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Fugitivos: Cuatro fugas de nuestra historia republicana

El 9 de julio de 1990, Víctor Polay huyó del penal por un túnel. A continuación, cuatro fugas distintas de nuestra historia

Fugitivos: Cuatro fugas de nuestra historia republicana

Fugitivos: Cuatro fugas de nuestra historia republicana

1. Víctor Polay Campos, autor intelectual de su propio escape

Capturado en Huancayo en enero de 1989, el cabecilla del grupo terrorista Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) pasó sus primeros días en Castro Castro en una celda de castigo en la que no cabía ni echado ni de pie. Víctor Polay Risco, viejo militante aprista, exigió al Gobierno que respetara los derechos humanos de su hijo, ex secretario juvenil del partido y contemporáneo del entonces presidente Alan García.

‘Rolando’ exigía que se lo trasladara al pabellón emerretista. Los funcionarios del Instituto Nacional Penitenciario (INPE) le acondicionaron una celda en el abandonado venusterio, contiguo a la del senderista Osmán Morote. Poco después, Polay empezó a recibir a los periodistas, a quienes aseguraba que la revolución no se había terminado. Sus abogados exigían que se le juzgara por rebelión y no por terrorismo. ‘Rolando’ se mostraba desafiante en las audiencias. De vuelta en Castro Castro, se habían gestionado otros beneficios: un televisor, una radio tocacaset con la que escuchaba a Strauss y Serrat, y la llave de su celda.

Sur 35 grados al este
El plan de fuga se encontraba en marcha desde antes de que Polay pisara la cárcel. Por encargo de la dirigencia del MRTA, un grupo de excavadores perforaba un túnel de 250 metros de largo, a 18 metros de profundidad, desde un terreno en Canto Grande hasta el pabellón emerretista.

La madrugada del 9 de julio de 1990, aprovechando la huelga de trabajadores penitenciarios y la hora de relevo, Polay escapó junto a 47 compañeros. Cuando los guardias se percataron, lanzaron bombas lacrimógenas en el boquerón, neutralizando su propia respuesta. En 1992, una comisión investigadora del Congreso encontró responsabilidad política del ministro del Interior, Agustín Mantilla. Polay fue vuelto a capturar en junio de ese año. Ahora cumple cadena perpetua en la Base Naval del Callao.

2. El arquitecto de los mares vuelve a su isla por palabra de honor

Novel en las lides electorales, Fernando Belaunde Terry perdió los comicios generales de 1956 por escaso margen. El candidato de Acción Popular alegó fraude y se negó a reconocer su derrota. Pero Manuel Prado Ugarteche ya había asumido la presidencia, por lo que Belaunde decidió emprender una gira hacia el interior del Perú.

En mayo de 1959, se encontraba camino a Arequipa cuando Prado declaró estado de emergencia y lo mandó a detener en Pampa de Vítor por realizar mítines no autorizados. Belaunde fue trasladado ese mismo día a Lima y recluido en la prisión de El Frontón.

Aguas abiertas
Vecina a San Lorenzo, a 7 km al este de La Punta, la isla de El Frontón funcionaba como prisión desde 1917. Pensada como centro de reclusión para los delincuentes más peligrosos, pronto recibió a sus primeros presos políticos.

Belaunde, el más notable de ellos, planeó su fuga para el 30 de mayo. El dirigente acciopopulista Miguel Dammert debía pasar con su lancha a las 2 a.m. El arquitecto se lanzó al mar para darle el alcance a nado.

Dammert lo encontró a medio camino, pero se negó a tirarle la escala. “Lo hemos hablado con el partido y no es posible”, le explicó. “Déjame subir”, demandó en vano el fugitivo. La opinión pública rechazaba su detención y un grupo de abogados había desaconsejado el escape por las consecuencias legales que podía acarrear. La discusión se hizo larga y pronto los alcanzó una lancha patrullera.

Belaunde regresó a las mazmorras de El Frontón, pero fue liberado a los días. A su salida, el futuro presidente dedicó unas palabras a Dammert: “Miguel –y esto lo enaltece– no podía liberarse de su palabra. Demostramos que para nosotros es más fácil huir de la prisión que de un compromiso de honor”.

3. El sorprendente Alan García Pérez trepa por su vida

La noche del 5 de abril de 1992, Alberto Fujimori no había terminado de dar el mensaje del autogolpe en cadena nacional, cuando un grupo de escoltas le dijo al ex presidente aprista que su casa estaba rodeada por el Ejército. “¡Que salga Alan García con las manos en la nuca!”, gritó un soldado por altavoz.

Fujimori había demandado su captura “vivo o muerto”, y los militares empezaron a disparar contra su vivienda de Chacarilla, donde se encontraban su esposa Pilar Nores y sus hijos. “¡Que salga Alan García, carajo!”, volvieron a demandar.

Sentido arácnido
Jorge del Castillo –entonces diputado aprista– acompañaba a la familia y empezó a comprar tiempo con los soldados. García Pérez cargó dos armas y escapó por el patio trasero.

En su libro “El mundo de Maquiavelo” (Mosca Azul, 1994), el ex presidente cuenta que trepó paredes y se subió a los techos de las casas vecinas durante su huida. Todavía joven y con cierta agilidad, pasó la noche en un tanque de agua vacío. Los militares llegaron a entrar a su casa, que ocuparon por 40 horas, y se llevaron encapuchado a Del Castillo.

A la mañana siguiente, García saltó a la casa contigua, donde lo recibió una cara familiar. Juan Carlos Hurtado Miller, ex ministro de Economía y mensajero del ‘fujishock’, lo alojó por tres días. (Años más tarde, él mismo probó la clandestinidad, que le duró una década).

García cambió de escondite varias veces, mientras transmitía mensajes a la prensa desde “algún lugar del Perú”. Del Castillo gestionó su asilo político en Colombia y ambos viajaron a Bogotá en junio de ese año.

El líder aprista se instaló en París por los años siguientes. Caído Fujimori, aparecieron en Lima pintas de “Alan vuelve”. El escapista regresó en enero del 2001. Las acusaciones en su contra por enriquecimiento ilícito ya habían sido archivadas.

4. Montesino shuye con glamour cuando cunde el pánico

El presidente Ollanta Humala celebra anualmente el alzamiento militar de Locumba como un “levantamiento contra la podredumbre del fujimorismo”. La coincidencia con la fuga de Vladimiro Montesinos nunca ha sido esclarecida.

La aventura marítima del ex jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) fue su segundo intento de huida desde la aparición de los ‘vladivideos’, presentados en el Congreso el 14 de setiembre del 2000. Su caída fue presentada como una dimisión por Alberto Fujimori, que le agradeció los servicios prestados en tono elegíaco. Para entonces, Montesinos ya había viajado a Panamá en busca de asilo político.

Buscando a 'Vladi'
El ex asesor regresó al Perú el 22 de octubre, después de que el Gobierno propusiera, como requisito de los comicios anticipados, una ley de amnistía que incluía violaciones de los derechos humanos y narcotráfico. Montesinos aterrizó en Pisco con la autorización de Fujimori. El día 26, el presidente anunció una operación especial para detener a su mano derecha.

Fujimori fue a buscarlo a Chaclacayo, donde se le fotografió señalando distintos puntos en el espacio. ¡Por aquí! ¡Por allá! Sobrevoló Lima en helicóptero, pero evitó la mayoría de instalaciones militares. La madrugada del 29, mientras los hermanos Humala se alzaban en Tacna, Montesinos llegó al Yatch Club de La Punta con una peluca, whisky en mano, y partió hacia las islas Galápagos a bordo del velero Karisma.

Cuenta José Lizier, tripulante y dueño de la nave, que Montesinos y Fujimori se comunicaron por teléfono todo el camino. La travesía continuó en otro velero hacia Venezuela, donde el prófugo se operó los ojos y la nariz. Fujimori escapó a Japón y renunció por fax el 18 de noviembre. En junio del 2001, Montesinos fue capturado en Caracas y deportado a Lima.

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