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Acuerdo Nacional para liberar los cauces, por Jaime de Althaus

La magnitud de este diluvio sin fin, que seguramente se repetirá por el cambio climático, obliga al país a ponerse serio

Acuerdo Nacional para liberar los cauces, por Jaime de Althaus

Acuerdo Nacional para liberar los cauces, por Jaime de Althaus

El gobierno ha convocado a sesión del Acuerdo Nacional este martes para discutir el tema de la emergencia nacional ante los desastres y explicar los beneficios de los Juegos Panamericanos. Para que dicha reunión no sea un saludo a la bandera, sería extraordinario que se procurara un acuerdo político y social no solo para atender la emergencia, lo que de por sí ya produjo el cambio de la confrontación a la colaboración desde que se suspendió la interpelación al ministro Vizcarra, sino en torno a decisiones que hay que tomar a fin de inaugurar una política nacional preventiva que destierre para siempre las inundaciones y la destrucción de cultivos, viviendas, sistemas sanitarios y otros activos.

En realidad, bastaría con que todos los participantes en el Acuerdo Nacional se comprometan a impulsar y defender la aplicación de una sola medida: el respeto a la llamada “faja marginal”, establecida en la Ley de Recursos Hídricos, que obliga a mantener un área intangible en ambas márgenes de los ríos correspondiente a una franja algo mayor a lo que sería la mayor avenida posible. La encargada de fijar y mantener mediante hitos los linderos de dicha “faja marginal” en todos los ríos es la Autoridad Nacional del Agua, que para ello dio la Resolución Jefatural 153-2016.

El tema es muy sencillo: si la “faja marginal” estuviese libre de interferencias (viviendas, desmontes, etc.) el río sencillamente discurriría aun en máxima crecida sin inundar nada, porque no habría ningún elemento físico que estrechase el cauce obligándolo a desviar su curso y desbordarse fuera de su lecho. 

Según el ingeniero hidráulico Jaime Valdez, si la ley se aplicara y la “faja marginal” se respetase, sería fácil aplicar soluciones técnicas tales como control de cárcavas, encauzamientos, embalses de control de avenidas, diques de enrocados, estructuras flexibles y otras que ahora no se pueden hacer porque el espacio está ocupado.

Pero el problema es que la ley no se aplica, por debilidad e incapacidad del Estado. Y porque es una decisión difícil de ejecutar, puesto que supone retirar y reubicar a mucha gente, que se resiste pese a saber que está en el cauce del río.

Pero la magnitud sin precedentes de este diluvio sin fin, que seguramente se repetirá por el cambio climático, obliga al país a ponerse serio en este tema. Ya no se puede postergar una solución permanente, que ataque la raíz del problema. Para eso es que necesitamos un acuerdo político, un compromiso de todos. Porque no será fácil. 

Pero hay una salida que facilitaría enormemente la reubicación: el ingeniero Carlos Monzón ha identificado en todos los valles los lugares cercanos a las zonas pobladas vulnerables donde podrían ser trasladadas todas esas familias, a pequeñas ciudades con todos sus servicios. De esa manera mejoramos calidad de vida, liberamos los cauces, los afianzamos y no tenemos que reconstruir cada vez. Una solución para siempre.

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