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Los 4 Humala, por Juan Paredes Castro

Cuatro personalidades coexisten en Humala. Nada ha hecho más evidente esta ‘cuatrinca’ que el reciente mensaje del presidente

Los 4 Humala, por Juan Paredes Castro

Los 4 Humala, por Juan Paredes Castro

El título de la columna no alude a los hermanos Ulises, Ollanta, Antauro y Alexis, sino a las cuatro personalidades y visiones políticas que coexisten en el propio Ollanta Humala.

Nada ha hecho más evidente esta ‘cuatrinca’ en una sola persona que el reciente mensaje del presidente, en el que prácticamente se lava las manos frente al futuro de la minería; frente a la violencia en la provincia de Islay, que comprende el proyecto de inversión en Tía María; frente al principio de autoridad, que él no parece entender; y, por último, frente al desarrollo sostenible de la región Arequipa, al que deja en manos divinas: “...la voz del pueblo es la voz de Dios”.

Que el Perú siga siendo un país impredecible, como lo acaba de subrayar Mario Vargas Llosa, es en verdad preocupante. Pero más preocupante es que el encargado de conducirlo, Humala, lo sea también. Cada vez sabemos menos si las formalidades democráticas se mantendrán, si los plazos de ejercicio del poder se respetarán y si el proceso electoral del 2016 tendrá, desde ahora mismo, las garantías de paz, estabilidad, libertad e imparcialidad.

El grave problema de personalidad y visión políticas del presidente Humala consiste en que dedica una buena parte de su tiempo a pensar y actuar como candidato del 2006 y 2011. Esa condición la tiene adherida a sus discursos, gestos y vestimenta, cada vez que escapa a provincias, donde promete “llevar el Estado donde los demás presidentes no pudieron llevarlo”. ¿No es que el Estado está a cargo de él? Ese es el Humala 1. Cree estar compitiendo por el poder en lugar de responder por el poder que ejerce.

El Humala 2 es el de los mensajes a la nación, el que habla ante el Congreso, el que encabeza paradas militares, el que recibe a embajadores en Palacio de Gobierno, el que dirige cada miércoles los consejos de ministros y el que comparte algunas funciones del poder con su esposa, Nadine Heredia, y deja otras para entretenimiento del primer ministro.

No suele dialogar con la prensa, cuya existencia lo irrita. Tampoco lo hace con la oposición, a la que juzga como su detractora. Observa a todos a través de los ojos y oídos encubiertos de la DINI, pero le molesta que lo observen y observen a su esposa. No entiende la democracia como un centro común de observación y vigilancia transparentes y bajo la ley.

El Humala 3 es el de la “Gran Transformación”, al que le hubiera gustado llegar al poder para quedarse, como Chávez, Correa o Lula. O que la postulación presidencial de Nadine Heredia le asegurara lo mismo.

El Humala 4 es el que no puede ser: el Humala demócrata, en el que creyeron, con ingenuidad, algunos suscriptores de la Hoja de Ruta.

Lamentablemente, en este corto circuito de cuatro Humala en uno, en lugar de un Humala 4 x 4, está hipotecada la suerte del sentido de futuro que busca país.

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