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PERFIL: ‘Artemio’, el último cabecilla de Sendero Luminoso

El senderista fue capturado en la localidad de Tocache con una grave herida en el brazo. Gobierno destacó su captura como un “triunfo del Perú”

PERFIL: ‘Artemio’, el último cabecilla de Sendero Luminoso

Ha caído. Lo confirmó el Ministro de Defensa. El presidente Ollanta Humala ha dicho que este es “un triunfo del Perú”. Tras varios años de búsqueda, acaso el hombre más buscado de nuestro país está vivo y malherido a recaudo de nuestras fuerzas militares.

La historia del camarada ‘Artemio’ ha sido, tanto como su paradero durante muchos años, un misterio muy duro de desenmarañar. Poco a poco fuerzas militares, policiales y el periodismo han revelado detalles del líder senderista. Solo dos años atrás, en el 2010, se pudo dar con su nombre verdadero.

Florindo Eleuterio Flores Hala era arequipeño como Abimael Guzmán, hombre al que siguió siempre y por quien era muy considerado. Flores estudió primaria y secundaria en colegios de Camaná y decidió abandonar sus estudios a los 17 años. Es decir que, a diferencia Guzmán y ‘Feliciano’ (ambos en cárcel hoy), o del camarada ‘José’ (cabecilla senderista del VRAE) ‘Artemio’ no tuvo estudios superiores.

Según relató el periodista Óscar Castilla en El Comercio, en enero de 1979 Flores Hala se incorporó al Servicio Militar Obligatorio en el Batallón de Tanques número 221 de Locumba (Tacna), una plaza estratégica para el Ejército. En aquel tiempo, un grupo de senderistas se encontraba en plena ebullición ideológica en Ayacucho y contaba los días para lanzar sus acciones armadas.

Tras asimilar la vida castrense por 24 meses, un ‘Artemio’ de 19 años dejó el servicio en diciembre de 1980. Cuatro días antes, cadáveres de perros aparecían en los postes del Centro de Lima. Desde ahí, no se supo nada de Flores hasta 1984.

EL INGRESO AL HUALLAGA
Cuando el valle del río Huallaga era el mayor emporio de la droga de todo el Perú, el muchacho de 23 años que había dejado el ejército llegó a la zona de Aucayacu con una misión increíble y casi suicida: crear un nuevo bastión para Sendero Luminoso (SL) captando militantes subversivos e imponiendo sus reglas a los capos de la droga de Tingo María, Uchiza y Tocache.

Junto a un grupo de universitarios limeños vinculados a la organización subversiva, crearon juntos el comité regional del Huallaga. Con los años, Florindo Eleuterio Flores dejó de llamarse así para recibir los apelativos ‘Artemio’, ‘Pepe’ o ‘Negro’ logró extender la influencia senderista desde Huánuco hasta el valle del Monzón, Campanilla (San Martín) y Aguaytía (Ucayali).

Allí se enfrentó con los narcotraficantes peruanos y colombianos de la zona y, posteriormente, con las huestes del MRTA, que en los años 80 operaba en la zona del Huallaga. Todas las acciones armadas convirtieron a este joven en el portador de la “caja chica” de las bandas terroristas que operaban en Lima y en Ayacucho, informó nuestra Unidad de Investigación. En tanto, la policía antiterrorista apenas lo conocía.

ROSTRO REVELADO
Fue recién en agosto de 1989, que su rostro quedó registrado en el recordado video donde Guzmán aparece bailando Zorba El Griego junto a su cúpula, todos vestidos a la usanza de los viejos maoístas chinos.

Gracias a investigaciones de El Comercio mediante entrevistas a ex militantes senderistas, se llegó confirmar una serie datos adicionales sobre ‘Artemio’: celebraba su cumpleaños en los primeros días de setiembre, que realizó servicio militar en el Ejército, que en el pasado recibió visitas familiares procedentes de Arequipa y que él mismo había viajado a la Ciudad Blanca por motivos personales. Durante los 90, fue casi un fantasma con más de 9 apelativos. Sus propios subordinados creían en leyendas del cabecilla: pensaban que era piurano, por su marcado acento norteño y hasta creían que tenía estudios superiores.

LAS MUERTES A MANOS DE ‘ARTEMIO’
‘Artemio’ operaba desde hace 25 años en el Huallaga y es el responsable, según la Dircote, de más de 500 acciones terroristas y 1,000 muertos, entre policías, militares y civiles. Sus objetivos, a lo largo de dos décadas, han sido comisarías, bases castrenses y campamentos del Proyecto Especial de Control y Reducción de Cultivos de Coca (CORAH).

Se recuerdan todavía con escalofríos los asesinatos selectivos de todo aquel que era considerado un ‘soplón’ de las fuerzas del orden. Solo en los últimos 5 años, según cifras oficiales, ‘Artemio’ mandó a asesinar a 50 personas, entre senderistas, transportistas, narcotraficantes, hombres y mujeres, que él sospechaba que colaboraban con la Policía.

Es este hombre el mismo que, casi sosegado y didáctico en una entrevista brindada al periodista Gustavo Gorriti de IDL-Reporteros, quiso negociar su rendición. En el diálogo producido el 1 de diciembre y divulgado unos días después, ‘Artemio’ dijo que Sendero estaba prácticamente derrotado y pedía una vez más una tregua al gobierno. Estaba cantada su captura.