de la PUCP. Me cuenta, por Facebook, que está enterada de la declaración de Kenji. “Leí el post de Charles Kenney, fue alumno de mi esposo”. La llamo a Buenos Aires por Skype. Sonríe cuando me cuenta su sorpresa porque Kenji “ha reivindicado como cosa positiva algo que no lo es”

¿Fue delegativo el régimen de Alberto Fujimori? Gabriela responde con un marco de preocupación teórica: “Con un grupo de colegas, el 2010, hicimos el libro ‘Democracia delegativa’ y Guillermo siguió trabajando en otros conceptos de la democracia. Pero tenía una especial preocupación por la DD. Son gobiernos surgidos de crisis y con la gente buscando líderes que trasciendan. Una vez instalada una DD hay distintas posibilidades: ir de una DD a una democracia representativa, que la DD se establezca por largo tiempo, o que se deslice al autoritarismo como el de Fujimori”.

Gabriela no ubica ese desliz hacia el fin de los 90, sino en 1992. “Menem no llegó a disolver el Congreso en Argentina –me advierte–, eso no es delegativo, eso es una violación abierta de la democracia”. Le advierto que voy a hacer de abogado del diablo. ¿En el 95 Fujimori ganó en primera vuelta, no fue eso una suerte de reconstitución delegativa? “Que haya ganado en primera vuelta implica que era muy popular; pero el pasado [autogolpe de 1992] permite comprender lo que pasó después. Los líderes pueden recuperarse y pueden perderse”.

Le recuerdo a Gabriela que un colega suyo, Pablo Bulcourf, ha escrito un ensayo donde dice que el oficio de GOD fue “poner nombre a las bestias”. “Sí –dice Gabriela–, es una buena definición derivada de cuando Guillermo, al crear el concepto de DD, dijo que estaba nombrando a un nuevo animal en América Latina”. Ese animal tiene varios rostros nacionales, según el país que lo invoque. Antes de despedirse, la viuda O’Donnell dice, divertida: “Me provoca agradecer a Kenji Fujimori por mantener vigente el debate sobre las ideas de Guillermo. Esto demuestra que están vivas”.

Delegar o disolver, ese es el dilema en esta comedia protagonizada por Kenji. Votemos por nuevos episodios.

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