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En el Año Internacional de Acercamiento de las Culturas

Irina Bokova. Directora general de la Unesco

El mundo en el que vivimos lleva cada vez más el sello de una interdependencia creciente en todos los aspectos del quehacer humano. La mezcla de nuestras sociedades que de ella se deriva ofrece nuevas oportunidades de estrechar los vínculos entre los pueblos, las naciones y las culturas, a escala planetaria. Al mismo tiempo, con la mundialización han aumentado en los últimos años la incomprensión y la desconfianza. La crisis económica, medioambiental y también ética intensifica aún más ese sentimiento de inseguridad y de recelo. Ante esa evidencia, he propuesto una nueva visión, universal, abierta a toda la comunidad humana, a la que di el nombre de “nuevo humanismo”. Estoy convencida de que la Unesco posee todos los medios para lograr aportar una respuesta humanista a la mundialización y a la crisis. En respuesta al sentimiento de vulnerabilidad que se insinúa en todos los niveles, se impone en efecto la necesidad de inventar nuevas modalidades de acción para salvaguardar la cohesión social y preservar la paz. Con plena conciencia de cuán urgente resulta esta tarea, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 2010 Año Internacional de Acercamiento de las Culturas y designó a la Unesco organismo rector de la celebración de este año, habida cuenta de su experiencia de más de 60 años de labor en pro "del conocimiento y de la comprensión mutua entre las naciones". Las culturas abarcan no solo las artes y las letras, sino también los modos de vida, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. En esta era de mundialización, caracterizada por la aceleración de los intercambios y una complejidad acrecentada, la protección y promoción de esa rica diversidad plantea múltiples desafíos. Ciertamente, la cultura como tal no figura entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, omisión que considero lamentable. Pero los vínculos que la unen al desarrollo son tan sólidos, que este no puede prescindir de la cultura. Tengo la firme intención de demostrar, mediante nuevas iniciativas, que esos nexos son indisociables. El objetivo de este año internacional es contribuir a que se disipen las amalgamas generadas por la ignorancia, los prejuicios y las exclusiones, que son fuente de tensiones, inseguridad, violencia y conflictos. Será menester, pues, que, promoviendo el diálogo y el conocimiento recíprocos, propiciemos el respeto por la cultura ajena y rompamos las barreras que separan a las diversas culturas. El intercambio y el diálogo entre las culturas son los mejores instrumentos para construir la paz. Se han definido cuatro ejes estratégicos de acción para este año. Se tratará de promover el conocimiento recíproco de la diversidad cultural, étnica, lingüística y religiosa, establecer un marco de valores compartidos, fomentar una educación de calidad y competencias interculturales e incitar al diálogo para el desarrollo sostenible. Con el fin de alcanzar estos objetivos, exhorto a que se movilicen todos los asociados: las comisiones nacionales para la Unesco, los organismos del sistema de las Naciones Unidas, las organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales, los embajadores de buena voluntad y los artistas para la paz, las cátedras Unesco y las escuelas asociadas, los clubes y centros Unesco, los parlamentarios, las autoridades locales, el mundo de la cultura, de las ciencias, de la educación y de los medios de comunicación, los dirigentes cívicos y las organizaciones de jóvenes, así como la sociedad civil en su conjunto, comprendido el sector privado. Gracias a estos esfuerzos mancomunados, la celebración del 2010 alcanzará amplia notoriedad y tendrá las mayores repercusiones posibles en los planos local, nacional, regional e internacional. Ante los desafíos de un mundo cada vez más intercomunicado, nuestro cometido común consiste en tender puentes sólidos y solidarios entre todas las culturas, a fin de crear una nueva ética universal de la convivencia.